26 de diciembre de 2021 12:38 PM
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¿Qué peligros tiene el ensilado y cómo evaluarlos?

Muchos son los bondades y beneficios que tienen los procesos de conservación de alimentos como el ensilaje, especialmente en temporadas donde la falta de lluvias o el exceso de estas, generan problemas en la alimentación de los bovinos.

Sin embargo, no todo es color de rosa en estas alternativas de alimentación, debido a que existen unos peligros a los que poco se les ha prestado atención, pero que son determinantes en la salud de los bovinos. En un ensilado pueden darse todas las condiciones favorables para que se desarrollen microorganismos potencialmente patógenos.

Según lo mencionado en una investigación realizada por Jorge Eseberri de la Revista Frisona, existen unos peligros potenciales que puede contener el ensilado para la salud de los bovinos e incluso para la calidad higiénica de la leche y los productos obtenidos de esta.

Peligros asociados al crecimiento y metabolismo de microorganismos no deseados en cualquier etapa del proceso, desde el propio cultivo en campo (mohos y sus micotoxinas) hasta su almacenamiento, conservación y consumo.

Peligros de origen químico derivados de fermentaciones indeseadas como compuestos nitrogenados, alcoholes y sus esteres, elevadas concentraciones de ácido butírico y aminas biogenas. Habitualmente en condiciones reales de campo, en los ensilados en mal estado se pueden encontrar varios de estos agentes nocivos presente al mismo tiempo, lo que puede provocar que sus efectos negativos sean más potentes.

Por lo tanto, sus manifestaciones clínicas suelen ser de intensidad variable y síntomas inespecíficos, pero siempre muy manifestados. Por solo nombrar algunos están la reducción de la producción, la menor ingesta de raciones por rechazo, las alteraciones metabólicas y las entidades patológicas bien conocidas como clostridiosis, listeriosis, salmonelosis, etc.

En estos casos, las mastitis y el aumento de los recuentos en células somáticas en tanque son los primeros indicadores que alertan de los trastornos que están desencadenando el consumo de ensilado en mal estado.

En todo este complejo proceso que se desencadena al consumir un silo así, la inmunodepresión que se produce consecuencia del consumo de muchas de esas toxinas y compuestos químicos es la causa de la aparición de otros procesos que hasta ese momento estaban controlados por el potente sistema inmune de la vaca sana.

Por lo tanto, para valorar con precisión la calidad de las fermentaciones y las modificaciones que haya sufrido el forraje inicial durante el tiempo que ha estado sellado y evaluar el estado higiénico del frente de consumo, se dispone de dos herramientas. Por un lado, el análisis fermentativo y por otro, la valoración del nivel de estabilidad aeróbica o grado de deterioro por presencia de oxigeno.

Análisis fermentativo

Al abrir un silo, usualmente se toman muestras para conocer su calidad nutricional pero rara vez se realiza un análisis fermentativo que diga cuál es su calidad higiénica midiendo el pH, las concentraciones de ácidos organicos, alcoholes, NH3-N, aminas biógenas.

Es gracias a este análisis que se puede saber qué bacterias se han desarrollado en su interior y qué fermentación se ha producido.

Cuando la humedad del forraje, ya sea de maíz o de hierba, está entorno al 30-35%, se consigue reducir el pH hasta niveles óptimos para cada uno de estos (pH optimo del silo de maíz sobre 3.9 y el del silo de hierba sobre 4.7), lo que será suficiente para controlar el desarrollo de bacterias como clostridios, enterobacterias y listerias.

En el caso del ensilado de pasto, si la materia seca es muy baja (forraje muy húmedo), las concentraciones de ácido láctico se reducen por lo que el pH a esa humedad es superior. Lo mismo ocurre en ensilados de pasto con elevados niveles de cenizas (tierra en el forraje).

Esto es debido a que bajo esas condiciones se favorece el desarrollo de fermentaciones clostridiales, lo que da lugar a mayores concentraciones de ácido butírico, aumento del NH3-N y, por supuesto, de aminas biógenas por la degradación de parte de la proteína vegetal por esos clostridios.

En el lado opuesto, si la materia seca del forraje es elevada, es decir mayor al 45%, también se debe observar un incremento del pH, pero en este caso es debido a que las bacterias que producen el acido láctico no pueden desarrollarse con la misma intensidad al haber menos agua disponible.

Sin embargo, en esta situación, a pesar que el pH sea más elevado, las concentraciones de otros compuestos como el acido butírico y el NH3-N que indicarían fermentaciones no deseadas, pueden mantenerse en niveles bajos.

Estos ensilados con materia seca elevada pero estabilizados, tienen un elevado riesgo de sufrir pérdidas por crecimiento de levaduras y mohos cuando entran en contacto con el aire en el frente de consumo puesto que, al estar más secos, aumenta notablemente su porosidad permitiendo que el aire pueda penetrar incluso a más de 1 m de profundidad en el frente y hasta 4 metros en las zonas periféricas.

Esto quiere decir que el ensilado de hierba es susceptible de sufrir deterioro tanto por fermentaciones anómalas si está muy húmedo o contiene mucha tierra, así como por falta de estabilidad aeróbica si esta excesivamente seco, mientras que el ensilado de maíz, dada su mayor facilidad para alcanzar niveles de pH más bajos, está más expuesto a sufrir un deterioro aeróbico cuando es muy seco o hay un mal manejo del frente de consumo. Ambas situaciones son potencialmente peligrosas para la salud de la vaca.

En la investigación mencionan que, desde el punto de vista de calidad de leche, las consecuencias del consumo de un ensilado de hierba mal fermentado son casi inmediatas, tal y como se ve en la práctica diaria. A continuación, están algunas hipótesis del origen de dichos trastornos:

– Se desconoce las rutas de transmisión que siguen esos microorganismos patógenos y sus toxinas al ser ingeridos con la ración hasta llegar a la ubre. Lo que si se tiene claro es que las vacas excretarán con sus heces una mayor cantidad de bacterias que contaminarán las camas alcanzando la ubre de ultimo lugar, por lo que se aumenta la presión de infección mamaria.

– El efecto inmunosupresor de muchos de estos compuestos hará que cuando una bacteria patógena consiga penetrar en la glándula mamaria superando la barrera física del esfinter, no habrá una respuesta inmunitaria eficiente y proporcionada que la reduzca y elimine, por lo que se pueden encontrar con un aumento en el número de nuevas infecciones y reactivación de otras muchas que estaban en estado latente.

– En el ensilado donde se han dado fermentaciones clostridiales hay una elevada concentración de acido butírico que, además de provocar que las vacas rechacen el consumo de esta ración, también produce cetosis, lo que empeoraría una situación de balance energético negativo en animales en inicio de lactación.

Valoración del nivel de estabilidad aeróbica

Los cambios que se pueden producir en el ensilado al entrar en contacto con el aire durante la fase de avance del frente de consumo son tan importantes como los que se producen durante la primera etapa del sellado y fermentación desde el punto de vista de preservar los nutrientes y mantener las buenas condiciones higiénicas del silo.

Cuando hay oxigeno disponible en el ensilado, ya sea en la masa o en la frente de consumo, las levaduras son los primeros microorganismos en desarrollarse, generando calor y elevando el pH. Si estas condiciones se mantienen a tiempo, comienza a desarrollarse otros microorganismos como bacilus y otras bacterias aeróbicas para que finalmente aparezcan los mohos.

Cuando se presenta esta situación, el metabolismo de estos organismos generará CO2, agua disponible, aumento del pH y calor hasta el punto que se puedan alcanzar los 55ºC con unas pérdidas del valor nutricional en estos casos, de más del 75%.

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