17 de enero de 2022 10:36 AM
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SPRINT es una iniciativa internacional que evalúa el impacto de los agroquímicos en la vida cotidiana: Porque hasta la “mila” de soja podría tener restos de glifosato

A fines de 2020 se lanzó una iniciativa internacional con el objetivo de evaluar el impacto de los agroquímicos en la salud humana y ambiental, de la que localmente participa el INTA. Esta iniciativa, por sus siglas en inglés, se denomina SPRINT y su concepto es Transición Sostenible de Protección Vegetal; Un Enfoque de Salud […]

A fines de 2020 se lanzó una iniciativa internacional con el objetivo de evaluar el impacto de los agroquímicos en la salud humana y ambiental, de la que localmente participa el INTA. Esta iniciativa, por sus siglas en inglés, se denomina SPRINT y su concepto es Transición Sostenible de Protección Vegetal; Un Enfoque de Salud Global.

Uno de los puntos clave de SPRINT es entender algunos efectos de la “exposición crónica a plaguicidas”, porque mucho se habla -y en especial en Argentina- sobre la “exposición aguda” a los plaguicidas pero existen evidencias concretas sobre los efectos de estar expuesto en forma prolongada a muy bajas dosis. Por ejemplo, recientemente se descubrió que las bajas concentraciones de glifosato son dañinas para muchas bacterias beneficiosas del sistema intestinal humano, lo cual indica que los niveles máximos de glifosato permitidos en alimentos deben reducirse para prevenir o al menos minimizar el daño.

“En Argentina, además, varios equipos de investigación han generado información sobre la presencia de residuos de plaguicidas en el agua de consumo humano”, explica Virginia Aparicio, ingeniera agrónoma, doctora en Ciencias Agrarias, investigadora de INTA y de CONICET.

“Hemos observado que en un vaso de agua puede haber entre 2 y más de 10 residuos de plaguicidas que se incorporan a la dieta de las personas. El comportamiento ambiental de los plaguicidas está regido principalmente por las características propias de los principios activos pero la frecuencia de uso y las dosis aplicadas a campo también juegan un rol importante a la hora de definir la presencia de un compuesto y su concentración”.

La decisión del INTA de formar parte de SPRINT está vinculada a este concepto de “salud global” que reúne a diferentes especialistas interesados en clarificar el riesgo que implican las decisiones de manejo agropecuario en la producción de fibras, granos y alimentos. “El INTA es una institución clave en esta propuesta y cuenta con profesionales reconocidos a nivel mundial que comparten estos intereses científicos y tecnológicos”, explica Aparicio y agrega que se ha firmado un acuerdo de trabajo por un periodo de 5 años, que va de 2020 hasta 2025.

Con respecto al trabajo con los productores, la especialista detalla que en cada establecimiento participante del programa se tomaron muestras de suelo, agua, sedimentos, granos, pasturas y animales (peces, ganado bovino para leche, ganado bovino para carne, heces de murciélagos, lombrices, entre otras) y, a todos las personas invitadas (productor, vecino y consumidor de alimentos) se les extrajo sangre, se les solicitó una muestra de heces, orina, un hisopado nasal y portaron una pulsera para evaluar su exposición a plaguicidas durante 7 días. El muestreo se realizó durante 12 días, en el periodo de mayores aplicaciones en cada uno de los estudios de caso. Los análisis de muestras se centralizarán en los mismos laboratorios de manera de tener las mismas condiciones analíticas.

“Actualmente estamos enviando las muestras a cada laboratorio del consorcio y mientras se realizan los análisis químicos -para hacer la devolución a cada persona voluntaria participante- nos abocamos a invitar a diferentes actores del proceso productivo y de comercialización agropecuaria a participar de la Plataforma de Partes Interesadas, para lo cual  solicitamos que exploren el enlace”, explica Aparicio. “La idea es ir hacia una producción agropecuaria con menor carga de productos químicos, por lo que la gobernanza, las empresas de insumos, los productores, las cadenas de comercialización de alimentos, los vecinos y consumidores son partes indiscutibles de ese proceso”.

El proyecto SPRINT está organizado en 10 grupos de trabajo que toman información de 11 estudios de caso en los que se estudiará la distribución de plaguicidas en el ambiente, las plantas, los animales y el hombre. En cada caso se generará información sobre la presencia y distribución de plaguicidas y sobre las mezclas de moléculas químicas más frecuentes.

En los primeros meses de 2022 se realizará el primer taller de partes interesadas en cada uno de los países participantes y a nivel global ya se llevó a cabo un primer taller con la participación de personas vinculadas a las empresas productoras de agroquímicos, productores, generadores de políticas públicas y colegios profesionales, entre otros.

“Afortunadamente de Argentina participaron representantes de diferentes áreas en la reunión general y esperamos que muchos más lo hagan en la reunión local que próximamente realizaremos. La información que generemos en SPRINT, manteniendo el anonimato de los participantes, será de público conocimiento y pretende aportar a la construcción de una mejor forma de producir y vivir en los territorios”.

-Dado que el objetivo es evaluar el impacto de los agroquímicos en la salud humana y ambiental, ¿se considera que los agroquímicos llegan a los alimentos? Por ejemplo: en la milanesa de soja que consumo, ¿puede haber glifosato?

-Si la soja de su milanesa es genéticamente modificada y tolerante a plaguicidas, sí puede tener glifosato.

-Ohhh… Pero hasta ahora siempre se ha dicho que no, que el glifo no llegaba al alimento…

-Las plantas tienen un rol único entre los organismos vivos: son las iniciadoras de la cadena alimentaria en la tierra. por lo tanto cualquier alteración en el ambiente de crecimiento de la planta podría tener un impacto potencial en los consumidores herbívoros y humanos. Así, la presencia de plaguicidas en suelo que puedan ser absorbidos por las plantas comestibles es un tema de preocupación tal como lo expresa el Programa Internacional de Seguridad de las Sustancias Químicas de la OMS (FAO, 2019). Existen evidencias científicas sobre la absorción por las raíces y luego su transporte a otras partes de la planta, de residuos de plaguicidas liberados desde el suelo.

-¿Y qué pasa entonces con las hortalizas y frutas?

-En un informe reciente de SENASA se detectaron 80 plaguicidas en frutas y verduras en todo el país y, en muchos casos, los valores están por encima de los Límites Máximos de Residuos. SENASA admitió que “la evaluación de sinergia o efectos acumulativos de residuos no es formalmente realizada”. Los residuos de plaguicidas permanecen en casi todos los productos alimenticios, como resultado de la aplicación antes de la cosecha o en poscosecha. En nuestro país, se cultivan anualmente unas 700.000 hectáreas de hortalizas, de las cuales el 90% es destinado al mercado en fresco y el resto se industrializa y/o exporta.

-Este es un tema muy delicado en Argentina. ¿Cómo fue recibida esta iniciativa en el sector agropecuario que usa agroquímicos?

-En mi experiencia, todos estamos interesados en que se investiguen estos temas considerados ‘’delicados’’. Si partimos de pensar en esa apreciación (temas ‘’delicados’’) es porque importan por diferentes motivos y si importan hay que abordarlos, por lo que siento que vamos por buen camino.

 –Es una buena noticia…

-Es que durante mi vida laboral he aprendido que, en la privacidad de la relación productor- investigador, puede haber más o menos entusiasmo en una propuesta pero se sabe que muchos investigadores somos profesionales independientes, no tenemos conflicto de intereses con el resultado al que lleguemos y por lo tanto hacemos nuestro trabajo para beneficio de la sociedad en su conjunto. Luego, fuera de esa relación privada entre productor e investigador, hay muchos intereses en juego, mucha información a medias que puede ‘’des-informar’’, algunas ausencias que permiten que se mantenga el desorden en temas críticos como el de la salud global y que algunas veces favorece que las comunidades se enfrenten. En ese terreno, desde el ambiente científico podemos aportar el conocimiento riguroso pero está claro que la construcción debe ser colectiva, participativa y criteriosa por parte del conjunto de la sociedad.

-¿Cómo está conformado el equipo que participa en SPRINT?

-Involucra profesionales de varias ciencias (desde neurociencias y medicina, pasando por economía agraria, producción y manejo agropecuario, ciencias biológicas, ética, comunicación y políticas públicas, entre otras) con una mirada del humano como parte integrante del ambiente. Como su nombre lo indica, buscamos una Transición Sostenible de Protección Vegetal y estamos abiertos a distintas estrategias para ello; la agroecología es una de ellas pero también, por ejemplo, la aplicación de la robótica para realizar aplicaciones de plaguicidas especificas cuando sea estrictamente necesario.

-¿Cómo será la “caja de herramientas” que propone SPRINT?

-El desarrollo del proyecto tiene varias etapas y una agenda intensa durante 5 años de trabajo (2020 a 2025) que esperamos cumplir con el aporte de todos (investigadores, participantes, gobiernos, empresas, productores, etc.). La ‘’caja de herramientas’’ tendrá resultados parciales a lo largo del desarrollo del proyecto y su versión más completa, estará sobre el final.

-En su percepción, ¿SPRINT ha despertado interés?

-Más que mi percepción, lo dicen las estadísticas de visita de la página web del proyecto, que indica un alto interés por parte de los habitantes. Desde el inicio del proyecto (1/9/2020) a la fecha (14/1/2022) ocupamos el segundo país que más visita la página de SPRINT, luego de Holanda. Creo que es otro indicativo de la necesidad social de resolver este tema.

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