10 de diciembre de 2009 09:50 AM
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Si esto se ve en la UE, la industria marplatense va a tener problemas

Helga Josupeit se ha desempeñado como jefa de proyectos de Globefish, el órgano de difusión oficial –por excelencia– de la FAO y lleva a delante las funciones de oficial de pesca del mismo organismo. Listar sus trabajos publicados o las charlas que ha dado sería interminable, todo ...

Helga Josupeit se ha desempeñado como jefa de proyectos de Globefish, el órgano de difusión oficial –por excelencia– de la FAO y lleva a delante las funciones de oficial de pesca del mismo organismo. Listar sus trabajos publicados o las charlas que ha dado sería interminable, todo ello relacionado con el desarrollo de la industria en general y de especies en particular. Desde hace años recorre el mundo, tomando conocimiento de los problemas de los pequeños, medianos y grandes productores del sector pesquero y acuícola, buscando acercar algún tipo de ayuda desde el organismo que representa. Conoce de cerca la realidad de los hombres y mujeres de la pesca y es por ello, quizás, que focaliza su atención también sobre aspectos sociales, además de los productivos.

En el año 2000 creó junto a INFOPESCA –el Globefish de Latinoamérica– la Red de Mujeres de la Pesca y Acuicultura, constituyéndose en el alma mater de esta organización. La FAO ya había destacado el rol de la mujer en el Día Mundial de la Alimentación en la figura de “la mujer que alimenta el mundo”; sin embargo, todavía quedaba mucho por conocer sobre las condiciones de trabajo, las necesidades de capacitación o niveles de remuneración. Sobre el rol de la mujer y de la FAO en los aspectos sociales que hacen a la industria pesquera, se centró la charla que pudimos mantener con esta interesante mujer.

REVISTA PUERTO: –¿Cuál es el objetivo que persigue la Red?

HELGA JOSUPEIT: –Aumentar la visibilidad de las mujeres en la pesca. Cuando empezamos en el 2000 la mujer estaba completamente invisible, sólo Chile y Perú tenían algo de estadísticas. Ese fue el objetivo con el que comenzamos; pero luego vimos que había muchos problemas en la pesca artesanal, en la postcosecha de los productos pesqueros, y la capacitación de las mujeres era muy necesaria. Entonces hicimos varios pequeños proyectos con las mujeres que son puntos focales de la red en distintos países. Desde la primera reunión pudimos ver la problemática de la pesca industrial, a nivel de plantas, de empleo… Decidimos entonces llevar a cabo un estudio en América del Sur, en el estado brasileño de Río Grande do Sur, Uruguay y Argentina, que por falta de dinero no se repitió en los demás países. Realizamos entrevistas con las operarias sobre su situación laboral y resultó bastante interesante porque una gran parte, el 80 por ciento, del salario de las mujeres se destina a la educación de sus hijos y el resto a la manutención de la familia.

RP: –¿Ustedes han observado en otros países de Latinoamérica situaciones de explotación en la industria pesquera y abandono infantil, similares a las que ocurren con los obreros de Mar del Plata?

HJ: –No es visible porque estas cosas se esconden; pero por ejemplo, sí se ve un poco en Ecuador, no pasa en Uruguay, ni en Chile, ni en Colombia, ni en Venezuela, ni en Perú y tampoco en Brasil. Al menos por lo que hemos podido ver en las plantas de Río Grande. En ninguna de las entrevistas que realizamos surgió la problemática del abandono de los hijos. Lo de Mar del Plata es un caso muy particular.

RP: –¿Hay algo que desde la FAO se podría hacer para evitar esta situación?

HJ: –Desde la FAO es un poco difícil, creo que la OIT debería tomar cartas en este asunto. Siempre depende de la relación política, ahora FAO tiene en la Argentina un representante que viene del sector pesquero. Entre las cosas que se podrían hacer estaría un estudio estadístico, pero siempre tiene que ser el país el que diga “estamos interesados”. Por lo que yo veo, el interés no es mucho.

RP: –¿Qué grado de importancia le da la FAO al dumping social, o más claramente a la explotación de los trabajadores?

HJ: –Es un tema muy largo, para FAO no existe la producción ilegal, todos nuestros datos son oficiales, no tenemos ningún dato de plantas que tengan personal en negro. Sin embargo se observa que hay diferencias entre países con respecto a lo que pagan a sus trabajadores. En España, por ejemplo, la cantidad de dinero dirigida a la seguridad social es mucho mayor que en los países asiáticos. La Unión Europea, a partir del año que viene, sólo va a aceptar productos que provengan de la pesca legal y certificada; en teoría, nada proveniente de la pesca ilegal podría llegar al mercado europeo.

RP: –El tema es que el Reglamento 1005 habla de plantas habilitadas, no de trabajo registrado. Lo que se observa entonces, tanto en la UE como en la FAO, es una gran falencia en lo que hace a la problemática social de la industria.

HJ: –Es un punto interesante, porque quienes están fuera de la UE ven este reglamento como una nueva barrera arancelaria pero no es así, nace de una preocupación real sobre la sustentabilidad de los recursos. Creo, además, que si uno hablara sobre estos temas con quienes tienen autoridad dentro de la UE, el tema social sería de interés y tendría un fuerte impacto porque nadie puede permitir el trabajo en negro. El caso de la Argentina es bastante particular; el caso de las cooperativas de Mar del Plata siempre me pareció muy complicado. Este tipo de cooperativas yo no las he visto en ningún otro país del mundo, parece una idea fantástica de los empresarios porque uno tiene otro concepto de la cooperativa y nunca puede pensar lo que realmente esconden. Estamos hablando de un potencial problema para las exportaciones argentinas, si esto se ve en un programa de la Unión Europea, mañana la industria marplatense va a tener muchos problemas. Sin embargo con tan poco podrían solucionarlo, una industria que factura millones puede tener una guardería para los hijos de sus obreros.

RP: –¿Por qué la FAO está financiando tan pocos proyectos productivos en Latinoamérica?

HJ: –Si hablamos de la historia de FAO en el financiamiento de proyectos productivos, en los 80 hubo muchos proyectos en la pequeña y gran empresa pesquera, para producción y para la investigación; pero ante un cambio de política, de proyectos de la FAO a proyectos nacionales, muchos dejaron de ser exitosos. Por ese motivo, de 200 proyectos en el ámbito de la pesca que teníamos ahora estamos en 20, son proyectos muy pequeños y no recibimos en este momento apoyo de otros países como España, con quienes teníamos proyectos por 8 millones de dólares; pero ante esta situación de crisis se han caído. Sin embargo la buena noticia que surgió de esta reunión –Red de Mujeres de la Pesca– es que Osvaldo Barbosa, Coordinador de Asuntos Internacionales del Ministerio de Pesca de Brasil, nos dijo que estarían dispuestos a brindar apoyo financiero a proyectos en conjunto con la FAO, empezando por Brasil pero con la idea de ayudar a los países de la región.

RP: –¿Desde la FAO se plantean, como organismo, el gasto que implican las reuniones, cuando ese dinero podría usarse para solucionar problemas puntuales de comunidades que llevan a delante proyectos productivos sin más recurso que la vocación?

HJ: –No, lamentablemente no; pero es una discusión que debería darse

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