24 de abril de 2022 21:44 PM
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Un estudio determinó el impacto de los agroquímicos en ejemplares de pacú

Consecuencia de la exposición a herbicidas se encontraron altera­ciones cromosómicas.

Diferentes agentes quí­micos se emplean en los sistemas productivos con la finalidad de eliminar las plagas, sin embargo mu­chas veces no se advierte que esos productos pueden alcanzar los sistemas acuá­ticos y entrar en contacto con los organismos vivos: peces, anfibios, etc; gene­rando en ellos cambios ge­néticos de distintos grados. Lo que está planteado como una hipótesis fue corrobo­rado por un estudio de in­vestigación llevado adelan­te como parte de una tesis doctoral en el Instituto de Ictiología del Nordeste por Francisco Cowper-Coles.

El estudio, que tiene como título técnico “Efec­tos del 2,4-D en Piaractus mesopotamicus a través de la frecuencia de abe­rraciones cromosómicas y el test de micronúcleos”, no es otra cosa que el aná­lisis de las consecuencias genéticas por efecto de un herbicida (2,4-D) sobre el pacú (Piaractus mesopota­micus).

El doctor Cowper-Coles afirma que el trabajo apor­tó nueva información so­bre la capacidad que tiene el herbicida evaluado para promover errores en la re­plicación del ADN del pacú produciendo distintas mu­taciones. Estas observacio­nes se dieron en concentra­ciones subletales del herbi­cida y en tiempos crónicos de exposición del pacú.

Una concentración su­bletal es la que no genera la muerte, pero tienen vi­tal importancia debido a sus posibles efectos en el material genético. Los estu­dios de otros investigadores para evaluar el potencial genotóxico del 2,4-D fue­ron realizados por un máxi­mo de hasta 96 horas con concentraciones muy supe­riores capaces de producir un efecto agudo.

El contacto continuo de los peces al 2,4-D du­rante un largo período (70 días) posibilita apreciar los efectos de larga duración (crónicos), mientras que las dosis utilizadas en este trabajo se encuentran muy por debajo de las utiliza­das en otras experiencias (subletales). La razón para la utilización de estas do­sis radica en la posibilidad de evidenciar efectos que pueda tener el 2,4-D en pe­queña dosis y un tiempo de contacto prolongado. 

¿Por qué se estudian contaminaciones en peces como el pacú? Sucede que los peces son blanco de la contaminación. Al ingerir sustancias contaminadas desarrollan alteraciones por bioacumulación, por ese motivo son utilizados como modelos centinelas para evaluar la contamina­ción en ecosistemas acuá­ticos. Indefectiblemente esa contaminación termina afectando también al ser humano.

¿Cuáles fueron las consecuencias gené­ticas visibles en los peces por acción del herbicida? Se encontra­ron alteraciones cromosó­micas como gaps, quiebras, adhesividad, edomitosis y pulverización, sin embargo, estas pueden suceder -en bajas frecuencia- en células no expuestas a agentes ge­notóxicos. De ahí que el es­tudio evaluó si existen dife­rencias significativas entre los peces tratados con el herbicida y los no tratados (tomados como control). Se encontró que los peces tra­tados con diferentes con­centraciones de herbicida se comportaron de forma diferente siendo signifi­cativas sus discrepancias. Tales diferencias se atribu­yen a posibles variaciones ambientales en los meses de ensayo en dos años di­ferentes. En el ensayo con la formulación comercial, la concentración de 10ppm mostró una respuesta sig­nificativa con su control, posiblemente se deba a las sustancias presentes en es­tas formulaciones. 

Los ensayos se realizaron con 2,4-D en formulación pura y comercial arrojando importantes conclusiones. En el trabajo se pudo apre­ciar cómo las formulacio­nes comerciales que pue­den tener otros compues­tos como subproductos de su producción industrial, tienen una mayor actividad clastogénica comparada con las formulaciones pu­ras.

Un clastógeno en biolo­gía es un agente que da lu­gar o induce a la rotura de cromosomas. Esta pertur­bación en un proceso gené­tico puede generar células con “errores” y convertirse en cancerosas.

El doctor Cowper-Coles terminó de desarrollar las razones del mayor impacto observado en las fórmulas comerciales del herbicida. “Los productos manufac­turados contienen coadyu­vantes (solventes, diluyen­tes, dispersantes, emulsio­nantes) en proporciones no muy bien conocidas que influyen en su efecto mutagénico, o dicho de otra forma en provocar errores en la reproducción del ADN del pez”, señala el investi­gador.

El estudio se destaca por­que es el primero en aplicar un diseño experimental semi-estático (70 días) en peces con contacto con el herbicida. El diseño semi-estático corresponde a los tratamientos en los que se efectúa la renovación del agua de las peceras con el fin de poder mantener las concentraciones de la droga constantes en el tiempo. Es­tas tienen mayor relevancia en los tratamientos prolon­gados donde los productos sufren una degradación. El trabajo representa el pri­mero en evaluar al 2,4-D en un tiempo de 70 días. Hay registros de otras investiga­ciones en las que para eva­luar al 2,4-D se han realiza­do con un tiempo máximo de 96 horas sin renovación del agua de las peceras (es­tático), y en concentracio­nes muy superiores. 

El herbicida utilizado en el estudio es el 2,4-D (ácido 2,4-diclorofenoxiacético); se trata de uno de los pes­ticidas sintéticos más anti­guos y su uso en el mercado data de los años 40 del siglo pasado. En la actualidad es uno de los agroquímicos más utilizados en la agri­cultura. Se encuentra den­tro del grupo de los herbici­das fenoxi o fenoxiacéticos o clorofenólicos.

El 2,4-D ha sido clasifi­cado como Clase II (mo­deradamente peligroso) y levemente y moderada­mente peligroso (Clase II y III) según la US: EPA, (1974); aunque la agencia de inves­tigación del cáncer lo cla­sificó como posible agente carcinogénico en humanos.

Las pruebas se realizaron en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universi­dad Nacional del Nordeste (Unne) en las instalaciones pertenecientes al Instituto de Ictiología del Nordeste. Primero se evaluó el 2,4-D puro (durante dos meses) y posteriormente con la for­mulación comercial por el mismo período de tiempo.

Para Cowper-Coles que­da abierta una línea de investigación en genética toxicológica. “Teniendo en cuenta la intensificación de la actividad producti­va con mayor uso de estas sustancias, el estudio de los ecosistemas acuáticos mediante los peces como biomarcadores, se torna de vital importancia para la evaluación de la contami­nación por sustancias con potencial daño en el ADN”, explicó. s

POR JUAN MONZÓN GRAMAJO

EN EL INSTITUTO DE ICTIOLOGÍA DE LA UNNE SE REALIZA LA INVESTI­GACIÓN.

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