2 de julio de 2022 12:21 PM
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La fruta fina se enfrenta a una plaga que llegó para quedarse (en todo el mundo): ¿Qué riesgos implica la “Mosca de Alas Manchadas” y cómo se controla?

La Drosophila Suzukii o mosca de alas manchadas –también conocida en algunos lugares como la mosca del vinagre- es una plaga que a nivel mundial ya puso su ojo en toda la fruta fina y está generando dolores de cabeza entre los productores. Descubierto por primera vez en Japón, este pequeño insecto logró abrirse camino por el […]

La Drosophila Suzukii o mosca de alas manchadas –también conocida en algunos lugares como la mosca del vinagre- es una plaga que a nivel mundial ya puso su ojo en toda la fruta fina y está generando dolores de cabeza entre los productores.

Descubierto por primera vez en Japón, este pequeño insecto logró abrirse camino por el océano y llegó a distintos países de Sudamérica, entre los que se encuentra Argentina. Si bien su primer avistamiento aquí fue en 2014, en la ciudad rionegrina de Choele-Choel, en el último tiempo demostró un crecimiento exponencial que obligó al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) a arremangarse y unir esfuerzos con las naciones vecinas.

En 2018, luego de múltiples monitoreos, se determinó que la Comarca Andina, una zona que incluye a las provincias de Chubut y Río Negro, ofrecía las mejores condiciones para que esta mosca prospere: amplitud térmica, humedad y fruta de cáscara muy fina como la cereza, el damasco, la frambuesa, la frutilla, el higo, la mora y la uva.

“Esta mosca tiene una amplia gama de hospederos que son los lugares donde come y pone huevos. La característica principal de esta plaga es su capacidad para dejar descendencia. Es exponencial su procreación, llegando a tener entre 10 y 15 ciclos por año. Las hembras rasgan la fruta e introducen allí sus huevos que luego pasarán al estadio de larva, seguirán como pupas y posteriormente serán moscas. El daño que produce es uno totalmente económico y además es la entrada principal para otros patógenos como hongos y levaduras”, explicó a Bichos de Campo Wilson Edwards, ingeniero agrónomo y supervisor de la Dirección Nacional de Protección Vegetal del Centro Regional Patagonia Norte del Senasa.

Aparte de su capacidad de multiplicarse, esta pequeña mosca tiene la particularidad de poder soportar rangos de temperatura que van desde los cero grados hasta los 30, por lo que, a diferencia de la Mosca de la Fruta, las bajas temperaturas no le representan un mayor obstáculo. Se ha demostrado incluso que puede refugiarse durante el invierno en las cortinas forestales y bajar su nivel metabólico a uno de subsistencia, logrando sobrevivir hasta dos meses sin comer en su estadio adulto.

“En los monitoreos que hemos organizado desde Senasa la hemos detectado dentro del hielo, por lo que sabemos que estuvo volando alrededor de los cero grados. Una nevada no la detiene”, indicó Edwards.

Esto es en parte la razón por la cual no puede ser considerada una paga cuarentenaria, es decir una que tiene una distribución limitada en el territorio, ya que su capacidad de adaptación es enorme. De esta forma es que la mosca ha sido detectada tanto en Brasil como en Uruguay y en la región sur de Chile.

“Es una plaga de la que no se tiene mucha información, siquiera a nivel internacional. Como es tan adaptable a distintos ambientes, la biología y ecología de la plaga se va modificación en función del lugar en que está”, sostuvo el agrónomo.

Su forma de dispersión no es por el vuelo sino principalmente por el comercio de fruta contaminada. De allí se desprende la importancia de realizar monitoreas constantes en las plantaciones. Los mismos se realizan a través de trampas que las atraen y facilitan su medición.

“Es sencillo. Se distribuyen botellas con perforaciones de entre tres y seis milímetros, con agua y vinagre de manzana en partes iguales, que deben ser chequeadas cada diez o quince días. La mosca se siente atraída por el vinagre, por se lleva ese mote. Eso nos ayuda a entender sus curvas de vuelo y a comparar su presencia en distintas localidades”, afirmó Edwards.

En la Comarca Andina los picos de ataque de este insecto se dan en los meses de abril (otoño) y noviembre (primavera).

-¿Hay forma de controlarla?- le preguntamos al especialista.

-No hay una bala de plata para esto. Lo que hay es un paquete de herramientas a adoptar por parte del productor. Eso incluye un montón de medidas culturales, de manejo y también químicas. Cada ambiente va a requerir una medida diferente, sobre todo en función de la filosofía productiva de ese lugar. Digo esto porque, por ejemplo, en la Comarca Andina hay mucha producción agroecológica y orgánica y hay quienes no quieren utilizar agroquímicos. Por otro lado, los insumos tampoco son la opción definitiva. Esta plaga es distinta a la Carpocapsa o al Piojo San José. Solo con químicos se pierde plata.

Desde Senasa lo que se está recomendando es una serie de pautas de manejo para hacer del ambiente uno menos agradable para la instalación de esta mosca. En este sentido, Edwards detalló los principales puntos:

  • Aumentar la temperatura en los cultivos: usar mulch, controlar la densidad de varas, utilizando variedades que escapen a los picos de ataque de esos meses.
  • Cosechar casi todos los días (esto es más aplicable a producciones de baja escala).
  • No dejar frutos sin cosechar en el suelo, tanto rotos como maduros, para evitar que se instale allí.
  • Aplicar insumos habilitados por Senasa para determinadas frutas (no hay productos que abarquen a toda la fruta fina).
  • Instalar un trampeo masivo: se estima que se necesitan entre 400 y 800 trampas por hectárea de superficie dependiendo del cultivo y la densidad del lote.
  • Riego por goteo: la temperatura y la humedad gobiernan las actividades de la mosca. Con riego por aspersión se moja mucha más superficie que por goteo y la mosca se siente más cómoda.
  • Control del tránsito de la fruta.

-Han trabajado codo a codo con Chile durante la etapa de la detección. ¿Cómo fue ese trabajo?

-Intercambiar experiencias. En 2016 vinieron al Valle a ver cómo habíamos detectado a esta plaga y cómo la veníamos monitoreando. Incluso nos invitaron a ir para allá. Lo que tenemos en común es la zona geográfica pero el tipo de manejo y la idiosincrasia productiva son distintos. La idea es siempre estar en contacto con ellos, tener un ida y vuelta, porque la plaga es la misma y ataca a los mismos hospederos. Fue y es un intercambio muy positivo.

-¿Cuál es el diagnostico de Senasa? ¿En qué situación nos encontramos?

-Es una plaga compleja. No es posible erradicarla. Vamos a tener que aprender a convivir con ella. Hasta ahora no se ha erradicado en ninguna parte del mundo. Sin embargo con estas herramientas que se están implementando se pueden bajar los niveles poblacionales a índices que permitan que la producción sea sostenible y sustentable.

Fuente: Bichos de Campo

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