2 de mayo de 2011 12:26 PM
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Qué pasará con la carne

Es difícil pronosticar hoy acerca de la producción de carne vacuna a mediano plazo. Operan en este fenómeno tensiones muy fuertes pero de sentido contrario, a favor y en contra, que vuelven complejo determinar cuál prevalecerá.

Una rápida revista a lo que pasa en el mundo nos habla de caídas importantes en la oferta de todos los grandes productores -incluidos nosotros- así como de una demanda sostenida en todos los mercados relevantes. Caen la producción y las exportaciones mundiales, y en particular según países ocurre lo siguiente: en Estados Unidos cae la producción desde el 2006, las existencias están en niveles muy bajos en términos históricos, aún con faena importante. En Brasil vienen cayendo la faena y las exportaciones; y Australia faena y exporta lo mismo desde hace varios años, con existencias en caída; Argentina ya exporta menos que nosotros. Y Europa, el gran distorsionador de otrora, ha desaparecido de las exportaciones hace tiempo. En definitiva, el tono de escasez mundial, tanto en términos absolutos como relativos a la demanda esperada en crecimiento, configuran un panorama de precios internacionales probablemente al alza. Ya hoy nuestro país logra precios de exportación equivalentes a los del primer mundo porque exporta a los que hoy son los mejores mercados. Y paga a sus ganaderos por su oferta, precios comparables a lo que reciben los productores de los países del primer mundo, a veces algo más, a veces algo menos, dependiendo de la peripecia forrajera doméstica. AQUÍ. En síntesis aquí se puede destacar en primer lugar que la producción total está cayendo ligeramente cada año desde el 2006, que las existencias también, que las vacas entoradas y los terneros nacidos no crecen desde el año 2003, y que la faena del 2006 de 2,6 millones de cabezas -el récord- con oscilaciones cayó hasta 2,2 millones de cabezas el año pasado. Con un número grande de empresas frigoríficas, en un escenario de escasez y fuerte competencia entre ellas, es claro que estas empresas, las que peor compitan, van a enfrentar algunos momentos duros. Peor aún, el año que viene va a expresar en el entore y en especial en la faena, el desastre de los nacimientos del año 2009, consecuencia de la sequía del verano 2008-2009. Esta escasez mundial, sumada para el año próximo a la doméstica, debería dar un tono elevado a los precios de todas las categorías, si la competencia fuera intensa. Varios estudios prueban que esto es así, que hay una intensa competencia entre plantas entre sí y con el exterior por la exportación en pie. Es más; de 2005 para acá la competencia crece, en tanto cae el porcentaje de la faena de las 14 mayores plantas, y crece como contracara el número de plantas que explican el 90 % de la faena (19 en 36, año 2011). RESPUESTA PRODUCTIVA. Si todo esto es verdad, si los precios van a ser más bien elevados, ¿puede esperarse un aumento de la producción? Para responder a esta pregunta tenemos alguna información cierta y también presunciones desgraciadamente sin cifras. Como se sabe, esta producción ligeramente en caída desde 2006 se da en un contexto de reducción del área más apta de pastoreo sustituida por la agricultura y la forestación. Hoy son 14,2 millones de hectáreas, 15,1 eran en el 2006, y 15,7 en 1997, año de los más altos de la serie. Quiere decir que alguna mejora ligera en la productividad por hectárea de pastoreo ha ocurrido para producir casi lo mismo que en el 2006 aunque faenando 400 mil cabezas menos, pero en 900 mil hectáreas menos, las mejores. Y aquí la información es mala para explicar lo ocurrido, porque hay un cambio técnico que no tengo hasta ahora forma de medir y me impide pronosticar más allá. En efecto, medir el área mejorada como indicador de productividad ya no sirve demasiado, por la explosión de la siembra directa que vuelve menos necesarias las praderas, y por el uso generalizado, no sabemos cuánto, de la suplementación con granos en todas las categorías, así como especialmente en los ganados en terminación. Algunos siguen sosteniendo erróneamente que la ganadería de carne tiene un problema en la cría, la que con pocos ajustes podría producir 3 millones de terneros. Pero no es así. Si la faena se mantiene en estos valores de 2,2 millones, si a la vez aumentara a tres millones de cabezas la oferta de terneros, estos valdrían menos que un pollo salvo quizás, si se mantuviera, por la exportación en pie. El cuello de botella es en mi opinión hoy la capacidad de engorde y terminación, desafiada en el área por la agricultura y la forestación, como ocurre en todo el mundo. Pero desde que se introdujo el grano no sabemos calcular aún cuál es esa capacidad de engorde que intuimos enorme, en menos espacio, para lograr aumentar producción y productividad. En realidad, el futuro es un tema de precios relativos entre rubros. Es probable que la agricultura, muy lejos aún de su límite geográfico, pueda expandirse en área, en especial si no prosperan los planes de suelos del MGAP que pueden hacerla caer. Y es probable también que, dado que estamos en una de las mejores relaciones históricas para la carne respecto de los granos, estos se difundan masivamente para la alimentación animal, en especial ayudado este proceso por programas de impulso en esta dirección. Entonces, más allá del 2012, superado el efecto pleno de la sequía 2008-2009, cabe preguntarse si volverá a crecer la producción de carne. Es probable que sí, aunque esta tensión se enfrenta con otra de sentido contrario derivada de la demanda agrícola por tierra. Hago ejercicios con algunos valores que me dicen que la soja debería prevalecer, y otros que me dicen lo contrario. Lamentablemente, no se sabe la evolución del uso de granos en la pecuaria para estimar la velocidad de crecimiento de esta tecnología, que es hoy la única capaz de generar incrementos importantes de producción a escala nacional. Algo forzado diría que el crecimiento de la agricultura más allá del 2012 tal vez se planche, y que la ganadería acelerará cada año su uso de concentrados, comenzando a crecer fuerte la producción luego del 2012. Esto ocurriría así con las relaciones actuales de precios de granos, carne, y soja. LA PEOR VARIABLE. Las dudas sobre la intervención posible del gobierno son la peor amenaza. Tanto la ganadería como la agricultura, para construir una nueva relación de sinergias positivas a la que están llamadas, pero establecida a altísimos niveles de productividad y producción, necesitan previsibilidad, no intervención en los precios, ni amenaza de hacerlo directa o indirectamente a través de políticas de suelos, laborales, etc. Así por ejemplo, si se quisiera limitar algún negocio -la exportación en pie o algún tipo de exportación de carne- por razones laborales, el desinterés inmediato del negocio iría de la mano de la estampida hacia la agricultura. Y al revés también puede pasar por ejemplo con los planes de suelos

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