7 de diciembre de 2009 07:40 AM
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Bioceres levanta un laboratorio de u$s 3,5 millones en Rosario

La compañía, nacida en 2001 para investigar en biotecnología, ya está desarrollando genética contra sequía, salinidad y promotores. Lleva invertidos en patentes más de u$s 200.000.

Bioceres, la primera compañía de inversión en biotecnología del país, fue creada en 2001 por 23 socios que reunieron $ 13.800, lo mínimo indispensable para crear una sociedad anónima. Hoy, devenido holding y con más de 200 accionistas de los que ninguno supera el 3% del paquete, acaba de comprarle al laboratorio argentino Biosidus la mitad que no controlaba de Indear (Instituto de Agrobiotecnología Rosario), por un monto que no quiere revelar. Para este laboratorio, está terminando una plataforma de 4.000 metros cuadrados con 1.000 con alta tecnología, que se inaugurará en el primer cuatrimestre de 2010, en Rosario. La planta cuenta con invernáculos, cámara de cría y aparatología de última generación, y está siendo construida bajo normas de seguridad internacionales, con una inversión de más de u$s 3,5 millones, según le dijo a El Cronista Mariana Giacobbe, gerente general de Bioceres.Sin embargo, ser dueño de un laboratorio no estaba en los proyectos iniciales de Bioceres. Una de las ideas fuerza de esta empresa es la de trabajo en red, una noción que no considera tan importante la propiedad de algo como el acceso a ello, por ejemplo, mediante acuerdos de licencias cruzadas o servicios. “El negocio en que estamos sostiene que el valor no está en los ladrillos, sino en el conocimiento: nos genera valor trabajar en forma conjunta. En estos proyectos, si uno quiere hacer todo solo, está perdido”, sostiene Giacobbe. Una concepción similar a la que guía a los pooles de siembra, que no precisan ser dueños ni de una hectárea para ser los mayores productores de granos del país.Sin embargo, respecto del laboratorio, la teoría se apartó de la práctica. “Nos hemos equivocado muchas veces y hemos aprendido. Capitalizamos los errores de los primeros vínculos público-privados. Tuvimos dificultades edilicias, de equipamiento, como que se cortara el aire acondicionado y se murieran de calor todas las plantas” con las que probaban la genética, contó GiacobbeLa sociedad anónima junto con Biosidus que dio origen a Indear, que ahora es 100% de Bioceres, surgió de ese aprendizaje. Otro error capitalizado fue creer que era más fácil introducir un gen nuevo en la soja, pero no. “Decidimos tener nuestro propio equipo y mandarlos a estudiar a Estados Unidos”, dijo la ejecutiva. En tramitación de patentes, con traducciones y honorarios incluidos en varios países, llevan invertidos más de u$s 200.000. “Es muy costoso inicialmente y hay muchos riesgos, pero el mercado es mundial”, explicó Giacobbe.Hoy, Bioceres es dueña de una compañía de semillas homónima. Tiene dos patentes compartidas con la Universidad del Litoral y el Conicet, un gen para acortamiento de ciclo de cultivo y otro para promotores, y la licencia de uso exclusiva del Hahb-4, un gen con tolerancia a sequía y salinidad, patentado por esas instituciones. “Tomamos el desarrollo inicial, sacado del girasol, lo financiamos dos años, lo probamos, se introdujo en trigo, maíz y soja, y ahora acabamos de hacer una licencia con (la semillera india) Advanta para desarrollar sorgo, arroz, algodón, colza y mostaza”.

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