22 de mayo de 2022 12:09 PM
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El Presidente sondea el apoyo del peronismo

El indicio de Alberto Fernández sobre que si no aumenta las retenciones a las exportaciones agropecuarias No es por su decisión.pero por la falta de apoyo politicorecordó una anécdota clásica que se cuenta sobre el presidente estadounidense Franklin Roosevelt. La historia va así: durante la crisis de los años 30, Roosevelt recibió a los líderes sindicales y después […]

El indicio de Alberto Fernández sobre que si no aumenta las retenciones a las exportaciones agropecuarias No es por su decisión.pero por la falta de apoyo politicorecordó una anécdota clásica que se cuenta sobre el presidente estadounidense Franklin Roosevelt. La historia va así: durante la crisis de los años 30, Roosevelt recibió a los líderes sindicales y después de escuchar sus demandas accedió, pero les dijo la condición para poder cumplirlas: «Ahora sal a la calle y haz que lo haga».

Esa frase es recordada periódicamente por politólogos para marcar una de las situaciones a las que se enfrenta un gobernante: no basta tener la convicción de que una medida es correcta, sino que también debe haber un clima social y una opinión pública favorables. para que puedas tomarlo. Sobre todo, cuando se trata de una medida que tocará intereses particulares y suscitará resistencias.

En la extensa entrevista que Alberto Fernández concedió al equipo de Ernesto Tenembaum en Radio Con Vos, por primera vez el Presidente planteó su propia debilidad política como la razón por la cual no aumentó las retenciones a la exportación de los principales productos agrícolas de exportación, incluyendo trigo y maízque se consumen en Argentina y cuyo precio se dispara en el mercado global.

Fue un importante punto de inflexión con respecto al discurso oficial que se había manejado hasta ahora, en particular en boca del Ministro de Economía, Martín Guzmán.

En una posición que le había valido las críticas del sector kirchnerista de la coalición de gobierno, el ministro había defendido con firmeza una posición conceptual según la cual un aumento de las retenciones no sería una medida eficiente para contener la inflación y que, además, sólo traería como consecuencia una disminución de las exportaciones, justo cuando el país necesita con urgencia el ingreso de divisas.

Es una posición en la que el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, se puso de pieque se precia de comprender mejor que su antecesor la realidad del campo y defiende la necesidad de mantener abierto el diálogo.

Ministra Domínguez busca rebajar conflicto con el campo y se opuso al aumento general de retenciones

Un giro en el discurso de las retenciones: Fernández busca apoyo

Pero las declaraciones del Presidente causaron sorpresa, porque corrieron el eje de la discusión: más que mostrar una definición ideológica o teórica contraria a las retenciones, dijo que no podía adoptarlas porque no pudieron pasar el filtro del congreso y porque la opinión pública en el campo estaba fuertemente en contra.

Puso, como ejemplo, el caso del reciente «tractorazo» protagonizada por pequeños productores que se quejaron contra la iniciativa del impuesto sobre la renta inesperadoa pesar de que no eran objeto de dicho gravamen.

“Las retenciones son un tema legislativo y necesito que el Congreso entienda el problema y, de ser necesario, acompañe una decisión de esa naturaleza”dijo Alberto en la entrevista radial. “Puedo enviar mañana al Congreso un aumento de retenciones, pero lo voy a perder, si tengo a toda la oposición dando un golpe de tractor”añadió.

Y, casi como Roosevelt con los sindicalistas, el mensaje entre líneas que dejó el Presidente es que, si el clima político fuera más favorablesu posición hubiera sido diferente, y actualmente se aplicaría una retención a la exportación de soja, maíz y trigo.

En otras palabras, que sus diferencias con cristina kirchner sobre el grado de dureza que se debe aplicar en el enfrentamiento con los “grupos concentrados” no se dan tanto a nivel ideológico sino más bien a nivel táctico: Alberto no está en desacuerdo, en el fondo, con las ideas de Cristina, pero cree que están destinadas al fracaso por la falta de un clima adecuado en la opinión pública.

La amenaza de los conflictos del pasado

Además de la admisión tácita de la debilidad política, lo que el Presidente traicionó también fue cómo lo habían impactado los conflictos en el pasado reciente con el campo. Para comenzar, la histórica lucha de 2008 con los sojerosque le costó el cargo de jefe de gabinete durante el primer mandato de Cristina Kirchner.

En ese momento, el kirchnerismo quiso imponer retenciones móviles con la recordada resolución 125, lo que provocó un levantamiento de toda la clase media rural y generó una crisis política.

Ya ocupando la silla principal de la Casa Rosaa, Alberto tuvo otras experiencias políticas negativas. La primera fue la de intento de nacionalización de la empresa de cereales Vicentin, una medida que el presidente creía que le traería el apoyo de los pequeños productores que se habían visto perjudicados por la crisis financiera de la empresa. Sin embargo, la propuesta fue fuertemente resistida por parte de una clase media rural que se sentía amenazada el principio de propiedad y su estilo de vida.

El error de cálculo de Alberto estuvo marcado por los propios gobernadores peronistas, en particular el santafesino. Omar Perotti, lo que lo convenció de reconsiderar la medida. Aun así, el Presidente no pudo evitar su enfado, y de hecho fue a raíz de este caso que nacieron los “banderazos” de protesta.El primero

Los primeros «banderazos» contra el gobierno de Fernández surgieron como reacción al intento de nacionalización de Vicentin

Los conflictos se repitieron cuando el Gobierno puso, a finales de 2020, cuotas de exportacion de maizalgo que no solo no logró moderar el alza de los precios internos sino que trajo problemas adicionales.

Y luego, con los intentos fallidos de vender cortes de carne a precios populares, la crisis se repitió, pero esta vez con los frigoríficos y ganaderos como afectados. Él cuota de exportación de carne -que llegó a celebrarse como la solución de Alberto y Cristina en plena campaña electoral, tras una ligera caída estacional de los precios- se reveló como una medida errónea.

Como suele ser el caso en tales casos, los desincentivos a la ganadería significaron que el caldo de carne acentuar su tendencia a caer, y se perdió un millón adicional en un año de animales, además de despidos y suspensiones en la industria cárnica. El resultado de esta política es hoy elocuente: las cámaras del sector acaban de informar que el consumo de carne cayó a un mínimo histórico, con apenas 47 kilos por habitanteun nivel que ni siquiera se había registrado tras el colapso social de 2001.

Finalmente, este año se decidió implementar por la fuerza una medida que Alberto había propuesto sin éxito durante todo el año pasado: que en el área de trigo un esquema de subsidios cruzados entre exportadores e industriales, emulando lo que se había hecho en la industria petrolera.

La forma de financiar este fideicomiso fue elevando las retenciones sobre el aceite y la harina de soja. Una medida que contradice el propio discurso industrial del Gobierno, que mantiene la necesidad de incentivar la exportación de productos con valor agregado y desestimular la venta de materias primas sin procesar.

Hasta el momento, el resultado de esta política es desastroso: luego de dos meses de creada, el fideicomiso nunca arrancó, por lo que el beneficio en el precio del pan, la harina, los fideos y las galletas no se refleja en los anaqueles. Pero lo que pasó es que las exportaciones se están «primarizando»: Las últimas cifras del INDEC muestran que mientras las materias primas crecen a un 8% anual, la industria de origen agropecuario cae a un ritmo de 6,6%.

Y lo peor es que, como había sucedido con el caso Vicentin y con el cierre de las exportaciones de carne, también en este caso los gobernadores de las principales provincias agrícolas del país se mostraron en contra de la medida.

La confianza para el campo que nunca comenzó

Alberto no dijo si habló específicamente sobre este tema en su reciente reunión con luis paganiel director ejecutivo del grupo Arcor, una de las empresas elegibles para pagar el impuesto sobre ingresos inesperados.

Como prueba del poder de la recuperación industrial, el presidente reveló que Pagani estaba contento con el hecho de que sus plantas estaban operando al 80% de su capacidad.

La curiosidad del balance de Arcor es que, si bien es cierto que muestra un fuerte incremento en las utilidades -un 142% anual-, lo que posibilitó esta mejora en las cifras no fue una mayor venta al mercado interno, sino la «licuefacción» de la deuda en dólares que permitió el Banco Central, al hacer deslizar el dólar a un tercio de la velocidad de la inflación.

Pero Alberto, que sabe que la inflación es la principal amenaza no solo para la estabilidad económica sino también para la estabilidad política de su gobierno, está cada vez más dispuesto a tomar medidas poco ortodoxas para aliviar el enfado de la opinión pública.

Admitió tácitamente que el fideicomiso de trigo barato no estaba funcionando, pero culpó a los jugadores privados de la cadena de harina, quienes intercambian acusaciones sobre boicot.La última portada del influyente The Economist deja clara la preocupación del mundo desarrollado por la escasez de alimentos que se espera a nivel mundial

La portada del influyente The Economist deja clara la preocupación del mundo desarrollado por la escasez de alimentos

Ayuda de la India, el Banco de Inglaterra y The Economist

El Presidente tiene muy claro el riesgo de salir al campo contra él: tenía una fuerte recordatorio de esto en las elecciones legislativasdonde sufrió reveses en todas las provincias agrícolas, que incluían no sólo las habitualmente críticas con el kirchnerismo, como Córdoba y Santa Fe, sino también Entre Ríos, La Pampa y el interior de la provincia de Buenos Aires, territorios que el peronismo consideraba inexpugnables.

Sin embargo, el cambio de escenario internacional está ayudando a cambiar el estado de ánimo de la opinión pública que quiere ver Alberto Fernández. En Europa se habla de una crisis alimentaria, ya no de corta duración como consecuencia de una posible guerra corta en Ucrania, sino de un problema estructural de falta de abastecimiento de alimentos.

El propio presidente del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, levantó polvareda al hablar del tema en un discurso en el que se disculpó por ser «apocalíptico» al pronosticar aumentos continuos de alimentos y mayor desempleo.

Ese clima se reforzó con la última portada de la influyente revista el economistadonde con la foto de tres espigas de trigo, de las cuales, cuando miras de cerca, cuelgan cráneos sombríos, el título dice: «La catástrofe alimentaria que se avecina».

Y, por si fuera poco, llegó la noticia de que Indiael segundo productor mundial de trigo -por detrás de la zona del Mar Negro- y que cuenta con el 10% de las reservas mundiales de este cereal, anunció el cierre total de las exportaciones.

¿Ha llegado el momento en que Alberto Fernández finalmente terminará coincidiendo con Cristina Kirchner ¿Y aprovechará el cambio climático global para implementar retenciones móviles en la agricultura?

Por el momento, todo indica que no lo es… pero que podría serlo si hubiera un movimiento político que le diera la fuerza suficiente. Por ahora, algunos de sus aliados ya están recibiendo el mensaje, como la cúpula de la CGTque anunció una serie de movilizaciones hacia edificios emblemáticos de la «fabricantes de precios». Así es como la realización de manifestaciones de protesta frente a la sede de la UIA y en los terrenos de la Sociedad Rural.

Mientras tanto, Cristina Kirchner evalúa si las palabras de Alberto merecen ser consideradas una invitación a unir fuerzas contra un enemigo común.

Fuente: titulares.ar

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