7 de diciembre de 2009 15:08 PM
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El proyecto viñatero más secreto de Chile

El millonario noruego-uruguayo Alexander Vik eligió un campo en Millahue, valle del Cachapoal, contiguo a Apalta, para -a partir de cero- cumplir su sueño de tener una viña propia. Vik describe aquí su proyecto que pretende producir, a partir de 2011, uno de los mejores vinos del mundo.

La media docena de veces que Alexander Vik viene a Chile cada año, realiza el mismo ritual. Cada mañana se pone tenida deportiva y sale a trotar por su fundo en  Millahue. En el campo que compró en septiembre de 2006, las sendas no le faltan; está a los pies de los cerros Los Mineros, del Medio y La Higuera, rodeado de un frondoso bosque nativo.
En medio de esas carreras matutinas, Vik ha sido testigo del cambio del paisaje en el fundo. Donde hace tres años había potreros cerealeros y arbustos, hoy pulula un ejército de trabajadores. En la pendiente de los cerros algunos plantan parras de cabernet sauvignon, carmenere y cabernet franc; otros manejan maquinarias para abrir caminos; un equipo levanta una pirca a la entrada del fundo.
El movimiento de las 300 personas que trabajan allí es incesante. La idea de Alexander Vik de tener su propia viña toma forma a pasos agigantados. Pero no se trata de cualquier proyecto vitivinícola. Hombre acostumbrado a pensar en grande, su apuesta es producir uno de los mejores vinos del mundo en ese rincón del valle de Cachapoal. Y las primeras botellas  de Viña Vik saldrán en 2011.
Y Vik no se anda con chicas. En 2000, la revista Forbes lo ubicó, junto a sus hermanos Gustav y Erik, en el lugar 160 de las personas más ricas del mundo. Su fortuna se basa en fondos de inversión en bienes raíces en EE.UU. y Europa y en empresas de internet.
"Me gustan los premier grand cru, son extraordinarios. Sin embargo, creo que les haría bien más expresión de fruta, pero con elegancia. Por lo menos así me gustan los vinos. Creo que esa fruta se puede lograr en Millahue", afirma Alexander Vik.
Con cerca de US$ 20 millones en inversión, el proyecto ha sido manejado con un bajísimo perfil a la espera de tener la primera vendimia en las barricas.
De hecho, hasta ahora el proyecto es uno de los secretos mejor guardados de la industria viñatera chilena.
 Con la seguridad de que sus expectativas van por el camino correcto, Alexander Vik accedió a contar su proyecto en exclusiva a Revista del Campo.
Ciudadano global
Con 54 años, Alexander Vik es el prototipo de un ciudadano globalizado. Hijo de un empresario noruego y de la hija de un ex embajador de Uruguay en ese país nórdico, Vik se crió en Suecia. Eso sí, en la adolescencia partió con su familia a las islas Canarias, España, donde su padre formó parte de la generación de empresarios que gestó el boom turístico de ese archipiélago, a través de inversiones inmobiliarias y hoteleras.
De España Vik saltó a la Universidad de Harvard para estudiar Economía, interesado por vivir en Estados Unidos y practicar golf -deporte en el que ganó varios torneos europeos a mediados de los 70- en el equipo de esa casa de estudios.
Entre sus amigos de esa época se recuerda que en ese entonces Vik ya exhibía un fuerte espíritu competitivo.
De la universidad salió directo a trabajar en la fenecida Lehman Brothers, como banquero de inversiones en Nueva York. Allí se dio cuenta que lo suyo era ser empresario y formó una corredora de acciones, a la que seguiría una firma de seguros y de bienes raíces.
Hombre amante del riesgo calculado, en los 90 Vik vio en las nuevas empresas de internet una oportunidad de negocio. Fundó Xcelera, para  comprar pequeñas firmas. A comienzos de esta década, en pleno boom de las puntocom, Xcelera llegó a una capitalización de US$ 3,9 mil millones.
Mientras tanto, él comenzó a dividir su tiempo entre sus residencias en Mónaco y Estados Unidos.
En 2006  se ganó los titulares de la prensa económica internacional, al comprar el 4% del conglomerado francés Vivendi -propietario de Canal+ y de Universal Music, además de empresas de telecomunicaciones- y anunció su intención de controlar el holding, entonces con una capitalización cercana a los 50 mil millones de euros. Fracasada la operación, Vik decidió vender sus acciones de Vivendi.
operación rastrillo
Pero la cabeza de Alexander Vik no estaba sólo preocupada de meganegocios. Por casi una década le había dado vueltas a la idea de tener su propia viña.
 "El vino es una de las cosas buenas de la vida y creo que en Sudamérica está su futuro. Por eso me interesó hacer un proyecto para buscar el mejor terroir acá", sentencia Vik.
 Mientras comenzaba a estrechar su relación con Sudamérica -recientemente inauguró  una estancia-hotel boutique en José Ignacio, las zona más top de Punta del Este, Uruguay- decidió acelerar su proyecto de la viña propia. 
Patrick Baugier, amigo y negociante de vinos franceses en Estados Unidos, le recomendó contactar al enólogo chileno-francés Patrick Valette para que lo apoyara en su búsqueda. Él había desarrollado una carrera como asesor de viñas en Francia, Uruguay y Chile. En marzo de 2005, Vik le encomendó a Valette buscar en Argentina, Chile y Uruguay lugares para hacer un proyecto viñatero de alta calidad.
El enólogo inició junto a Gonzague de Lambert, su colaborador, una verdadera operación rastrillo a ambos lados de la Cordillera de los Andes, incluso investigando viñas ya en marcha; sin embargo, Vik optó por empezar un proyecto desde cero.
"Aunque es bueno comprar una empresa y mejorarla, lo más divertido de ser empresario es crear cosas nuevas. Es un desafío, porque, normalmente, los nuevos proyectos fracasan. Pero en la vida las cosas difíciles son las interesantes", explica Alexander Vik.
Finalmente, las opciones se restringieron a sólo una: el campo de Millahue ubicado en una esquina del valle de Cachapoal, cerca de San Vicente de Tagua Tagua.
¿Qué los hizo optar por ese campo? El clima jugó una parte importante, pues el viento costero que se cuela en el valle asegura una madurez pausada de las bayas permitiendo la elegancia que buscaba Vik. Otro punto importante es la gran cantidad de lomajes, lo que permite jugar con diferentes pendientes y exposiciones de los viñedos.
Alexander Vik agrega que también influyó en su llegada a Millahue los buenos vinos que logran en Apalta, que se encuentra al otro lado de los cerros que rodean al fundo.
La compra del fundo finalmente se concretó en septiembre de 2006.
Sin embargo, una cosa es decir que se busca la calidad -todavía no ha nacido el viñatero que diga lo contrario- y otra mucho más compleja es levantar un proyecto cuyo norte sea ese. La diferencia está tanto en los montos invertidos como en el esfuerzo diario que se le dedique.
En estos más de tres años se han plantado 271 hectáreas. Para conocer el terreno donde iban a plantar se hicieron entre dos y seis calicatas por hectárea. Así se llegó a la decisión de dividir las plantaciones en 220 cuarteles diferentes -algunos tan pequeños como 0,2 hectáreas- dependiendo tanto del suelo,  subsuelo y de la exposición. Cada uno de esos subsectores es trabajado en forma independiente. De hecho, se usan seis tipos distintos de portainjertos dependiendo del tipo de subsuelo.
A diferencia de la mayoría de los viñedos modernos en Chile, el campo fue plantado en alta densidad, con 7.518 plantas por hectárea en el plano, y 8.600 plantas en las laderas de cerro. Lo normal en el país son plantaciones de entre 3.000 y 4.000 plantas por hectárea, pues eso permite el espacio entre hileras necesario para que un tractor ingrese a hacer sus labores.
Valette explica que su opción por la alta densidad se debe a que así se produce un stress hídrico natural en las parras, lo que permite racimos más pequeños y uvas más concentradas. Ese objetivo también explica su opción por apuntar a una viticultura de secano; es decir, con agua proveniente sólo de las lluvias.
Esas opciones implican costos bastante más altos que un proyecto viñatero típico en Chile. Importar un tractor Bobard -en Vik tienen tres de los cuatro que hay en el país-, con una estructura estrecha y alta, que permite pasar por arriba de las hileras y trabajar en alta densidad, cuesta US$ 140 mil, el doble que uno normal. 
"Cada tipo de objetivo en el vino tiene su propia estrategia. Para optar por la alta calidad hay que apuntar a la perfección", afirma Valette.
El resultado inicial ya está a la vista. En 2009 hicieron su primera vendimia. Una parte de las uvas fue a las barricas que descansan en la bodega de la viña y otra se vendió a otras viñas.
Sin ninguna vendimia anterior, pero con el aval de su método de trabajo, la viña Vik logró vender 60 toneladas de uva a un dólar el kilo, uno de los precios más altos de Chile. Para la próxima vendimia la viña proyecta vender diez veces el volumen de 2009 y al mismo precio.
En tanto, el vino que está hace pocos meses en las barricas de la misma viña -una mezcla que incluye 63% de carmenere, 37% de cabernet sauvignon- muestra un frescor y elegancia notable.
"En base a nuestro conocimiento hemos hecho todo correctamente y no dudamos en invertir en el largo plazo. La gente responsable de la viña tiene confianza de que vamos a producir un vino excelente y no hay nada en las catas que hemos realizado que me haga dudar de cumplir esa meta", concluye Alexander Vik. Futuro esplendor Con más de dos décadas como inversionista global, Alexander Vik tiene una opinión clara sobre el panorama económico. "Vivimos las consecuencias de que los gobiernos, empezando por Japón y EE.UU., siguieran una política sumamente expansiva con bajos intereses. La crisis es una corrección de ese sobreendeudamiento. Los problemas económicos van a durar un par de años en Occidente y Japón. Sudamérica está en una situación privilegiada por sus bajas deudas. Sin embargo, soy muy optimista respecto del futuro de la economía mundial. La generación de conocimiento se está acelerando gracias a internet. Hoy puedes acceder a la misma información en Nueva York y Millahue".

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