11 de abril de 2022 19:27 PM
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La granja que ahora integra peces, cultivos y animales

En el predio en el que antes solo había viveros productivos con enfoque agroecológico, ahora conviven animales. Todos realizan su aporte a la producción sana de alimentos.

Cuando un proyecto crece, se nota. Lo que antes era solamente un vivero agroecológico en Cruz de Piedra, hoy es una Granja Integral. Hace un año, aproximadamente, dentro del predio había una zona en la que funcionaba una huerta y un espacio cubierto en el que había un tanque de unos 1.500 litros en el que solamente criaban truchas, bajo el sistema de acuaponia. Pero todo cambió: la huerta creció, en el tanque conviven otras especies, hay un sector en el que se hace compost, en otro humus y se sumaron los animales, cuyo aporte es importantísimo.

Al ingresar al predio, que aun en otoño se mantiene verde, los aromas agradables, gracias a las flores y a las plantas aromáticas, se entremezclan. “El circuito inicia, o al menos lo planteamos así para cuando vengan a visitarnos alumnos de diferentes escuelas, en el sistema acuapónico. La prueba de que funciona es la cosecha. Lo último que obtuvimos fue tomate, que es un tipo de verdura que necesita muchos nutrientes para poder reproducirse”, indicó Pablo Pensotti, jefe del Subprograma Autoconsumo Frutihortícola, Concientización y Capacitación.

El circuito incluye diferentes espacios, inicia en el sistema de acuaponia y termina en el invernáculo en el que hacen los plantines de la huerta.

Ahora dentro de los estanques pusieron dos pejerreyes, una carpa y cinco perquitas, que son las que se encuentran en cualquier dique. “Teníamos truchas, pero son súper territoriales y depredadoras, se comen cualquier especie como ranas y caracoles. Entonces bajo esta iniciativa que es experimental, llegamos a la conclusión de que son muy dañinas. Reconozco que son más ricas a la parrilla o al horno”, explicó Pensotti y agregó que por estos días la vida es más tranquila dentro del tanque, que mantiene la misma cantidad de agua que al inicio, salvo que ahora todos respetan su propio espacio.

El ciclo acuapónico comienza cuando los peces comen su alimento, los desechos que dejan en el agua suben a través del sistema de cañerías a nutrir a los cultivos que crecen sobre las piedras, porque hay que recordar que en esteproyecto no hay tierra. “Actualmente tenemos tres camas con tomate, acelga, frutilla, repollo, albahaca, romero, cebollitas y aromáticas. Los nutrientes que aportan los peces resultan suficientes para producir este tipo de cultivos”, cuenta Pensotti, mientras el sistema automático comienza a llenar los depósitos en los que están los cultivos.

“El nivel llega hasta cierto punto y se descarga. Cuando baja se completa el circuito y se reutiliza el agua que vuelve limpia a los peces. Es una simbiosis, todo está en constante movimiento. No hay mal olor”, afirma, y señala un sector dentro de las camas en el que ya crecieron copetes y caléndulas. “Como hacemos agroecología, dentro de este pequeño ecosistema tenemos una asociación de cultivos: hay aromáticas, hortalizas y flores”, dice.

Este sistema es demostrativo y es el primero en San Luis. “Otra diferencia que tiene, con respecto al que iniciamos hace un año, es que ahora estamos probando con tubos, que son caños de PVC de 150, por los que viaja el agua. Están acostados y tienen un espacio circular en el que se pone el cultivo. Aquí la raíz también está libre”, explica, y añade que la diferencia con los sistemas hidropónicos, es que los productores agregan nutrientes a través de un alimento que se compra y se pone en el agua: “Acá no, los nutrientes siguen siendo heces de los peces. En este sector pusimos, hace unas semanas brócoli, frutillas, acelga, repollo y lechugas”.

Pensotti afirma que si un productor interesado en producir lechuga o acelga, desea tener listos los cultivos de manera escalonada, puede hacerlo. “Por ahora estamos trabajando con 25 plantas en las camas. Tenemos un pimiento que está listo y este cultivo también requiere de muchos nutrientes como el tomate. También creció un arbolito de durazno. Este tipo de producción es más rápido porque las plantas se nutren a través de la raíz que ya está en el agua”, asegura, y agrega que “si ponemos un plantín de acelga en tierra y otro acá, en el sistema de acuaponia estará listo más rápido. Aquí se aceleran los tiempos”.

El tanque tiene mil litros y en recuperación hay 500 más. “El sistema está en constante movimiento, el 90 por ciento de agua se reutiliza, el otro porcentaje se evapora, pero hace un año que tenemos la misma. Para que no haya olores desagradables hay que mantener limpios los espacios, no hay que relajarse, porque hay que controlar”, asevera, e indica que la producción grande del predio es de hortalizas y “el valor agregado son los peces. Por cada kilo de pez tenemos entre 7 y 10 kilos de hortalizas o más”, explica.

A un costado del sistema acuapónico hay un pequeño vivero. “Acá producimos los plantines hortícolas, aromáticas y flores que llevamos a las escuelas”, explica Pensotti, y añade que de ser un vivero pasó a ser una granja integral en la que conviven los animales con las plantas.

Al salir del primer invernáculo hay un pequeño gallinero. Pensotti se da vuelta y dice: “En San Luis hay muchos campos en los que los propietarios tienen a muchos animales conviviendo. Son varias las tareas que hay que hacer. Para que en el gallinero no haya olor feo hay que limpiar diariamente, si lo hay es señal de que puede haber infección. Además de producir huevos, utilizamos el guano en la huerta”.

Decimos que la huerta es integral porque ahora tenemos el agregado de animales. “La materia fecal de las gallinas enriquece el suelo, actualmente tenemos diez. Las aves llevan una dieta de alimento especial producido por nosotros. Además salen todas las mañanas y pastorean, comen bichitos y andan por el césped. Son libres. Es lo que queremos que vean los niños. Todavía no tienen un año, pero ya ponen huevos. Tenemos pininas, ponedoras y criollas”, cuenta Pensotti.

Siguiendo el itinerario está la lombricompostera y a un costado están las camas a las que van a parar los residuos secos, como hojas, yuyos y ramas. “Seguimos con la producción del humus de lombrices californianas. Aquí se deposita materia orgánica húmeda, lo que en las casas son cáscaras de huevos, frutas y verduras con las que se puede alimentar a las lombrices. Tiene un nivel de reproducción tremenda la lombriz, con un par ya se puede empezar a trabajar”, explica, y apunta que hay dos cosas que hay que tener en cuenta: una es que los residuos húmedos se mezclan con la tierra para nutrirla y la otra es que el principal enemigo de la lombriz es el sol.

En ese momento Pensotti levanta una tapa y toma un puñado de tierra en la que se ve cómo se mueven las lombrices y caminan algunos bichos bolita. El ciclo de la producción de humus es de seis meses. “Buscamos generar gran cantidad para poder darles de comer a las gallinas y a los peces. A los chicos de las escuelas también les entregamos núcleos de lombrices”, especifica.

La zona de compostaje es donde los microorganismos descomponen silenciosamente los residuos secos. “En el área de los conejos, hacemos lo mismo, los alimentamos, hacen sus necesidades, nosotros recogemos del suelo y mezclamos con la tierra, seguimos enriqueciendo el suelo. Tenemos la asociación de animales y plantas, los conejos se comen la lechuga, la zanahoria y nos lo devuelven en guano, que va a la huerta. Así continua el ciclo. Hemos logrado que este predio se sostenga solo”, dice orgulloso el funcionario.

El camino continúa y hay que atravesar un pequeño bosque, “la idea es que a futuro este espacio se transforme en un sitio de avistamiento de aves, empezaremos a agregarle comida a los pájaros para que vengan. Los chicos que visiten esta granja tienen que entender la importancia que tienen los bosques urbanos, que son pequeños pulmones verdes que hacen bien a la biodiversidad”, afirma Pensotti.

Canta un gallo. Las gallinas y las ovejas pasean. La vaca está en su espacio, preparado especialmente. El sendero está bien marcado y para llegar hasta el fondo del predio, donde a veces sube el agua, hay que atravesar dos espacios productivos más, que en época de lluvias, se llena de agua. Allí aprovecharon para plantar ajo, repollo, brócoli, lechuga y orégano. “Hay nutrias que nos comieron algunos cultivos, pero son parte de la diversidad de la zona, así que las dejamos que hagan lo suyo”, cuenta con resignación.

Las jaulas de los conejos y las de las gallinas están trabajadas de manera rústica. Se nota que con el afán de reutilizar los recursos usaron materiales que ya tenían en el predio, una puerta vieja puede servir a la perfección para hacer una casita.

Gastón Ballesteros es el encargado de cuidar a los conejos. “Tenemos cuatro hembras y un macho, una de ellas pronto tendrá crías. Hay una coneja criolla azul y un conejo mariposa. Los pusimos juntos para que se fueran conociendo, siempre en la jaula del macho. Después ella se va a de nuevo a la suya. El ciclo reproductivo es de 28 a 30 días. Una vez que las tiene no se la molesta para nada”, explica el cuidador.

“En la cría de animales es importante llevar registro de todo: la cantidad de comida que se les da, los horarios, la cantidad de crías que tuvo, cuándo y cómo, entre otros detalles que permitan organizarles de mejor manera el ritmo de vida”, asevera Pensotti.

Antes de llegar al corral donde está la vaca, el funcionario anticipa que pronto organizarán un concurso para elegirles nombres a todos los animales de la granja.

En total el predio mide tres hectáreas que van ocupando por sectores. “La bosta de la vaca irá a parar a la huerta. La leche además de destinarla al consumo, la usaremos para hacer biopreparados”, afirma.  

Los corderos, además de sumar al abono del suelo y cumplir su rol en esta armoniosa cadena, ayudarán a mantener corto el pasto del predio.

Está todo prolijo y ordenado. Cada espacio cultivado tiene su propio sistema de riego por goteo. “El suelo solo tiene que estar húmedo, si notamos que se forma un charco es que hay un exceso y hay que cerrar, es contraproducente”, explica Pensotti, que mete la mano bajo tierra que aparentemente es seca, pero al levantar apenas un centímetro se nota que está blanda, húmeda y de un color más oscuro.

Llegando al final del recorrido hay un monte frutal, compuesto por cincuenta árboles, pero todavía hay que esperar entre unos 4 a 5 años para que den frutos y completen el ciclo.

“La agroecología se basa en la recuperación de suelos y en la asociación de cultivos. Ahora contamos con la ayuda de los animales que nos permitirán enriquecer el sistema. Hace un año este suelo era seco, duro y lleno de piedras. Ahora cambió, plantamos los árboles hicimos tazas y agregamos compost. Lo que mantiene cierto nivel de humedad son las coberturas vegetales, como el pasto que cortamos y trajimos a esta zona. Además hacemos un uso eficiente de agua, este es un punto muy importante para tener en cuenta”, concluyó.

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