26 de enero de 2022 11:10 AM
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Las macrogranjas en Europa: así se afronta en otros países el complejo debate sobre la ganadería industrial

La tendencia en todo el continente muestra un descenso en el número de ganaderos y un aumento en el número de reses por explotación

La polémica alrededor de las declaraciones del ministro Alberto Garzón ha puesto en primera línea el debate sobre la ganadería industrial. Aunque repetido con frecuencia en las últimas semanas, el término macrogranja no tiene una definición oficial, como tampoco existe un marco claro para distinguir entre lo que se considera ganadería intensiva y extensiva. De entrada, porque no es sólo el número de cabezas lo que marca su calificación, sino también las condiciones y el espacio. El Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes (PRTR) -creado por la Unión Europea para controlar el impacto de la ganadería industrial en el medioambiente- ofrece una de las escasas referencias al considerar como intensivas las granjas que superan un determinado tamaño: 40.000 animales para aves de corral y 2.000 para cerdos de producción (aquellos de más de 30 kg).

La falta de definiciones claras también complica la comparación entre países de nuestro entorno, aunque hay elementos comunes que emergen en todo el continente. En Europa se observa un descenso en el número de explotaciones y un aumento en el número de animales por establecimiento. “Es una tendencia general en la UE, incluida España”, explica Pablo Urivelarrea, cofundador de la consultora ambiental Tesela. “Cada año cierran miles de pequeñas explotaciones familiares en el medio rural, explotaciones que suelen ser las más sostenibles socioambientalmente, ya que se basan en el uso sostenible de los recursos del entorno y mantienen el empleo rural así como sus paisajes y costumbres”.

En Francia, una de las principales potencias agroalimentarias de la UE, el debate público trata de conciliar la protección de calidad y tradición con la competitividad económica y la soberanía alimentaria. Las encuestas reflejan un importante rechazo a las prácticas industriales: de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Opinión Pública, el 82% de los franceses está a favor de acabar con la ganadería y la cría industrial de animales para el consumo. Sin embargo, las organizaciones ecologistas estiman que hoy en Francia el 80% de cerdos y pollos viven confinados en granjas intensivas. “Las pequeñas explotaciones familiares no pueden competir económicamente con las grandes explotaciones intensivas, orientadas a la rentabilidad económica, que alimentan a sus animales con piensos, constituidos en su mayor parte por productos agrícolas de terceros países (principalmente maíz y soja)”, añade Urivelarrea.

En este contexto, el presidente Emmanuel Macron trata de encontrar un equilibrio para satisfacer a consumidores y productores. El ejecutivo francés desestimó la propuesta de la Convención Ciudadana por el Clima (que él mismo puso en marcha) que planteaba “prohibir la financiación pública de explotaciones intensivas”. En su lugar, el presidente ha anunciado inversiones por valor de 2.000 millones que se destinarán a desarrollar “alimentos sanos, sostenibles y trazables” y a acelerar la “revolución del sistema alimentario”, como parte de su plan ‘Francia 2030’.

Se da la circunstancia de que la mayoría de explotaciones intensivas francesas se encuentran en el oeste, especialmente en la región de Bretaña. En la costa bretona, en los últimos años se han producido repetidos fenómenos de mareas verdes tóxicas, que tienen “más del 90% de origen agrícola”, según un informe de las autoridades regionales. Una situación que recuerda los episodios ocurridos en el Mar Menor, cuyas mareas verdes también se han relacionado con la alta densidad de explotaciones agrícolas.

ALEMANIA Y PAÍSES BAJOS

En los Países Bajos, el debate alrededor del modelo agrícola se ha vuelto especialmente urgente. Tienen una de las mayores densidades de ganado del mundo, se estima que casi 42 millones de pollos y 11,4 millones de cerdos viven en uno de los estados con menor extensión de la UE. Esa densidad tiene un pesado coste medioambiental: según la revista Science el sector agroalimentario neerlandés es responsable de casi la mitad de la contaminación por nitrógeno en el país “y en 118 de las 162 reservas naturales neerlandesas, los depósitos de nitrógeno ya superan los umbrales de riesgo ecológico”. Es una de las razones por las que el nuevo ejecutivo ha creado un Ministerio de Naturaleza y Política de Nitrógeno, dependiente del Ministerio de Agricultura, Naturaleza y Calidad Alimentaria. Con el fin de atajar el problema, Ámsterdam ya ha anunciado su voluntad de reducir el número de animales criados en el país en un 30%.

Mientras, en Alemania los datos muestran un descenso en el número de explotaciones ganaderas y una tendencia a la concentración. Tradicionalmente una de las potencias en el sector cárnico (especialmente porcino) es el mayor productor de la UE y el segundo exportador de carne de este tipo a mercados extracomunitarios (el primero es España). No obstante, con el nuevo gobierno de coalición, la elección de un miembro de Los Verdes al Ministerio de Agricultura podría indicar un cambio de rumbo en la política agrícola. El nuevo ministro, Cem Özdemir, ha declarado que es urgente acabar con los alimentos que se venden a “precio de saldo”, ya que son el resultado de agricultura y ganadería intensivas. Aunque se trata de una cuestión espinosa en un país en el que la política agrícola está muy subvencionada.

“Actualmente estas grandes fábricas son rentables económicamente debido al contexto global, pero pueden dejar de serlo en el futuro, ya que dependen del mercado internacional de los insumos agrarios y de la energía barata para su transporte”, analiza Urivelarrea.”El problema es que, al ritmo actual de desaparición de explotaciones tradicionales, si cambia el contexto económico mundial que hace posible las macrogranjas, puede que hayamos perdido demasiadas explotaciones y nos cueste muchos años recuperarlas para poder garantizar nuestra soberanía alimentaria”.

Fuente: www.elmundo.es

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