16 de noviembre de 2022 12:26 PM
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El tambo familiar de Entre Ríos que es referente en manejo de cría y recría

El tambo de los Brandi es un referente para el proyecto Tambo en Foco, del Grupo CREA. El proceso de cría y recría que proponen busca lograr una ternera sana y bien desarrollada que llegue al parto con más de 480 kilos y menos de 24 meses de vida.

Conscientes de la importancia de construir sobre cimientos sólidos, en el establecimiento Caraguatá, de la familia Brandi, custodian las etapas iniciales del tambo con mucha atención y eficiencia. Al punto de que hoy se dan el lujo de crecer con los mejores ejemplares y vender los excedentes del rodeo.

Caraguatá es una empresa familiar que inició su actividad en el año 1962, propietaria de 4.863 hectáreas de campo ubicado en crucecitas octavas departamento Nogoyá, provincia de Entre Ríos, Argentina. La principal actividad es la producción lechera y actualmente cuentan con un rodeo de 2200 vacas totales en un sistema pastoril ordeñadas en cinco tambos. Las pariciones tienen lugar desde febrero hasta agosto y se atienden en un centro de partos, mientras que la crianza y recría menor de machos y hembras se realiza bajo un sistema colectivo.

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Actualmente se encuentran en plena temporada 2022/23. En febrero culminó la campaña 2021/22, tras alcanzar los terneros nacidos en agosto los 150 días y pasar a recría mayor. El trabajo en esta área involucra directamente a 13 personas, que colaboraron activamente en la descripción de sus tareas al momento de redactar el Manual de Procesos de Tambo en Foco.

Tambo en Foco es un programa del grupo CREA en el que se convoca a “tambos referenciales” para que muestren, discutan y plasmen aquellos procesos en los que se destacan por su implementación y que se consideran claves en la obtención de renta.

Caraguatá fue elegido como uno de los 4 tambos referenciales para desarrollar el proceso de Cría y Recría y así poder realizar la transferencia efectiva de conocimientos sobre gestión de procesos críticos en este sector.

Esta información fue recopilada y transcripta de acuerdo al denominado Enfoque de procesos, tarea que estuvo a cargo de Rodrigo Bigliati, licenciado en Administración Agraria, al frente del Área de Procesos y Desarrollo Humano, y de Francisco Lagarrigue, veterinario a cargo de la sanidad del tambo.PUBLICIDAD

Los otros tres tambos modelos elegidos para este segmento fueron Alimentación TMR – Imbo Agropecuaria (Establecimiento Don Pedro), Mársico y Arata Agropecuaria (Establecimiento La Eloísa) y Alimentación Pastoreo – Aotearoa (Establecimiento Tambodem).

En esta entrevista, publicada en el portal de Contenidos CREA, Bigliati y Lagarrigue, comparten detalles del desarrollo del Manual de Procesos de Campo.

La estandarización de los procesos

 ¿Cómo vivieron esta tarea de describir en detalle el proceso de cría y recría que llevan adelante en el establecimiento?

F.L.: El Caraguatá tiene la premisa de dejar por escrito cómo ejecutar todos los procesos del tambo, aunque nunca lo habíamos hecho con tanto nivel de detalle. Cuando empezamos a desarrollarlo, nos dimos cuenta de que había muchas cuestiones que estábamos dejando afuera.

R. B.: Fue un lindo desafío profesional, y creo que el resultado es muy práctico y útil para todos, no solo para los productores o mandos medios, sino también para todas las personas que ejecutan las distintas labores de un tambo.

– ¿Qué descubrieron en ese camino?

R.B.: Nos ayudó a validar y consolidar el proceso, pero fundamentalmente nos permitió encontrar oportunidades de mejora en el preparto, cría y recría. A su vez, esta iniciativa determinó que trasladáramos el mismo esquema a los demás sectores del establecimiento.

F.L.: Con Rodrigo recorríamos las instalaciones para ver qué se hacía y cómo se hacía. Porque una cosa es la teoría, lo que uno espera que se haga, y otra es lo que ocurre realmente en la práctica. Tambo en Foco representa una instancia que permite revisar si teoría y práctica están realmente alineadas.

Cuando advertimos que ciertas cuestiones representaban una exigencia demasiado grande para el personal -por los tiempos o por la complejidad de la tarea- pensamos cómo modificarlas para que pudieran llevarlas a cabo. En otros casos, tratamos de encauzar ciertos procesos que se desviaban respecto de lo que se había planteado originalmente.

R.B.: En el caso de la guachera, por ejemplo, nos dimos cuenta de que para ser más eficientes era necesario sumar personal. A su vez, la capacitación continua y la automatización de las labores resultaron clave en la mejora del proceso, trayendo estabilidad al equipo de trabajo y una menor rotación.

– En ese “mirar con lupa”, también habrán encontrado cuestiones que no estaban especificadas, o que, tal como estaban planteadas no resultaban del todo prácticas.

F. L.: Sí, por ejemplo, no teníamos estipulado qué hacer con ciertas tareas en los días de lluvia. Hacíamos lo que podíamos. A partir de Tambo en Foco se estableció cómo trabajar en esas situaciones. Y lo mismo ocurrió con el gráfico del pasteurizador. Utilizábamos uno circular, bastante anticuado, que obligaba al personal a trasladarse a la oficina para visualizarlo con más detalle. Cuando se describió el proceso, vimos que ese era un punto para mejorar. Ahora está totalmente digitalizado.

– ¿Cómo fue el trabajo entre ustedes? ¿Y con el personal?

F.L.: Buscamos plasmar aquello que hacen quienes le ponen el cuerpo a la actividad diaria. Al intercambiar palabras con el personal respecto a las dificultades que padecen en el día a día se acortaron mucho los tiempos: quién encendía el pasteurizador y a qué hora, cuánto tiempo debía estar prendido, cómo debía ser el ordeñe de las vacas calostreras para que coincida con la toma de los terneros. Se trataba de cosas sencillas de organizar, pero que, al no estar por escrito, quedaban en el aire y se hacían un día de una forma y otro de otra. Ahora eso se estandarizó.

– ¿Cómo repercutió esa estandarización en el trabajo?

F.L.: Además de ser una guía, contribuyó a efectivizar el tiempo. Hoy se sabe qué hay que hacer y eso está incorporado como hábito.

R.B.: La gente se siente más segura de que lo que está haciendo está bien. Todo se organiza a partir de un cronograma y eso les brinda mayor autonomía. Más allá de los imponderables que puedan surgir en el día a día, se sabe que los jueves a la tarde los terneros se largan al corral de crianza colectiva; que los viernes hay que vacunar, y así sucesivamente.

Incluso si una persona se incorpora a un equipo que ya está funcionando, lo hace de una manera mucho más rápida y efectiva. Básicamente, este método permite acortar la curva de aprendizaje, que es en definitiva lo que se busca.

F.L.: Además otra cosa: las personas no sólo saben lo que tienen que hacer y cómo, sino también por qué. No es “lo hago porque me lo ordenan” sino que hay una razón detrás. Esto es fundamental porque se comprende la importancia de lo que se hace. Por ejemplo, por qué ofrecer la leche a la misma temperatura todos los días.

Los pasos del proceso están detallados en carteles o en carpetas que se pueden revisar cuando sea necesario. De hecho, al principio revisaban, pero ahora ya lo tienen incorporado.

Los riesgos

– En la descripción del proceso, además de los objetivos, incorporaron los riesgos y la forma de mitigarlos

F.L.: Pedro (Brandi) trajo esa idea de otras industrias. Se trata, más que nada, de una descripción de los puntos críticos de control (dónde pueden aparecer los principales problemas) y cómo morigerarlos.

Por ejemplo, la pasteurización, que uno toma como algo natural, es un aspecto a controlar. Tiene que hacerse bien, porque si hay una vaca con tuberculosis los terneros se contagiarán a través de la leche, y a futuro, ese es un problema enorme.

– ¿Cómo hacen para mantener “viva la llama” y no desviarse de lo escrito?

R. B.: Una vez descripto el proceso, lo que hicimos fue explicarles a las personas cada punto para que supieran cómo llevarlo a práctica. Hecho esto, iniciamos auditorías con un profesional externo que nos visita cada dos meses, observa la ejecución del proceso, identifica qué cosas se deben modificar y que cosas no se están haciendo como está indicado en el protocolo. Todo se consigna en un informe. Luego, nos reunimos con el personal para analizarlo y detectar oportunidades de mejora. Cuando se aprueba una actualización en el procedimiento, se la envía automáticamente al auditor para que en la próxima visita el procedimiento esté actualizado.

Resultados

– El objetivo general del proceso es lograr una ternera sana y bien desarrollada que llegue al parto con más de 480 kilos y menos de 24 meses de vida. ¿Cómo fue la temporada pasada?

R. B.: Muy positiva. Obtuvimos números muy satisfactorios y el equipo cumplió con los objetivos planteados al inicio.

F.L.: Todo empieza en el período de preparto. Uno tiene que conseguir que la vaca disponga de un buen ambiente, que esté bien alimentada y que llegue al parto en óptimas condiciones, con calostro de calidad y en cantidad para que la cría logre el mejor desarrollo posible y una buena ganancia de peso, ya que esa ternera va a constituir el tambo del futuro.

A grandes rasgos, en el ciclo 2021/22 se alcanzaron los objetivos planteados. Sólo hubo uno que no pudimos cumplir, que fue el de mejorar el porcentaje de morbilidad (tenía que ser menor de 25% y rondó el 35%). Hubo algunos problemas de diarrea.

– ¿A qué lo atribuyen?

R.B.: Es algo que estamos analizando. Tenemos algunos problemas de agua. Por un lado, contamos con agua salada, que es de pozo, y agua dulce, que es recolectada en tajamares.

En verano, el tajamar se secó y nos encontramos con agua contaminada, por lo que tuvimos que utilizar agua salada. Pero los animales la rechazaban, por lo que algunos se deshidrataron, con la consiguiente baja del consumo. Creemos que los problemas pudieron venir por ese lado.

– ¿Eso se tradujo en una mayor mortandad de terneros?

F.L.: No. La tasa de mortandad fue muy buena, lo que denota el buen trabajo del personal, porque si de esa alta morbilidad sólo pasó a mortandad un bajo porcentaje, significa que se la detectó y se la trató a tiempo. Además, los terneros estaban bien calostrados, lo que no sólo les garantiza un importante desarrollo en los primeros 60 días, hay datos que muestran que en las primeras lactancias también se comportan mucho mejor. Obviamente eso todavía no lo pudimos ver, pero se va a analizar más adelante.

R.L.: De hecho, el dato nos resultó un poco contradictorio, porque la mortalidad fue de apenas el 2,3% en crianza, los días de desleche se acortaron a 55 cuando suelen ser 60 y obtuvimos un mayor peso. Todo lo contrario de lo que se esperaba, ya que cuando hay diarrea se logran menores ganancias de peso diario y se alargan los días al desleche.

– ¿La calidad del agua es su principal amenaza?

F.L.: Es, sin dudas, nuestro principal desafío. Todos los meses hacemos análisis y buscamos la manera de mejorar este aspecto. De hecho, estamos poniendo boyas con pastillas de cloro que se van agregando una vez por semana para que llegue al ternero y a la vaca de la mejor manera posible.

– ¿Y el barro?

Francisco: ¡En qué tambo no hay problemas de barro! Lo que hacemos es mitigar estos problemas: antes, las vacas parían en un potrero, por lo que teníamos más terneros muertos y partos distócicos, más onfalitis, etcétera, pero ahora el preparto se produce en galpón con cama de aserrín, entonces gozan del mayor confort posible en esos 15 días previos a la parición.

A diferencia de otras campañas, en ésta contaban con la descripción del proceso, ¿qué les aportó?

F.L.: Terminamos el trabajo antes de empezar la campaña y resultó muy satisfactorio. Nos sirvió tanto para analizar los materiales que necesitábamos como los pasos a seguir.

– ¿Cómo viene la campaña 2022/23?

F.L.: Aún no tenemos los números finales. Algunos objetivos se cumplieron, pero la morbilidad se mantiene en los mismos valores, mientras que en mortandad crecimos un poco. No superamos el 5%, pero nuestro objetivo es estar en menos de 3,5.

– ¿A qué se debió?

F.L.: A una cuestión climática. En febrero, marzo y abril tenemos los picos de parición y, por los datos que teníamos, sabíamos que íbamos a tener más partos y que estos iban a estar más concentrados, porque los servicios del año pasado fueron muy buenos. Pero dio la casualidad de que fueron los tres meses de más precipitaciones en la zona. Llovió lo que no había llovido en todo el año y eso nos produjo serios inconvenientes, tanto en el preparto como en la crianza.

Y a eso se le sumó el problema del agua.

F.L.: Sí, en enero y febrero registramos una importante sequía, por lo que el tajamar se secó nuevamente, lo que nos obligó a ofrecer agua salada. Después empezó a llover con intensidad, pero el agua dulce estaba bacteriológicamente muy contaminada, lo que acarreó varios inconvenientes con los terneros.

– ¿Los pesos se vieron afectados?

R.B.: Este año tuvimos una merma en el peso al nacer: el año pasado contamos con un promedio de 39 y este año estamos en 37. El peso al desleche también bajó, aunque se sigue cumpliendo el objetivo de duplicar el peso al nacer. En cuanto a la ganancia de peso de la crianza, recién en julio hacemos la primera largada, así que vamos a ver qué sucede.

– ¿Tienen forma de medir los resultados económicos de esta actividad en particular?

R.B.: El año pasado resultó satisfactorio en muchos aspectos, por lo que recién ahora estamos empezando a analizar específicamente los resultados del sector crianza y recría, con un excedente y una venta de vaquillonas preñadas muy importante.

F.L.: Los últimos dos años crecimos en la venta de vaquillonas y eso se debe a que estamos trabajando muy bien en el preparto, en el calostrado y en la crianza, logrando ganancias de peso que brindan una posibilidad que pocos tambos tienen: elegir con qué vacas quedarnos y con cuáles no. Este año vendimos 400-500 vaquillonas y conservamos otras tantas para reposición y crecimiento.

R.B.: Tener excedentes no sólo te permite vender y crecer sino también ser más selectivo. En nuestro caso, por ejemplo, nos da la posibilidad de elegir vacas con información genética específica para producir leche de tipo A2, o sea, productoras de Beta Caseína A2. Eso te abre un abanico inmenso de posibilidades.

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