7 de diciembre de 2009 15:27 PM
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El papel de los protozoos en la diarrea de terneros

La diarrea infecciosa es una de las principales causas de enfermedad y mortalidad entre terneros

Tanto en neonatales como en aquellos de más de un mes de vida, los protozoos gastrointestinales son patógenos primarios que pueden causar diarrea y dar lugar a graves síntomas clínicos y pérdidas económicas sustanciales.

Un diagnóstico correcto de la infección y el subsecuente tratamiento pueden conducir a una mejora significativa en la cría de los terneros. A partir del mes de vida, los terneros criados en intensivo pueden sufrir infección por Eimeria bovis o E. zuernii y por Giardia duodenalis, lo que les provoca diarreas y menores crecimientos.

Diarreas neonatales

El síndrome de diarrea neonatal en terneros es una enfermedad multifactorial causada por una extensa variedad de patógenos entéricos. C. parvum está considerado como el microorganismo entérico más importante en esta fase. En un estudio reciente, se detectó en un 44% de las heces de terneros diarreicos en Irlanda, en el 52% en España y Alemania, en el 62% en Bélgica y en el 68% en Francia.

Otros patogenos como los rotavirus, los coronavirus y Escherichia coli suelen aislarse con menor frecuencia, posiblemente debido a los programas vacunales. Las infecciones concurrentes con dos o más agentes ocurren con frecuencia bajo condiciones de campo. Tras la ingestión oral de ooquistes por parte de los terneros, los esporozoítos infectan las células epiteliales e inician el desarrollo asexual, sobre todo, en el intestino delgado y, esporádicamente, en el intestino grueso.

La infección da lugar a atrofia villosa que provoca una diarrea acuosa profusa, sobre todo en terneros de entre 5 y 30 días de vida (figura 1). La diarrea suele ser autolimitante, pero puede dar lugar, sin embargo, a una infección crónica o fatal. Aunque los síntomas clínicos no son específicos y pueden variar considerablemente dependiendo de el estadio inmunológico y nutricional del hospedador, puede sospecharse de criptosporidiosis basándose en una combinación de síntomas y una posible anamnesis de infección por Cryptosporidium en la granja.

Sin embargo, el diagnóstico tiene que confirmarse por examen del material fecal del hospedador. Las técnicas coproscópicas clásicas incluyen la detección microscópica de ooquistes bien en muestras nativas o teñidas. Tanto la tinción de Ziehl-Nielsen como la de carbofucsina (figura 2) son técnicas relativamente baratas, pero requieren el trabajo de técnicos especialistas.

Los métodos inmunológicos como la inmunofluorescencia (IFA) y el ELISA detectan antígenos de los ooquistes en las heces y parecen ser más sensibles y específicas que la microscopía. Aunque los ensayos inmunológicos se desarrollaron originalmente para su uso en muestras humanas y no han sido evaluados correctamente para su aplicación en muestras de bovinos, datos recientes han confirmado una mayor sensiblidad y, especialmente, especificidad del ELISA y la inmunofluorescencia repecto a la técnica de carbofucsina.

La necesidad de equipo y personal especializados limitan el uso de técnicas inmunológicas a laboratorios especializados, lo que incrementa de forma considerable los costes. Recientemente, se ha evaluado una prueba inmunocromatográfica (dip-stick, figura 3), que ha sido considerada como una buena y práctica alternativa para el diagnóstico de la criptosporidiosis clínica.

El diagnóstico inmunoserológico es poco apropiado, ya que un incremento en el título de anticuerpos específicos sólo puede detectarse tras la fase clínica de la infección. Ya que los quistes de C. parvum son infectivos inmediatamente después de su excreción, las medidas de control deben tener como objetivo reducir o prevenir la transmisión de los ooquistes, principalmente por medio de medidas de manejo y por el uso de protocolos de desinfección adecuados para destruir los ooquistes infectivos (ver cuadro en página siguiente).

Figura 1. La infección por protozoos da lugar a atrofia villosa que provoca una diarrea acuosa profusa, sobre todo en terneros de entre 5 y 30 días de vida.

Se ha evaluado un extenso rango de medicamentos en los animales infectados, pero sólo la halofuginona está registrada para el tratamiento preventivo de la criptosporidiosis en terneros. Cuando se administra a una dosis de 100 μg/kg de peso vivo durante siete días consecutivos, se produce un descenso significativo en la eliminación de ooquistes y en los episodios diarreicos. La halofuginona también puede utilizarse como agente curativo para reducir la excreción de ooquistes y la contaminación ambiental.

Aunque no está completamente demostrado en la prevención de síntomas clínicos y en la reducción de la excreción de ooquistes, la eficacia del tratamiento preventivo y curativo con paromomicina también se ha aprobado por varios autores. La sulfadimidina y el decoquinato son poco efectivos frente a la criptosporidiosis en terneros infectados de forma natural.

Diarreas en terneros de más de un mes de vida

Los protozoos Eimeria spp. y Giardia duodenalis son los principales patógenos responsables de la diarrea y el retraso en el crecimiento de terneros en intensivo, junto con Salmonella y la Diarrea Vírica Bovina (BVD).

Coccidiosis

Los coccidios bovinos del género Eimeria están considerados como una causa importante de diarrea y bajo crecimiento en terneros de más de un mes. La prevalencia de ooquistes de Eimeria spp. es abundante en las heces de terneros jóvenes en Europa, aunque sólo E. bovis y E. zuernii se estiman de importancia clínica. Por tanto, la identificación de estos géneros debería ser imperativa para un diagnóstico concluyente de coccidiosis. Ésta, causada por E. alabamensis, es menos frecuentemente referida, y lo es en terneros con diarrea transitoria.

Los síntomas de la coccidiosis varían no sólo con las especies de los coccidios presentes en las heces, sino también con el estatus inmune y nutricional del hospedador y la dosis infectiva. La excreción de ooquistes disminuye con la edad, posiblemente debido a la inmunidad adquirida, aunque los síntomas clínicos puedan todavía tener lugar en animales mayores, especialmente cuando la presión de infección es elevada.

Ya que no todos los géneros son patógenos y los síntomas pueden ocurrir en animales con bajo nivel de excreción, la presencia de un número elevado de ooquistes en las heces, establecido utilizando la técnica McMaster, no siempre es concluyente. No obstante, podría confirmar el diagnóstico, realizado por medio de la identificación de los ooquistes patógenos y la presencia de síntomas clínicos. Éstos incluyen pérdida o pobre ganancia de peso, capa áspera, tenesmo y diarrea, que con frecuencia es hemorrágica y mezclada con tejido intestinal.

Son el resultado del desarrollo asexual que provoca la destrucción de los enterocitos, principalmente en el intestino delgado. Los ooquistes de Eimeria spp. son, al contrario que los de C. parvum y G. duodenalis, no infectivos inmediatamente después de la excreción, sino que necesitan esporular en el medio ambiente bajo rangos de temperatura y niveles de humedad favorables, lo que podría parcialmente explicar la más elevada incidencia de la coccidiosis en terneros en intensivo que en extensivo.

Además, la coccidiosis bovina sufre más complicaciones cuando los terneros están hacinados, por lo que es considerada como un problema invernal. Así, el control y prevención de la coccidiosis en terneros es una combinación de tratamiento y manejo (ver cuadro). El tratamiento profiláctico con lasalocid añadido al reemplazante lácteo, eventualmente seguido por lasalocid o decoquinato en piensos de inicio de terneros, son medidas bien establecidas para proteger a los terneros susceptibles.

También se utilizan para el tratamiento curativo decoquinato, diclazuril y toltrazuril.

Figura 2. Ooquistes de Cryptosporidium parvum (tinción de carbofucsina).


Figura 3. Técnica “Dip-stick” para la detección de Cryptosporidium parvum.

Giardiosis

Otro protozoo importante en terneros de más de un mes es G. duodenalis. Durante los últimos 20 años, se han llevado a cabo muchos estudios que han indicado que la prevalencia de G. duodenalis en terneros jóvenes varía entre el 9 y el 73%. A pesar de la amplia incidencia de este parásito, su papel patógeno ha sido ignorado durante mucho tiempo. Datos recientes han confirmado la importancia patógena de G. duodenalis en la etiología de la diarrea en terneros criados en intensivo.

Tras la ingestión oral de quistes infecciosos, el desarrollo asexual da lugar a atrofia villosa y disminuye la actividad enzimática en el intestino delgado, lo que da lugar a la diarrea crónica, pérdida de peso y retraso en el crecimiento, aunque algunas infecciones son asintomáticas. Ya que los terneros infectados excretan un gran número de quistes infecciosos al entorno, la presión de infección puede aumentar en un corto periodo de tiempo.

La excreción es, sin embargo, intermitente, lo que puede desbaratar el diagnóstico y precisar muestreo múltiple. La microscopía para la identificación de quistes en las heces tras la tinción con yodo es muy barata y se utiliza mucho, pero es menos sensible que los test inmunológicos como el ELISA y la IFA.

Ya que tanto la IFA como el ELISA tienen una sensibilidad y especificidad superiores a las del examen microscópico se prefieren para el diagnóstico clínico de la giardiosis en terneros, aunque el equipo especializado y los costes adherentes son un serio obstáculo para el uso rutinario de ambas técnicas. Aunque son menos resistentes que los de otros protozoos como C. parvum y Eimeria spp. a las condiciones medioambientales, los quistes de Giardia pueden sobrevivir durante varias semanas fuera del hospedador.

El control de la infección por Giardia es, por tanto, una combinación de tratamiento y medidas de manejo (ver cuadro). Los benzimidazoles fenbendazol y albendazol son muy eficaces frente a Giardia en terneros cuando se administran durante tres días consecutivos a una dosis de 5-20 μg/kg de peso vivo al día. Ya que la infección suele ocurrir en terneros tratados, es necesaria la desinfección del medio ambiente.

Se recomiendan las soluciones de amonio cuaternario, aunque pueden necesitarse concentraciones elevadas. Conclusiones Las infecciones por protozoos son de gran importancia tanto en neonatos como en terneros de más edad. Un buen entendimiento de la importancia y la epidemiología de los parásitos implicados permite un diagnóstico temprano y una acción apropiada. Tanto el tratamiento preventivo como el curativo pueden minimizar las pérdidas económicas de estas infecciones parasitarias.

T. Geurden, E. Claerebout, J. Vercruysse
Laboratorio de Parasitología, Facultad de Veterinaria, Universidad de Gante (Bélgica)

Fuente:

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