18 de diciembre de 2021 21:17 PM
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¿Por qué no son creíbles las promesas de transparencia de Domínguez? Ni bien blanqueó los nuevos cupos de exportación de trigo y maíz, las cerealeras volvieron a repartirse el negocio

Julián Domínguez, el ministro de Agricultura, se esfuerza por mostrar en público que su gestión no cederá a los intereses de los grandes frigoríficos exportadores, como así tampoco será funcional a los negocios de las grandes aceiteras/cerealeras que exportan granos y subproductos. Es lo que viene sucediendo con los sucesivos gobiernos kirchneristas, pero el funcionario […]

Julián Domínguez, el ministro de Agricultura, se esfuerza por mostrar en público que su gestión no cederá a los intereses de los grandes frigoríficos exportadores, como así tampoco será funcional a los negocios de las grandes aceiteras/cerealeras que exportan granos y subproductos. Es lo que viene sucediendo con los sucesivos gobiernos kirchneristas, pero el funcionario ha dicho que él no será tan funcional a esa lógica y que defenderá a los productores. Bravo.

En el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, la política de apertura de cupos de exportación para trigo y maíz ha sido manejada hasta ahora de modo casi secreto o mediante un sistema gris que en Bichos de Campo hemos bautizado como de “cupos tácitos”: Mediante acuerdos informales con la cadena del cual no quedan mayores registros, Agricultura habilita paulatinamente los tonelajes para la exportación que las empresas del rubro toman casi de inmediato. Las grandes empresas agroexportadoras entonces actúan como manada y hasta parecían distribuirse equilibradamente los saldos exportables de cada cereal, como para que no queden heridos entre ellas.

Las víctimas de este esquema de regulación, según denuncian las entidades rurales, son los productores, ya que el  mercado local pierde la posibilidad de una puja entre oferta y demanda, y los precios de esos granos se suelen desacoplar de lo que sucede en el mercado internacional.

Pues bien. Domínguez, ni bien ingresó al cargo en septiembre pasado, definió que el trigo y el maíz, como la carne vacuna, serían considerados como “bienes culturales”, y por lo tanto esos mercados seguirían siendo intervenidos, de modo de controlar que las exportaciones de esos alimentos se exacerbaran, dejando desprovistos a los argentinos. Para eso las autoridades debían definir los “saldos exportables” de cada producto, para cerrar las exportaciones llegado el caso.

Era lo que sucedía hasta ahora de modo “tácito”, bajo un mecanismo que en otras latitudes sería considerado directamente como ilegal.

Ahora Domínguez quiso darle una pátina de transparencia al proceso y dispuso mediante la Resolución 276/2021 que la Subsecretaría de Mercados Agropecuarios comenzará a fijar los “volúmenes de equilibrio para cumplimentar la demanda del mercado argentino” de maíz y trigo. Los benditos saldos exportables, de ese modo, comenzarán a ser denominados de otra manera. Ahora se llaman “volúmenes de equilibrio”.

La resolución fue publicada por la mañana del viernes en el Boletín Oficial. Y varias horas después, esa dependencia de Agricultura emitió una circular, la número 6, que determinó los primeros “volúmenes de equilibrio” correspondientes a diversas campañas.

Como se ve allí, el gobierno dispuso entonces que se habilitaran exportaciones por 41,6 millones de toneladas de la campaña 2020/21 (es decir, el maíz viejo que se cosechó este año), y 25 millones de toneladas de ese mismo grano de la campaña 2021/22 (es decir el maíz nuevo que se cosechará a partir de marzo próximo).

En el caso del trigo, los “volúmenes de equilibrio” determinados por el  Ministerio (y oficializados por primera vez en esta circular), serán por ahora de 12,5 millones de toneladas para el ciclo 2021/22 (es decir el que se está cosechando este verano) y de solo 2 millones de toneladas para el ciclo 2022/23, es decir el que se cosechará a partir de noviembre de 2022, y que ni siquiera se ha sembrado.

Hasta ahora la posibilidad de exportar el trigo nuevo mediante “cupos tácitos” había deparado que las cerealeras se repartieron rápidamente las 9 millones de toneladas de DJVE (permisos de exportación) que se habían definido como saldo. Por eso la posibilidad de exportar más estaba clausurada. Ahora se añadieron 3,5 millones de toneladas.

En el caso del maíz, el cupo tácito de exportación para la campaña 2020/21 pasó hace unas semanas de 38,64 a 39,64 millones de toneladas, pero los integrantes de la cadena ya por entonces estimaban que en realidad había 41,64 millones de toneladas disponibles. Lo publicó Bichos de Campo en esta nota fechada el 16 de noviembre. Ahora, más de un mes después, es la misma cifra que curiosamente tomó el Ministerio de Agricultura para la “formalización” del nuevo volumen de equilibrio.

Ahora bien… ¿por qué muy difícil creerle a Domínguez que este nuevo mecanismo formal para definir los saldos exportables será sinónimo de mayor competencia y transparencia en el mercado? Básicamente porque las grandes cerealeras parecen seguir manejando todos los hilos a su antojo. Parecen ser finalmente ellas -y no el Estado- las que definen las existencias y las que se apoderan de los saldos exportables ni bien se conocen. Sea de modo tácito o con mayor transparencia.

El mejor ejemplo es lo que sucedió ayer mismo. A horas de la publicación de la Resolución 276 y de su correspondiente circular 6, las empresas agroexportadoras se apropiaron de buena parte de los nuevos saldos exportables definidos para trigo y maíz. La información se conoció a última hora, pues se demoró extrañamente la publicación oficial de las DJVE otorgadas diariamente.

Finalmente sucedió que entre unas pocas empresas anotaron nuevas exportaciones por 1,8 millones de toneladas del maíz. Es decir, consumieron de un plumazo casi 10% del saldo exportable de 25 millones de toneladas oficializado ayer. Se apropiaron de la corrección del saldo exportable de inmediato.

En el caso del trigo, conocidos los nuevos cupos ya no tácitos, las cerealeras anotaron en la víspera la friolera de 1,3 millones de toneladas de DJVE. Es decir, engulleron de un saque casi la tercera parte del incremento del saldo exportable, que pasó de 9 a 12,5 millones de toneladas.

Lo más curioso es que este saldo potencial de trigo de 12,5 millones de toneladas ya se conocía desde hace casi un mes atrás. Como se ve en el siguiente documento, un acta de la Mesa del Trigo tras la reunión del 23 de noviembre, ya se consideraba que ese volumen sería la base del volumen de equilibrio que se blanqueó recién ahora. Es decir que pasó un mes con los registros de DJVE cerrados y las cerealeras pudieron comprar ese cereal a precios “desacoplados” del mercado internacional. Ahora que se habilita ese mayor saldo de exportación, se apuraron para anotar.

El resumen es triste: desde hace más de un mes que ya se sabía que iba a haber 41,6 millones de toneladas de maíz como “volúmenes de equilibrio” y ni bien se habilitaron los remanentes las exportadoras se apuraron a tomarlas. En el mismo camino, ya se sabía que iba a haber 12,5 millones de toneladas de trigo como saldo de exportación y ni bien se formalizó ese saldo quedó repartido.

Fuente: Bichos de Campo

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