31 de enero de 2023 12:39 PM
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El precio del ganado bovino subió casi un 30% en un mes: ¿cómo se trasladará a la carne en las góndolas?

Tras meses de atraso del valor de la hacienda de los últimos meses, se esperaba una recuperación. ¿Cuánto y cuándo se trasladará al mostrador?

Luego de muchos meses en que la carne no era noticia porque su precio quedaba rezagado ante los aumentos inflacionarios, 2023 parece haber llegado con otros bríos.

El precio de la hacienda para faena, que venía estancado en términos nominales y retrocediendo en términos reales desde abril, se disparó de pronto: en el caso de los novillos y novillitos, subió entre $80 y 100 por kilo en lo que va de enero, hasta alcanzar $380 y $395 por kilo en el mercado de referencia de Cañuelas (antes Liniers). Un 27% en un mes, que empieza a trasladarse a los precios de la carne en góndola.

Que esto iba a pasar, se sabía en el sector; lo que no estaba tan claro era cuándo y en qué medida y a qué ritmo se trasladará a las góndolas.

Usualmente, los precios de la hacienda y la carne tienen un aumento visible un poco antes de las fiestas de fin de año; en 2022 se agregaba el atraso de los valores nominales en medio de una inflación de casi 95% anual, la más alta en más de tres décadas.

Pero la conjunción de un mercado interno con poder adquisitivo muy deteriorado, mercados externos con enormes dificultades y la sequía imperante, que incrementó la oferta de animales, parecía haber corrido esa fecha unos meses.

Carne: más que aumento, recuperación

Sin embargo, enero sorprendió con una recuperación brusca, que tampoco se sabe si terminó, porque a la hacienda todavía le queda un amplio margen para recomponerse respecto de los niveles del primer cuatrimestre del año pasado. Miguel Gorelik, director del medio especializado ValorCarne, sostiene que esta suba de enero implica que los novillos recuperaron, en un mes, un tercio del valor pico que habían conseguido en abril (que equivaldría a $530 del poder adquisitivo de hoy) y que luego habían ido perdiendo.

Carlos Riusech, presidente de Gorina, uno de uno de los mayores frigoríficos exportadores, apunta que la carne tiene su propia dinámica y “sube por escalones: suele acumular atrasos y luego aumenta de manera más notable, en general producto de sequías, inundaciones, u otros factores que puedan afectar circunstancialmente la oferta de ganado”.

El empresario coincide en que “lo que está pasando es una recuperación más que un aumento“, y observa que, a diferencia de la carne vacuna, los precios del pollo y el cerdo, que tienen relación más directa con el costo del maíz, venían siguiendo más en línea con la inflación.

Según datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), entre diciembre de 2021 y diciembre de 2022 el kilo de pollo pasó de $215,4 a $436,3, una suba de 97,9% interanual, mientras que el kilo de pechito de cerdo pasó de $593,5 a $957,8, un 61,4% más. En cambio, el promedio de cortes de carne vacuna registrados por la encuesta del IPCVA pasó de $856,9 a $1.219,9, una suba de 42,4% en el año.

¿Cuánto y cuándo el aumento se trasladará al mostrador?

Leonardo Rafael, presidente de la cámara de matarifes y abastecedores CAMyA, cree que “esta suba de la hacienda se va a trasladar al precio de la carne“, que así subiría “un 25 a 30%”, aunque aclara que “quizás con estos valores se retraiga la venta; eso lo va a marcar el mostrador y ese va a ser el techo de la hacienda”. No obstante, sostienen que a los animales aún “les queda por aumentar un 25 o 30% más por recuperar”, y ese nuevo aumento “hay que ver si va a ser a modo de shock o va a ir gradualmente”.

De manera similar, Juan Eiras, vicepresidente de la Cámara Argentina de Feedlot (CAF), opinó que “este 30% de aumento en estos días es el primer escalón de una meseta: en general, en estos últimos veinte años, las veces que pasó algo así la suba de dio en dos o tres escalones. Quizá en 20 o 30 días tenga otro ajuste, hasta que alcance un valor acorde con el resto de la economía que nos permita a nosotros producir”. Para él, eso podría significar que la carne promedie unos $2.000 por kilo, con cortes más cerca de $1.400 y otros de $2.600.

Gorelik, en cambio, piensa que “este aumento del 27% de la hacienda es difícil que se pueda trasladar a la carne al público”, y se inclina por pensar que la cadena comercial deberá absorber una parte, ya que los últimos meses, mientras la hacienda no aumentaba tanto como la inflación, pudieron recuperar márgenes.

Feedlots, en problemas

El retraso en los precios de los novillos venía perjudicando severamente a los establecimientos que engordan la hacienda a corral mediante granos (feedlots), que constituyen una porción importante del abastecimiento de carne en el país.

En los últimos meses, estuvieron produciendo con costos mayores al precio de venta, y así perdiendo miles de pesos por animal, por el alto valor de los terneros (los animales que ingresan al feedlot) y del maíz (el principal costo de la alimentación). Eiras calcula que un 30% de los feedlots debieron cerrar por la ecuaión negativa, y un 40% que se han descapitalizado un 20 o 30%: “Si antes engordar a un animal nos costaba $150.000, ahora cuesta 220.000, esto nos va a llevar años recuperarlo”.

Carne: un 2022 bipolar pero con buena actividad

Los grandes números de la carne fueron buenos en 2022, muy cerca de los niveles récord: unos 3,12 millones de toneladas producidas, 900.000 exportadas, por casi u$s3.500 millones, datos que estuvieron cerca de los valores récord.

En tanto, en el mercado doméstico, que absorbe entre el 70 y 75% de la carne que se produce, el consumo dejó de caer y hasta habría aumentado medio kilo, en torno unos 48 kg per cápita.

En cuanto al mercado externo, que tuvo un primer cuatrimestre excepcional, con precios cerca de los niveles récord en los principales mercados, pasó a la situación opuesta en el segundo semestre: en China, adonde se destina tres cuartas partes de la carne que exporta el país, los precios cayeron cerca de 40% por las enormes restricciones sanitaria por el Covid-19 y sus problemas geopolíticos; y en la UE, adonde se dirige la carne más preciada, el impacto de la guerra en el costo de la energía hizo que por varios meses la tonelada de cortes Hilton, que se había llegado a vender a u$s17.000 en el primer cuatrimestre de 2022, cayera por debajo de los u$s 10.000, un umbral que siempre enciende las alarmas.Una de las dudas es cuándo se trasladará el aumento de la carne al mostrador

El papel de la sequía en 2023 y 2024

Parte de esa buena performance de 2022 parece haberse debido a la sequía, que aumentó la oferta de animales al adelantar su venta para liberar los campos que se quedaban sin pasto. Para el analista ganadero Víctor Tonelli, “la sequía mantendrá alta la oferta de animales hasta entrado el invierno, iniciando un proceso inverso en septiembre u octubre”.

No obstante, prevé que esos animales irán a faena más livianos, al punto que el peso promedio de los animales faenados, que estuvo en torno de los 232 kg, puede caer entre 7 y 8 kg por cabeza.

Además, prevé que se faenará más de medio millón de vacas más que en 2022, que se destinará prioritariamente a la exportación. Como esa oferta extra de 20% superará la demanda interna, cree que “sería importante que el Gobierno quitara la prohibición de exportar 7 cortes para todas las vacas”. Cabe recordar que, al menos hasta fin de año, sigue prohibida la exportación de siete cortes populares (asado, falda, matambre, tapa de asado, paleta, vacío y nalga), salvo para las vacas de conserva y manufactura, que son las de carne menos apreciada en el país, que se envían a China.

Pero el mayor impacto de la sequía aparecería en 2024, cuando revele su impacto en las preñeces de hoy. Tonelli estima que esto puede provocar un 5 a 6% de pérdida de preñeces, más evidente en la región Centro y el NEA, y que en consecuencia en 2024 podría haber entre 1 y 1,2 millones de terneros destetados menos, con un total cercano a los 14 millones.

Fuente: iProfesional

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