1 de octubre de 2022 12:18 PM
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El joven argentino que quiere revolucionar la agricultura de EE.UU. con siembra directa y cultivos de servicio

Gonzalo Albizu se mudará a Illinois junto a su familia para transmitir las bondades del sistema productivo argentino.

Podría decirse que por parte de padre y madre Gonzalo Albizu nació impregnado en ruralidad. Sin embargo, cuando tenía menos de tres años y falleció su padre la vida lo llevó a la ciudad y las vivencias camperas quedaron para los fines de semana o cada tanto. Pero esa semilla quedó firme en su espíritu, bien sembrada y, de a poco, también fuertemente arraigada. Casi 40 años después, tras haber sido asesor CREA durante 10 años decidió que era tiempo de probar nuevos rumbos y junto a su mujer y sus dos pequeños hijos está preparando el terreno para irse todos a vivir a Illinois y plasmar una idea: difundir el sistema de siembra directa y el uso de cultivos de servicios en los esquemas productivos norteamericanos.

“Mi padre (Juan Albizu) se crió en el campo con sus hermanos, yendo al colegio agropecuario, hombre de a caballo toda la vida, bien ganaderos, en tanto que por el lado de mi madre (Susana Tamagnone), mi abuelo fue un inmigrante italiano, comerciante al principio que después desarrolló la producción agropecuaria”, repasó Albizu. “Si bien toda esa etapa de niño fue de ciudad, el campo y los caballos siempre me gustaron”, reconoció. La ciudad, la que se crió, es en General Pico, La Pampa.

Así las cosas, de chico, como a cualquier niño que tiene la oportunidad de andar por el campo, la niñez de Albizu fue un mundo de sensaciones. “Los primeros recuerdos con mi padre y con los caballos, también jugando con mis primos, pero cuando tenía dos años y pico mi padre falleció y nos instalamos en la ciudad, aunque siempre con el campo de cerca”, contó Albizu, quien reconoce haber “heredado todas las costumbres de campo que empezaron a aflorar en la adolescencia y lo motivaron a ingresar en la carrera de Agronomía”.

¿Por qué agronomía?

La agronomía surgió por todo ese legado y por la necesidad de hacerse cargo del campo familiar. “Yo quería demostrar que tenía la capacidad para hacerlo y siempre creí que el camino era agronomía y no veterinaria o economía agraria”, compartió.

Respecto del comienzo de la carrera (algo que puede servir a futuros agrónomos), recordó que entró “con muchas inquietudes y miedos porque tenía la idea de que para ser agrónomo tenía que saber andar en el tractor, cosechar, estar en la manga, etc… pero no, agronomía es mucho más que eso, son muchas cosas que fui descubriendo en el transcurrir de la cursada”.

Entró en la carrera en 2003 y terminó en 2007. Después le llevó un año hacer la tesis. Además, hizo un postgrado en siembra directa e incursionó en todo lo que tiene que ver con la salud de los suelos, un tema que aún hoy es su motor y pasión. “Hacer la tesis antes de empezar a trabajar fue importante, es un momento en el que tenés que sujetar el caballo porque querés salir a laburar enseguida, pero mantuve la calma, la hice y después salí a trabajar”, contó.

El primer trabajo y CREA en su vida

Su primer trabajo fue para un pool de siembra. “Me tocó la seca grande de 2008/09, estaba re difícil conseguir trabajo, y le metí, aprendí mucho, tenés que hacer de todo, te pule, te curtís en serio”, contó. Ahí estuvo 4 años. “Pero era muy demandante, llegó un momento que sentí que quería manejar mis tiempos, evolucionar, conocer otras cosas y ahí surgió la posibilidad de aplicar en un grupo CREA en 2012”, explicó.

Ya desde tercer año de la facultad, cuando un compañero le mencionó de la existencia de los grupos CREA y su dinámica de trabajo que tenía entre ceja y ceja, en algún momento, ser asesor CREA. Así fue como llegó la oportunidad de entrar como asesor técnico en el Grupo Atreucó, en el oeste arenoso, donde estuvo 6 años.

“Al principio me costó un montón porque yo venía de la agricultura y me metí de lleno en una zona de productores de carne y leche, aprendí de todo, también a hacer una agricultura muy defensiva en la que usas el conocimiento agromómico a full”, relató Albizu, que lo recuerda como “una experiencia espectacular”.

Lo desafiante para Albizu no fue sólo aprender de cuestiones técnicas pecuarias que hasta entonces desconocía, sino, además, trabajar con “gente distinta, diferentes perfiles de empresas, algunos más ordenados con la información, otros más creativos, más chicos, más grandes, pero en todos buscando lograr los mismos objetivos de ordenamiento y mirada de largo plazo, eso fue una gran formación”.

“Empecé a mirar como un todo, una unidad integral, porque a veces como agrónomos miramos sólo el campo, buscamos una mayor producción, pero la realidad te marca que también es importante la gestión, la planificación, tomar decisiones en diferentes escenarios… eso es desafiante, fue una locura, pero aprendí muchísimo”, reconoció Albizu.

Después de seis años en el Grupo Atreucó decidió buscar nuevos horizontes. “Quería reencontrarme con la agricultura y por eso apliqué al grupo Quemú-Catriló, también en el oeste arenoso, pero en otro contexto. Ahí, además de tener otra decena de empresas agropecuarias a las que conocer, con perfiles distintos, lo que empecé a ver mucho es el uso de los cultivos de servicio porque es zona de La Pampa tiene sectores con excesos hídricos y otros con erosión eólica”, contó Albizu.

El asunto es que muchos campos pasaron de las pasturas, que consumen 1000 milímetros de agua por año, a cultivos que necesitan 400-600 mm. “En una zona en la que llueven 800 mm por año, cuando producís granos te sobra agua, entonces el desafío es administrar la escasez en algunos sistemas, pero también el exceso en otros, los cultivos de servicio nos permiten hacer una buena administración del agua”, contó Albizu.

El campo familiar

Pero mientras tanto, siempre estuvo presente el desafío del campo familiar. Aquel que administró su padre y luego, en los años 90 quedó en alquiler. “Cuando éramos chicos vivíamos del arrendamiento, pero en esa época te alcanzaba para vivir y punto, después creció el negocio, pero hubo épocas duras”, recordó Albizu.

Así, con el tiempo, armó equipo con su hermano (un año menor que él), se distribuyó las tareas administrativas y productivas y en 2022 ingresaron como miembros de un grupo CREA Pico-Quemú, de la región Oeste Arenoso.

Lo que más le gusta es “hacer agronomía”. Descubrió un mundo apasionante con los cultivos de servicio pensando en la evolución de la salud del suelo. “Es la tecnología que más me gustó y ahora estoy aplicando en el campo familiar, eso junto con la gestión de la empresa que en Argentina es muy entretenida… por así decirlo… es una buena gimnasia para cualquier administrador tratar de mantenerse a flote en el negocio, evaluando todos los riesgos y contratiempos y sacándole el mejor partido”, opinó Albizu.

En lo personal, ante la pregunta sobre los gustos, Albizu remarcó que “otra cosa que disfruta de su trabajo es poder ir a veces con la familia, hacer recorridas los cuatro a muestrear lotes, a alguna siembra o cosecha, a monitorear, nuestros hijos juegan mientras nosotros trabajamos”.

¿Qué lugar ocupa la gestión dentro de la empresa agropecuaria?

Muchas veces la gran diferencia la hacés en la administración. Por eso la mayoría de los productores se están volcando más al escritorio y delegando el lote. Si ves lo que hacen la mayor parte de las empresas hoy te vas a dar cuenta. Cuando se quedan sin tiempo y tienen que delegar, traen alguien para que se encargue de lo técnico. Ahí te das cuenta la importancia que tiene la administración, el resultado financiero tiene un impacto altísimo, por supuesto, si no producís bien en el lote no hay empresa viable, ese es el punto de partida, pero después, la gestión ocupa un lugar relevante.

Hoy tenés un montón de buenos técnicos que pueden ocuparse del campo y vos, como administrador, tenés que ocuparte de comprar y vender bien, manejar algo que es muy pero muy difícil que es el flujo financiero en el corto, mediano y largo plazo, porque ahí podés hacer la diferencia… para bien, o para mal.

Al país del norte

Con 38 años recién cumplidos (el pasado 15 de septiembre), Gonzalo Albizu y la mesa chica de su familia (léase, su mujer Wanda Silvia, también agrónoma), consideran que es tiempo de probar una experiencia fuera de Argentina.

“Empecé a pensar de a poco qué me gustaría para mi vida y por un lado encontré que en la empresa familiar habíamos ido creciendo hasta lo que nos habíamos propuesto, y había llegado a los 10 años como asesor CREA, quería plantearme nuevos desafíos”, compartió Albizu.

“Con mi familia siempre quisimos tener el desafío de tener una experiencia afuera, entonces surgió la posibilidad de encarar un proyecto en EE.UU., en una empresa americana con socios argentinos, fui a ver lo que estaban haciendo allá y me gustó, hice una propuesta para sumarme al proyecto como responsable técnico, lo empezamos a charlar en casa y nos pareció que era el momento”, contó el ingeniero que en marzo de 2023 tiene pensado ya instalarse con su mujer y sus dos pequeños, Olivia (3 años) y Justo (1) en el corazón del cinturón maicero norteamericano.

Cambio de paradigma

“Es en Illinois, en principio sobre campo arrendado, para hacer agricultura cambiando el paradigma productivo americano al explorar todas las posibilidades de la siembra directa, hacer más agronomía en los lotes probando con cultivos de servicio”, relató Albizu. Y prosiguió: “Allá hay una altísima producción, pero con bastantes cosas por mejorar, sobre todo, por lo que ví, en soja, con mucho foco en la sostenibilidad y el secuestro de carbono”.

“Los cultivos de servicio, claro está, no serían los mismos que en Argentina, pero favorecerían la economía del agua, secuestro de carbono y manejo de malezas, creo que la dinámica que le ponemos al sistema productivo argentino tiene mucho para aportar al sistema americano, a su vez, me motiva ir a buscar el conocimiento y las tecnologías aplicadas en los suelos de mayor aptitud y productividad del mundo”, dijo Albizu.

Es un “toma y daca”. La idea no es sólo volcar el conocimiento argentino sino adaptarlo, entender los problemas de allá y adaptar algunas de las herramientas que en Argentina están dando muy buenos resultados. Y también aprender.

“Nos vamos pero no tiene que ver con la situación económica del país, que obviamente no desconozco, sino que realmente el proyecto nos motivó, tiene que ver con asumir desafíos profesionales y personales, aprender el idioma, vincularme a otras mentalidades, siempre lo hablamos con mi mujer, tener una experiencia de vida en el extranjero te abre la cabeza, nos encantaría que nuestros hijos sean ciudadanos del mundo, aunque sin desconocer su historia, siempre con la idea de volver”, resumió Albizu.

Fuente: Clarin

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