30 de septiembre de 2022 22:47 PM
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Las enfermedades de transmisión sexual golpean fuerte a los rodeos

Es la razón por la cual San Luis despliega un agresivo plan sanitario, ayudando sobre todo a los pequeños productores. La tasa de preñez puede disminuir hasta un 25 por ciento.

La tricomoniasis y la campilobacteriosis genital bovina se transmiten por vía sexual, salvo contadas excepciones donde se utiliza semen proveniente de toros infectados o bien por maniobras obstétricas entre hembras (habiendo alguna infectada), realizadas sin la debida higiene y uso de material descartable entre una revisación y otra.

Estos dos agentes, aunque filogenéticamente están muy alejados, tienen una epidemiología similar. Habitan tanto el aparato genital masculino como femenino. El toro infectado se comporta como un portador asintomático de por vida, por lo cual mantiene su fertilidad, su libido y no presenta ninguna lesión.

En cambio, las hembras se contagian en el momento mismo de la monta y al quedar preñadas, en general, sufren muertes embrionarias tempranas, eventualmente abortos e infertilidad transitoria. En algunos casos, pueden llevar la preñez a término y parir normalmente. Comúnmente, luego de abortar, la inmunidad local a nivel de mucosa vaginal y uterina barren con estos agentes, quedando la hembra sana y apta para preñarse.Siempre hay que raspar, el costo es menor al que luego habría que afrontar en la faz productiva si se mantienen toros con estas patologías.

En sistemas extensivos con potreros de grandes extensiones, tanto la muerte embrionaria temprana como los abortos pueden pasar desapercibidos, y entonces recién se sospecha la presencia de estas enfermedades en el momento del tacto. En este momento se detectan bajas tasas de preñez, preñeces que no son uniformes con una mayor cola de preñez (vacas que se preñaron al principio de la temporada de servicio, tuvieron muerte embrionaria y volvieron a ciclar y preñarse). También puede observarse un mayor desgaste físico de los toros ya que, al reciclar las hembras, tuvieron un mayor trabajo de montas. Pero hasta acá es información que nos hace sospechar, pero no confirmar, la presencia de estas enfermedades. La confirmación se establece a partir de la toma de muestras prepuciales y el diagnóstico posterior.

¿Raspar o no raspar?

Las muestras deben tomarse, por lo menos, 30 días después de finalizada la temporada de servicio de manera tal de permitir, en el caso de que el toro estuviese infectado, tener una buena colonización a nivel de prepucio. Generalmente, la muestra prepucial se toma mediante raspadores (hisopo metálico o de plástico). La Comisión Científica de Enfermedades Venéreas de la Asociación Argentina de Veterinarios de Laboratorio de Diagnóstico (AAVLD), recomienda un mínimo de dos muestreos en toros de establecimientos sin antecedentes de estas patologías. Ante la aparición de toros positivos, se deberán realizar tantos muestreos como fuere necesario, hasta obtener dos negativos consecutivos.

Entre muestreos no debe haber menos de 15 días de intervalo. Se deben muestrear todos los machos enteros que vayan a entrar en el servicio siguiente (incluidos los toritos “vírgenes”), al igual que todo reproductor macho que ingrese al establecimiento. Deben hacerse anualmente, en todos los rodeos, inclusive aquellos que no tuviesen antecedentes que hicieran sospechar de la presencia de estas enfermedades. El diagnóstico etiológico se lleva a cabo en laboratorio, y el toro positivo debe ser eliminado, desaconsejándose el tratamiento de los mismos ya que se presentan fenómenos de resistencia. El consumo de estos animales descartados, no conlleva ningún riesgo para la salud humana, pero el impacto productivo puede llegar al 25% de la tasa de preñez.

Fuente: A24 Agro

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