31 de mayo de 2022 10:20 AM
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Desacoplarse de los precios internacionales o no, esa es la cuestión

La cadena de la soja le pidió al ministro de Agricultura, Julián Domínguez, reducir la carga impositiva para así aumentar las exportaciones.

Entre la “teoría del derrame” y la del “desacople de los precios internacionales” es probable que se encuentre un principio de entendimiento: el que la Argentina necesita para no perecer en la grieta de los extremos, porque el pozo en el que se cae implica como mal menor un estancamiento en las decisiones, pero la realidad nos muestra que los daños en la actividad económica van mucho más allá de una simple pausa en el debate. En el mientras tanto se pierde tiempo, oportunidades y el contexto global requiere de gobernantes intrépidos con habilidades de estratega y algo de astucia.

Ninguna de las dos vertientes que se plantearon en la vida política y económica de la Argentina de los últimos años surtió el efecto esperado, puesto que en un país ahogado en el mar de la desconfianza, nada cambia por una definición. Se requieren políticas de largo plazo que deben ser revalidadas día tras día y donde nada puede correrse un milímetro de la ruta establecida. Caso contrario, se fracasa y todo esfuerzo queda hecho añicos.

En el pasado reciente, basta con revisar las propuestas planteadas por un sector del Frente de Todos, donde se planteaba una política de “desacople de precios” aplicando una mayor carga tributaria a los sectores productivos. En rigor de verdad, el plan de Alberto Fernández de aumentar -aún más- las retenciones no se llegó a aplicar, pero se tomaron otras decisiones con herramientas como los fideicomisos, que buscaron bajar el precio de los alimentos que tienen una relación directa con los productos de exportación.

En la práctica, el plan no funcionó. No sólo porque existe un impacto medido de la participación que tienen los commodities en los alimentos del mercado interno sino porque además existen otras dinámicas que se deben torcer para que los precios no se disparen. Tampoco funcionó la liberación total de los mercados que se aplicó durante el macrismo, porque nada se resuelve con una única medida económica y una vez más, vale recordar que los objetivos deber ser concretos y que para lograrlos no hay margen de error.

Mientras tanto, la discusión esta puesta en cómo se hace para que la Argentina pueda “aprovechar” la situación internacional que se da en materia de comercio exterior, ya que los precios internacionales ofrecen oportunidades pocas veces vistas. ¿Es momento de dar señales concretar para que se active el entramado productivo para aumentar las exportaciones y con el excedente apuntalar a los que menos tienen, o debemos restringir las ventas al exterior y asegurar “la mesa de los argentinos”?

En el cierre de la semana pasada, la Asociación Cadena de la Soja de la Argentina (ACSOJA) se reunió con varios funcionarios del Ministerio de Agricultura, entre ellos el titular de la cartera, Julián Domínguez. Allí, el Presidente de ACSOJA, Luis Zubizarreta, le explicó al funcionario las necesidades que tiene la agroindustria exportadora.

Zubizarreta señaló a este medio que, “es necesario cambiar el rumbo, porque después de 50 años la Argentina sigue cargándole la mochila a los sectores productivos, los que podrían levantar a la Argentina”. El mundo demandará más alimentos y según Zubizarreta estamos ante una oportunidad para el país, porque reduciendo la carga impositiva que tienen las industrias se dejaría de aplastar al sector más competitivo que tiene la economía local.

Es verdad que dentro de la coalición gobernante existen distintas miradas acerca de la relación que debe tener el estado con el campo y de cuáles serían las políticas que se deben implementar, sin embargo para tomar esas decisiones en imperioso que se quiten todos los sesgos ideológicos y prime la objetividad, caso contrario tendremos un mal diagnóstico y será imposible acertar en el tratamiento. Funcionarios, dirigentes, líderes de la comunidad y la sociedad toda deben estar alineados para que el cambio de estrategia nos conduzca hacia el futuro que queremos.

El empresario detalló además que “la soja no es el negocio que muchos creen. La producción no sólo esta estancada sino que esta retrocediendo. Es increíble porque el principal socio que tiene la cadena es el propio estado, que se lleva la mitad del precio de la soja, con lo cual el estado debería ser el principal interesado en que el sector crezca, sin embargo toma medidas para que no se desarrolle. Le cargan tanto en la mochila que cada vez producimos menos”.

Argentina se debe a sí misma el desafío de discutir su futuro sin preconceptos porque el sector productivo puede ser un aliado. Ya no hay tiempo para dudar, porque el mundo esta cambiando y no nos va a esperar.

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