8 de diciembre de 2009 06:58 AM
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LAS EXPORTACIONES DE CEREALES Y OLEAGINOSAS CAYERON CASI 40 POR CIENTO

De acuerdo con la información de la Oficina de Comercio Exterior del Senasa, en los primeros 10 meses de 2009 se exportaron poco más de 12.100 millones de dólares de cereales, oleaginosas y subproductos.

Bastante menos que los 19.300 millones exportados en el mismo período de 2008. Una explicación difundida es que esta variación negativa se debió al derrumbe de los precios internacionales. No fue así. El promedio de precios de todos los productos se retrajo sólo un 4 por ciento. “Sólo” no porque sea poco, sino porque las cantidades exportadas cayeron el 34 por ciento y los ingresos, el 37. La explicación, entonces, no se encuentra en el mercado internacional, en su crisis y en sus precios, sino simplemente en la menor cosecha local. En principio, ningún descubrimiento.Lo interesante de estos números brutos, que ni siquiera pasan por el cuestionado Indec, reside en que la información económica sobre los cultivos tradicionales y su industrialización derivada suele estar viciada tanto de los intereses comerciales de las consultoras vinculadas, como de ideología, en particular a partir de 2008. Intereses e ideología son una mala combinación para llegar a información transparente. Pero los agregados citados ocultan inevitablemente los matices.Siguiendo con los datos del Senasa, se observa que de los 12.100 millones de dólares exportados en blanco, 4240 millones, poco más de un tercio, correspondieron a harina de soja, el principal rubro de exportación del complejo. En los primeros 10 meses del año, el precio de este subproducto registró un incremento interanual del 22 por ciento, de 306 a 373 dólares la tonelada FOB. A pesar de la notable menor cosecha, hubo una respuesta a las señales de precios y se exportó un 7 por ciento más que en igual período que un año antes. Cuando se analizan los mercados de destino se observa una gran dispersión hacia todos los rincones del planeta, se trata de un commoditie muy seguro, que “se vende solo” y en la que Argentina es muy competitivo.El dato de la harina de soja contrasta con su producto base, los porotos de soja. Su precio internacional aumentó un 5 por ciento interanual, pero las exportaciones literalmente se derrumbaron un 60 por ciento. Pasaron de 11,5 millones de toneladas a 4,4 millones, y reportaron 1668 millones de dólares. La respuesta está en la harina y es casi una apología del país agroindustrial. Los porotos se exportaron molidos.Otra parte de la explicación está en el tercer rubro en relevancia de las exportaciones del complejo, el aceite de soja. Tratándose de un producto inseparable de la producción de harina, el otro resultado de la molienda, no hubo mayores posibilidades de escapar a la importante caída del 33 por ciento en su precio. Las cantidades comercializadas prácticamente no variaron, pero los ingresos cayeron de 2843 millones de dólares en 2008 a 1891 en 2009, siempre en los primeros 10 meses del año. Dicho de otra manera, en un año en que la cosecha de soja registró una caída muy importante por problemas climáticos, la industria de la molienda, sumando aceites y harinas, pasó de exportar 6300 millones de dólares a 6130, si se agregan los residuos (pellets y tortas), cuyos precios subieron un 16 por ciento, pero con caída en volumen del 30 por ciento, lo que significó que los ingresos se redujeron de 821 millones a 668 de un año a otro, la industria retrajo sus ventas externas de 7119 a 6800 millones de dólares, una caída de 4,7 por ciento.En materia de comercio exterior del agro argentino, entonces, el grueso de las pérdidas de 2009 se explica por el lado de los cereales, cuyas exportaciones pasaron de 6662 millones en 2008 a 2564. Los volúmenes exportados fueron 45 por ciento menores y los precios cayeron 25 por ciento. La combinación dio una caída de ingresos del 59 por ciento.

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