31 de enero de 2022 11:58 AM
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“Arrozal 33 es un ícono de todo el sector arrocero uruguayo”

Álvaro Platero, gerente general de Arrozal 33 cuenta su historia como arrocero y responsable de una empresa tan importante para el rubro.

Álvaro Platero, gerente general de Arrozal 33 cuenta su historia como arrocero y responsable de una empresa tan importante para el rubro. La electrificación de la zona, la caminería generada, la mejora en los drenajes para la producción y las comunicaciones para la calidad de vida de la gente del lugar. El arroz como motor desarrollador de la zona, social y productivamente. Lo que sigue, es el sentido relato de buena parte de la historia misma del arroz en Uruguay.

-¿Cuál era la situación de Arrozal 33 cuando usted llegó?

-Yo llegué en 1984, recién casado y con un hijo. Era una empresa pujante. Los dueños eran los Sanguinetti, con Jorge Sanguinetti como timonel: un visionario. Sumamente emprendedor y exigente. Era una empresa en pleno desarrollo con un entorno que no es nada que ver al de ahora. No había energía eléctrica en el pueblito, por lo que nos manejábamos con un generador que cortaba a las 11 de la noche y retomaba al otro día a las 6 de la mañana. No teníamos teléfono. Se plantarían en ese momento cerca de 4000 hectáreas, por lo que los pedidos de repuestos y demás a Montevideo se hacían por una frecuencia autorizada de VHF. Yo me acuerdo hasta de comunicarme con mis padres por carta…

-En ese momento, si bien era un pueblito pequeño, vivían muchas familias del arroz…

-El pueblito nació con los orígenes de Arrozal en 1934 (ver recuadro).

-Tal vez hoy también hay trabajadores que viven en Vergara o mismo en Treinta y Tres…

-Claro. En aquel entonces vivían todos en el pueblito y el acceso a Vergara era complicado. Hoy la mitad vive en Vergara. La empresa promovió vía Mevir que se hicieran sus casas. Hoy en el pueblito de Arrozal hay 110 casas y vivirá la mitad de gente, tal vez unas 350 personas. 80 o 90 trabajadores viven en Vergara y viajan.

-¿Entonces usted confirma que desarrollos agropecuarios, y particularmente el arroz, lleva vida y movimiento a los lugares más postergados del país?

-Totalmente. Van a hacer 38 años que estoy acá. Las administraciones en Arrozal siempre duran cerca de 30 años (se ríe). Aquellos pioneros fundadores, Justo Aramendía y Quincke, compraron esto en 1934. A fines de los 60´o inicios de los 70´ lo adquiere la administración Sanguinetti. Jorge Sanguinetti era un empresario neto, y si bien manejaba esto a las mil maravillas no era un vocacional arrocero. Tenía otros emprendimientos que lo llevaron después a ser ministro en el primer gobierno de Sanguinetti. Luego lo adquirió Erico Ribeiro, un arrocero brasilero, emprendedor pero gran productor de arroz. Y ahora estamos al término de los 30 años de esta administración. Pasaron muchas cosas entre medio. Debido a las crisis, Arrozal 33 tuvo que vender sus tierras y quedar arrendando para seguir plantando. Esto lo pone en una situación más débil. Hay un contrato de arrendamiento que vence en 5 años. No sé que va a pasar porque depende de terceros. Por ahí pasa lo de los ciclos.

-Usted antes trabajó en lechería, ¿considera al lechero y al arrocero dos productores con mucha resiliencia?

-Sí, es así. El arrocero tiene una forma de vivir muy diferente a la de otros rubros, tiene su sello propio. Es aguerrido, es emprendedor y no renuncia. Esta empresa, así como muchas del arroz, trabajaron 5 años a pérdida en el último tiempo. ¿Quién aguanta eso? Tuvo que entrar la ganadería a solventar las cuentas del arroz. Los recursos rápidos los tiene la ganadería, porque en arroz cobrás una vez al año y no sabés el precio que tenés, pero esa revancha te la da solo este cultivo. El productor arrocero durante 5 o 6 meses acompaña el cultivo. Uno se emociona cuando germina una semilla, entonces saca fotos y las comparte o las publica. Uno se emociona cuando se inunda el cultivo y aparece el bicherío a comer. Presenciamos un amanecer y un atardecer que tenemos que agradecer, porque estamos en lo que nos gusta. El arroz es como un niño chico, precisa acompañamiento desde que nace. Hay que alimentarlo, darle agua, echarle herbicida, fungicida… Estás todo el día pensando en arroz. Si hace frío no pensás en la campera, pensás en esterilización de las flores del arroz. Si llueve o hace calor y lo mismo. Pero eso lo hacés un año, y al otro lo mismo, y al otro lo mismo… Y te conmueve. Capaz es la edad (se ríe de nuevo), pero realmente lo siento así. Es un modo de vida diferente.

-Y todo el desarrollo que trae…

-Todo. Estos campos eran chircas y pajonales, sin drenaje y con una carencia de fósforo que mancaban de la paleta al ganado. Las vacas comían pedazos de nylon o huesos solo por ver algo blanco. Hoy son campos que producen terneros y engordan novillos. Vino la electrificación para el riego, que trajo mejoras también para los vecinos. Hay caminos con balastro, antes se entraba en carro o caballo. Recuerdo un vecino que siempre agradecía diciendo “nunca pensé que el balastro iba a llegar a la puerta de mi casa” porque sus padres entraban solamente a caballo y él luego en moto y solo cuando no llovía. Este tipo de empresas mejoran todo su entorno. Hubo avances en los drenajes. Estos campos eran bañados y hoy permiten cultivos alternativos como la soja o el sorgo, que en campos mal drenados se mueren por anegamiento. No es patrimonio solamente de Arrozal 33, pero acompañó siempre ese desarrollo y generó riqueza.

-¿Qué superficie se llegó a plantar y cuántos empleados se llegaron a tener?

-Entre 2010 y 2015 llegamos a unas 9.000 hectáreas de arroz. Fue una locura gestionar eso y administrar el agua del mismo sistema. Hubo algunas crisis que llevaron a un achicamiento del área y anduvimos en 7.000 hectáreas, estando hoy de nuevo en unas 8.000 y pico. Hay el doble de área de agricultura, porque al no haber ganadería hay 14.000 hectáreas de agricultura: 8.000 de arroz y 6.000 de cultivos de secano que integran las rotaciones. Hay mucha gente que trabaja por lo que se produce acá. Al no ser dueños de las tierras, debemos tener un sistema mucho más intensivo y tener más rentabilidad. Este año estamos metiendo ganadería en invierno en puentes verdes con recría de terneros. Implica unos pesos más de renta sobre las hectáreas pero ayuda al cultivo siguiente.

-¿Y el molino?

-El molino llevaba 100 empleados más. En su momento habían 300 personas fijas. Hoy la situación del trabajo hace que tengamos empleados zafrales que se contratan para el riego o la cosecha. La empresa tuvo que cerrar el molino por crisis. En determinado momento y por una coyuntura del país, industrializar arroz le quitaba valor a la bolsa. Lo poco que tenías acá si lo procesabas perdías dinero, por eso quedaron industrias ociosas, hubo que cerrar y flaqueó todo el sector. Hoy nuevamente vemos que creció el área arrocera y mejoraron los números, con recibos casi llenos.

-¿Cómo ve el futuro de Arrozal y del arroz uruguayo?

-El sector a partir de 2019 fue cambiando. Primero logró un empate y el año pasado fue rendimiento histórico para el sector y Arrozal se revirtió. Hoy el arroz no vale lo mismo que el año pasado y los costos son más altos. Hay una ecuación de ganancia pero el margen no es tan grande. La realidad es que tenemos un contrato a término y además no tenemos industria, ya que entregamos todo a Saman que ayudó bastante a la persistencia de Arrozal 33, pero tenemos menos grados de libertad. Si las administraciones duran 30 años, volvemos a estar ahí… Voy a hacer mi mayor esfuerzo por que esto siga, es una obligación de uno cuidar esto y que se perpetúe en el tiempo la empresa. Arrozal 33 es un ícono del sector arrocero. Tengo un gran sentido de pertenencia por el que quiero y cuido esto para que sea sustentable y genere riqueza, donde la empresa gane y reparta dinero. Hay cosas que escapan a nuestro poder, pero vamos a hacer el mayor de los esfuerzos para que esto se prolongue en el tiempo, ya que llevamos 88 años plantando las mismas tierras y bien manejado es sustentable.

Pioneros en Investigación y muchos especialistas

-Arrozal 33 siempre fue pionera.

-Arrozal 33 siempre estaba al frente. Acá se hicieron las primeras praderas sobre rastrojo de arroz con Carlos Mas. Arrozal cedía a la Estación Experimental del Este, que dependía del MGAP, un campo para investigar. Allí se probaban praderas y cultivos alternativos. Había un cuerpo técnico con el que te sentías muy bien, integrando un gran equipo. Estaban el “Gordo” Varela, Gonzalo Gamarra, Julio Méndez, Ariel Etcheverry y yo. Apareció el laboreo de verano en la década del 70´, se importaron las primeras Land Planes en conjunto con otros empresarios y se empujó la siembra directa que era una utopía. Aparecieron los glifosatos de otoño, con el Ing. Hernán Zorrilla y el “Ruso” Chebataroff. Hay que ser corajudo para tener 6.000 hectáreas de secano en toda el área de Arrozal, que son 18.000 hectáreas, quitando las partes que son solo ganaderas. El “Ruso” pasó los últimos años de su vida como investigador privado en Arrozal, donde tenía su campo experimental y recibíamos su aporte, sacando variedades nuevas que teníamos aquí. Hay una gran colaboración del INIA también, entonces no es patrimonio solo de Arrozal 33 sino de todo el sector arrocero.

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El plano de Arrozal 33 en el año 1934

Una empresa que necesitó un pueblo para su gente

El pueblito nació con los orígenes de Arrozal en 1934, con otros visionarios de la producción arrocera. La toma de agua está en el mismo lugar donde se puso inicialmente y la mayor parte del trazado de los canales se hicieron a pala de buey, donde trabajaban 300 personas para hacer un canal de un levante a otro. Es una historia maravillosa. En ese entonces era un pueblito más grande, vivía mas gente, tal vez unas 600 o 700 personas. El camino de acceso se cerraba los días de lluvia con un candado en el molino que impedía la pasada. Quedabas aislado. Ni que hablar si se te enfermaba un niño y tenías que salir. No existía la ruta 18, entonces caía un poco de agua y se cortaba. Hoy hay caminos públicos, internet, mejores viviendas.

Fuente: El Pais

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