21 de enero de 2022 14:37 PM
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Qué tecnologías de Australia puede adoptar la Argentina

Un investigador de la Universidad de Sydney hizo una puesta a punto de las oportunidades para reducir la brecha de los sistemas locales, pastoriles y a corral. “Hay muchas herramientas nuevas con distintos objetivos, pero la caravana electrónica que se usa desde hace décadas es la columna vertebral que permite integrar todos los datos y sacarles jugo para mejorar la productividad”, afirmó Luciano González en el Congreso de AAPA.

Luciano González, argentino y profesor de la Universidad de Sydney, presentó las últimas tecnologías de la ganadería australiana que podrían adaptarse a los sistemas locales, durante el 44º Congreso Argentino de Producción Animal (AAPA). Darío Colombatto de la FAUBA- CONICET y Cristian Feldkamp de CREA moderaron la charla e hicieron preguntas estratégicas para afrontar el desafío de achicar las brechas y mejorar la productividad. Un panel con expositores de lujo que hoy reproducimos en Valor Carne.

“Australia tiene sistemas productivos parecidos a los de la Argentina, pero se aplican muchas tecnologías digitales y un punto crucial en este aspecto es el manejo de datos en cadena para poder tomar decisiones, creo que ahí está la gran oportunidad para avanzar”, afirmó González, presentado los últimos adelantos del país donde reside desde hace 15 años.

Estas innovaciones tienen distintos objetivos, desde mejorar la productividad, rentabilidad y sostenibilidad, hasta el bienestar animal y la calidad de vida en el campo. “Hoy muchos productores cuentan con un dispositivo que mide el volumen disponible en una aguada y no tienen que ir hasta allá para chequear si hay agua o no, obtienen esa información en forma remota”, ejemplificó. Y enumeró que también disponen de estaciones de pesada automática, herramientas para monitorear el movimiento de los animales, el consumo de alimentos, el crecimiento de la vegetación e incluso el impacto ambiental, todo ello con sensores estáticos ubicados en el potrero y el feedlot, así como drones y satélites.

Para el especialista, sin embargo, la cuestión fundamental es tener una visión holística del sistema productivo. “La idea es integrar todos esos datos que vienen de distintas herramientas, para tomar medidas sensibles, aplicar una práctica de manejo y volver atrás para ver la respuesta, y así ir mejorando”, planteó.

La tecnología que reúne y sostiene toda esa información es la caravana electrónica, que en Australia se usa desde hace décadas. “Es la columna vertebral de todas las otras. De hecho, los ganaderos se la colocan al animal al nacimiento y aunque se venda a otro campo, termina yendo con todas sus mediciones al frigorífico, donde se cargan los últimos datos”, aseveró.

Esta información se integra horizontalmente a lo largo de la cadena y verticalmente con otros estamentos del sector. “Un criador puede intercambiar datos con un invernador, así como con el feedlot y la industria, referidos a genética, nutrición, salud y calidad de la res, lo que a su vez ha permitido generar bases de datos gigantescas”, subrayó. Este patrimonio, que cuenta con registros de 30-40 años, es llevado por una organización público-privada, Meat & Livestock Australia, para aplicar inteligencia artificial y extraer información por encima de lo que ya tiene valor de por sí para un establecimiento.

Sacarles jugo a los datos

El profesor mostró algunos ejemplos de cómo desde la investigación se agrega valor a los datos recolectados a campo.

Empezando por la cría, una cuestión clave que impacta en la productividad es el bajo índice de destete de los sistemas más extensivos del norte de Australia, donde las pérdidas de terneros pueden llegar al 30-40% en ambientes muy rústicos con pasturas tropicales.

¿Qué hicieron para mejorar la cría? “Colocamos sensores de parto a las vacas, conectados a satélites, eso nos daba en tiempo real la identificación, el día, la hora y el lugar donde parían, para poder ir a buscarlas y estudiar el problema”, señaló, agregando que también pusieron estaciones de pesada automática para ver cómo evolucionaban. “Obviamente, si estaban lactando perdían mucho peso, en este caso bajaron de 480 a 350 kg, aún en la estación húmeda, pero si les sacábamos el ternero ganaban hasta 100 kg. Entonces, vemos cómo estos datos tienen otras aplicaciones: permiten programar la reproducción y mejorar los índices de destete”, detalló.

Otro ejemplo es el agregado de valor ambiental al peso vivo de los novillos en pastoreo, obtenido mediante balanzas de auto-pesaje, que digitalizan su identificación y el kilaje de manera instantánea. “Usamos modelos de predicción basados en el peso y la ganancia diaria, así podemos estimar cuál es el consumo de alimento diario y en función de ello la emisión de metano”, adelantó.

En el grupo de novillos estudiado en la Universidad, el peso vivo se observa en la línea negra del gráfico: durante la estación húmeda ganaron 1 kg por día, empezaron con 325 kg y en julio alcanzaron a 430-440 kg. Ahí llegó el invierno, la época seca, y los animales comenzaron a perder peso hasta enero del año siguiente. “Lo saliente es la línea roja, que es la producción acumulada de metano. Vemos que desde el 1 de julio, el animal no produjo nada, pero el consumo de forraje (de baja calidad) aumentó 122% y la emisión de metano 105%”, alertó.

Esta información también permite tomar decisiones, en este caso referidas al cuidado del ambiente. “En el mercado australiano se comienzan a ver programas de crédito de carbono, y si el ganadero demuestra que puede disminuir esas mermas de peso y por consiguiente las emisiones, podrá tener un pago asociado a prácticas amigables”, anunció.

En tal sentido, una de las claves es la suplementación de precisión para aumentar la productividad y a la vez de disminuir la emisión de metano. “Siguiendo con el ejemplo anterior, aplicamos modelos de predicción y calculamos cuánto suplemento hay que darle al animal para evitar que pierda peso. Si partimos de 200 gr por día, pero vemos que luego hay que ir aumentando, podemos programar cuándo venderlo o sacarlo del sistema”, justificó, aludiendo a que otro valor agregado es contribuir a tomar decisiones de negocio. Además, gracias a los comederos individuales, los investigadores notaron que hay animales que efectivamente comen esos 200 gr por día y otros que ni lo tocan, y eso incide en la productividad general. “Entonces uno de los desafíos es manejar el sistema para que este consumo sea más parejo”, propuso.

¿Cómo logran una suplementación uniforme en pastoreo?, preguntó Colombatto. “Ahí la dominancia y la fobia a los nuevos alimentos juegan un rol clave. Entonces, además del uso de saborizantes para que sean más atractivos, diseñamos prácticas más precisas”, respondió. “Por un lado, con la misma cantidad de comederos, en lugar de ponerlos todos en línea, los separamos en tres o cuatro tandas. Y, si el rodeo es grande, creamos subgrupos poniendo aparte aquellos animales que sufren más esas problemáticas”, pormenorizó. Esto surgió de estudios donde vieron que algunos (por más que había espacio en el comedero) no se acercaban y si lo cambiaban de grupo sí lo hacían y empezaban a comer.

Otra aplicación de los datos recogidos a campo es el consumo de suplemento en pastoreo rotativo para optimizar el aprovechamiento de lotes.

En esta imagen tomada por un dron en una zona templada, los potreros que se ven en rojo tienen poco forraje, porque ya se pastorearon y los que están en verde aún no fueron comidos. “Al juntar esos datos con el consumo de suplemento, vimos que cuando los animales están mucho tiempo en el potrero, comen cada vez más bloques de melaza y cuando se los pone en un potrero nuevo, menos”, explicó González, detallando que también usan collares con GPS para monitorear el uso del potrero.

“Registramos los recorridos del animal y vimos que utiliza bien los potreros chicos, pero en los grandes no llega al fondo, por lo tanto, dejan mucho forraje sin comer”, advirtió. También, vieron que, en la época seca, se quedan en la zona del agua y el suplemento, y en la húmeda se distribuyen mejor. “Por lo tanto, en este caso, que repito es de pastoreo rotativo-extensivo, hicimos aguadas cada 2 km, y pudimos aumentar la carga animal y la producción por hectárea”, destacó.

Por último, el investigador presentó otro ejemplo, de un feedlot de escala, donde se analizó el impacto de los tratamientos sanitarios en los resultados económicos. “La enfermedad respiratoria era el principal problema y aquel animal que recibía tres tratamientos presentaba menores ganancias diarias y daba pérdidas al gancho, no convenía engordarlo. A su vez, en la industria se observó que había algunos en los que no se detectaron síntomas en el corral, pero de cualquier modo produjeron menos”, recordó González, pormenorizando que tras la faena se vio que esos animales tenían los pulmones dañados.

“Entonces, les pusimos bolos ruminales para monitorear la temperatura corporal durante todo el ciclo de engorde, 3-4 meses, y había animales sin signos de la enfermedad, pero que presentaban picos térmicos”, explicó, detallando que el estudio demostró cómo el análisis de datos permite refinar los tratamientos y protocolos veterinarios.

Los referentes locales 

Una vez finalizada la presentación, Colombatto lanzó el primer interrogante haciéndose eco del pensamiento de los ganaderos argentinos.

“Usted cree que las tecnologías digitales bien aplicadas son útiles y fallan porque los productores no pueden transformar los datos en resultados que sean interpretados de manera rápida y sencilla?”, preguntó.

“Las adopción de tecnología siempre lleva su tiempo y en este caso en particular es difícil para un ganadero aprovecharlas. Pienso que vendrá una demanda de agrónomos y veterinarios formados en estos temas, para poder asesorarlos y tomar decisiones objetivas. Acá en Australia muchos técnicos se conectan a un feedlot con un software y saben qué está pasando en tiempo real, no necesita visitarlo para corregir algún tratamiento”, respondió.

“¿El grado de adopción?”, intervino Feldkamp. “Las caravanas electrónicas son obligatorias y tienen altísima aceptación ya que permiten contar con información para mejorar los sistemas. En los extensivos se utilizan con GPS y hay también estaciones de pesadas automáticas; y en los más intensivos del sur se aplica casi toda la batería de herramientas incluyendo drones. A la vez, todos los productores usan los datos del frigorífico para sus planes de genética, hacer cruzamientos y corregir temas de manejo”, indicó.

“¿Quién se hace cargo de los costos?”, consultó el referente de CREA. “El productor o la industria según corresponda. Luego, por supuesto, se trasladan a toda la cadena, terminan siendo compartidos, aunque en general no se traducen en un plus de precio, sino en el aumento de la productividad”, concluyó González.

Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne

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