3 de octubre de 2022 09:49 AM
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¿Fallos vacunales debidos a micotoxinas?

Durante los últimos años, la preocupación por las resistencias bacterianas a los antibióticos ha aumentado tanto que las medidas para combatir el fenómeno se han vuelto urgentemente necesarias. Es por esto que el sector de la producción animal, ha virado su estrategia encontrando en la prevención mediante el uso de vacunas una opción efectiva frente a las enfermedades. En este contexto, garantizar el éxito de la pauta vacunal pasa a ser una prioridad en las granjas.

Cuando en el ganado se identifican síntomas típicos de una enfermedad frente a la que hemos vacunado a nuestros animales, rápidamente se llega a la conclusión sobre un posible fracaso de la vacunación. Sin embargo, de ser así, los motivos pueden ser muy diversos, desde la aparición de una cepa no identificada anteriormente, una mala conservación de la vacuna, una dosificación no adecuada o una mala elección del momento de inoculación de la vacuna. Sin embargo, muy pocos sospechan que las micotoxinas en el alimento podrían ser la razón de los problemas. La contaminación del alimento que ingieren los animales con este tipo de metabolitos, pueden dañar permanentemente la función del sistema inmunológico, afectando de manera directa la producción y el título de anticuerpos generada por la vacuna en cuestión. 


La mucosa intestinal es una estructura que participa en los procesos de digestión –absorción de nutrientes- y provee una barrera fisicoquímica, metabólica e inmunológica frente a la entrada de toxinas (lipopolisacáridos) y microorganismos patógenos (bacterias, virus y hongos) en el organismo. Así pues, la integridad intestinal depende, por un lado, de que el intestino se mantenga lo suficientemente permeable como para permitir la absorción de nutrientes, y por otro, impermeable a patógenos y toxinas. Las células de la mucosa intestinal forman una barrera mecánica, seguida intrínsecamente por el sistema inmunitario asociado al intestino (GALT), que está incrustado en la submucosa. El GALT representa alrededor del 70% del sistema inmunitario. Consiste en folículos linfoides que se encuentran en las membranas mucosas de todo el tracto gastrointestinal. En este sentido, las bacterias intestinales juegan un papel importante, pues junto con el apoyo de las enzimas logran metabolizar los carbohidratos y suprimir de este modo la proliferación de cepas patógenas que provoquen un estado de disbiosis intestinal. 


La producción intensiva moderna involucra animales de alto rendimiento y potencial genético que maximicen los parámetros zootécnicos y, por ende, los resultados económicos de las explotaciones. Los animales jóvenes son más sensibles a los cambios en su entorno. Esto también se aplica al tracto gastrointestinal donde incluso bajas concentraciones de micotoxinas pueden provocar cambios en la microbiota intestinal. Las micotoxinas como el deoxinivalenol (DON) afectan particularmente la salud del tracto gastrointestinal donde puede conducir a una reacción inflamatoria en la mucosa. Esta inflamación aumenta el denominado síndrome del intestino permeable, lo que facilita la penetración de patógenos y sus toxinas, p. ej. endotoxinas, al torrente sanguíneo. Además, el daño provocado por las micotoxinas sobre la barrera intestinal, favorece la permeabilidad del intestino, facilitando la infiltración de estas endotoxinas. Una vez agotada su capacidad de neutralización por parte del organismo, se desencadena una cascada de inflamación y es cuando los mediadores de la inflamación provocan fiebre, dolor, aumento del ritmo cardíaco, coágulos de sangre en los capilares y debilitamiento del sistema inmunitario.


Del mismo modo, la micotoxina DON reduce la absorción intestinal de nutrientes. Lo hace mediante la inhibición del transportador de glucosa dependiente de sodio SGLT1. El bloqueo de este importante transportador de nutrientes hace que los nutrientes fácilmente digestibles permanezcan en el intestino, pasando a ser una fuente de alimento para los patógenos. Esto puede conducir a un desequilibrio en la composición de la microflora que, a su vez, debilita el sistema inmunológico y la salud intestinal, conduciendo a animales más susceptibles a las enfermedades. Así pues, podríamos decir que debido a una exposición a micotoxinas (especialmente DON) en el alimento, el sistema inmunitario se encuentra dañado y sobrecargado lo que reduce la formación de anticuerpos deseada después de una vacunación, resultando en una protección de la vacuna incompleta.


Para reducir los costos de producción, el tracto gastrointestinal y el sistema inmunitario deben considerarse en conjunto durante cada etapa de la vida del animal. Es aconsejable analizar el contenido de micotoxinas en el alimento, empleando métodos analíticos como ELISA o HPLC, dentro del control de calidad rutinario de las fábricas de alimento balanceado y utilizar productos adsorbentes de micotoxinas científicamente comprobados como método preventivo. Cabe señalar en este último punto que, los productos basados en arcillas minerales y/o paredes de levaduras no han demostrado ser eficaces en animales en la captación de tricotecenos como el DON. En general, se recomienda el uso de productos biotransformadores de micotoxinas autorizados por la Unión Europea, como MiaBond 360, para evitar fallos vacunales, prevenir el estrés subclínico, respaldar la absorción total de nutrientes y evitar un desequilibrio en la composición de la microbiota.

Marlene Luttmann Javier Prieto Jiménez Juan Cañete González

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