21 de noviembre de 2022 10:30 AM
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Mientras esperan a Sergio Massa, en las economías regionales hay preocupación por 2023

Los complejos perdieron competitividad; los precios internacionales están más bajos que hace cinco años y varios sectores exportaron menos que en 2019, último año sin pandemia

El ministro de Economía, Sergio Massa, anunció a principios de mes que el dólar especial para las economías regionales regiría a partir del 20 de este mes, pero se demoró por las dificultades para atender las 8600 posiciones arancelarias que abarcan los diferentes complejos. El anuncio fue la reacción del Gobierno a un año que no venía bien por las cuestiones climáticas, como la sequía y las últimas heladas, y también por la pérdida de competitividad.

Un trabajo del economista Jorge Day, del Ieral, de la Fundación Mediterránea, analiza que los costos asociados al agro y a la agroindustria aumentaron más que los salarios; en parte se explica por la inflación en los Estados Unidos y también por los incrementos generados tanto por la guerra en Ucrania (por ejemplo, el precio del petróleo) como por la menor oferta de insumos luego de la pandemia. Por caso, los abonos y fertilizantes: con la devaluación de 2018 aumentaron en pesos, pero no en dólares. En cambio, en el último año lo hicieron en moneda dura.

Para determinar si los precios de exportación compensan, compara lo que pasó con los productos pampeanos beneficiados por la suba fuerte de los precios internacionales de las commodities en 2021/22.

Ese fenómeno no se dio en las economías regionales, que sí se favorecieron con las devaluaciones desde mediados de 2018, que les redujo sustancialmente el costo argentino en dólares pero, con el tiempo, ese beneficio se diluyó.

Los costos salariales son menores en dólares, pero también el promedio de los precios de productos regionales. La situación es “más seria” todavía si se consideran otros costos, como el de los fertilizantes y del transporte aunque los combustibles no se hayan actualizado al ritmo de los precios internacionales, señala Day.

Hay una gran dispersión en el comportamiento de los precios internacionales de los productos regionales, pero en ningún caso aumentaron más que las commodities como la soja. El aceite de maní, aceitunas, jugos de uva, arroz y la ciruela seca están mejor que hace cinco años, pero, en la mayoría, el costo es menor: vinos fraccionados, azúcar, maní, uvas secas, té, poroto, yerba mate, peras, aceite de limón, manzana, garbanzos, limones, aceite de limón.

Problemas

Day señala que si la competitividad exportadora se deteriora, “las ventas al mercado externo se resienten luego de un tiempo; es más lento el efecto”. Describe que el 2020 y el 2021 fueron un caso aparte, por los problemas generados por la pandemia, pero en comparación con el 2019, un conjunto de actividades regionales exportó menos en los primeros tres trimestres de ese año, aunque en forma muy heterogénea.

El peor desempeño lo muestran las frutas (manzanas, peras), hortalizas industrializadas y lanas. “Todavía no está claro si marcan tendencia, pero la trayectoria es preocupante”, sintetiza.

Insiste en que un dólar especial para las economías regionales busca más un efecto “paliativo” para el sector que macroeconómico (sumar reservas al Banco Central), pero advierte que el panorama para 2023 “no es muy alentador”.

A nivel mundial, continuarían las políticas antiinflacionarias, especialmente en Estados Unidos, con mayores tasas de interés, que “generan varios problemas: un dólar más caro en el mundo, con países competidores de la Argentina que devaluaron sus monedas en términos reales (aunque en los últimos días no se dio), a diferencia del caso nuestro”.

También puede presionar a la baja de precios de las commodities, lo que “no necesariamente” impactaría sobre este tipo de productos típicos de economías regionales. Está, además, la influencia de cada mercado, que afecta en forma distinta a los respectivos precios.

Las políticas antiinflacionarias tienden a ser contractivas, lo que se traduce en un menor crecimiento económico mundial y, por ende, en menores importaciones, entre otros, de productos argentinos, repasa el reporte.

El economista apunta que, a nivel local, se insiste en utilizar el dólar oficial como herramienta para controlar la inflación: “Eso implica el riesgo de un ‘dólar alimentos’ que continúe rezagándose con respecto a la inflación, y más a medida que se acerquen las elecciones. En ese caso, el costo argentino seguiría incrementándose, a lo que hay que agregar las restricciones a importar insumos y partes. Ambas vertientes pegan de manera negativa a las economías regionales”.

Gabriela Origlia

Fuente: La Nacion

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