8 de mayo de 2011 09:43 AM
Imprimir

El campo entra en casa

ESPAÑA : En la última década el campo alavés, del que viven unas 6.000 familias, ha perdido a casi cuatro de cada diez trabajadores, la superficie agraria útil ha caído un 25% y la falta de relevo generacional es acuciante (una de cada tres explotaciones las dirige una persona mayor de 65 años). Los jóvenes que se quedan y los que regresan a tomar las riendas del negocio familiar, todos bien formados, han empezado a dar un giro al agro local.

Un grupo cada vez mayor de productores cree que no pueden basar su futuro sólo en el modelo de producción intensiva, que en Álava ha arraigado con más fuerza que en el resto del País Vasco, y que logra sacar más rendimiento de huertas o ganado a base de concentrar terrenos, incrementar cabañas, mejoras genéticas y nuevas tecnologías. Los críticos creen que, pese a todo el trabajo y la inversión, competir en un mercado globalizado es entre complicado e imposible. El cereal del Este, los ajos de China o la carne de Brasil son los que al final llegan al estómago del alavés. Están vendidos a las empresas transformadoras. Su margen de beneficio es pequeño y cuando los precios se desploman dependen de las subvenciones, que el pasado año supusieron el 30% de la renta agraria.Por contra, el intermediario siempre gana, y con poco riesgo. «Es mucho más rentable vender que producir», resume el profesor de la UPV experto en sociología rural José Ramón Mauleón. Ante esta situación, relata, numerosos productores se han reinventado. Creen en el campo alavés y sus posibilidades y han vuelto al modelo tradicional, con explotaciones más pequeñas. Pero su gran reto es cómo llegar al consumidor sin terceros y sin perecer en el intento.¿Tomates todo el año? De forma paralela, las familias empiezan a tener conciencia de que no es posible que haya tomates todo el año y baratos. ¿A costa de qué? En cuanto uno busca respuestas, agrega Mauleón, descubre que lo que se lleva a la boca ha sido tratado con muchos, quizás demasiados, productos químicos y que las condiciones laborales de sus recolectores quizás no sean muy dignas. «Quieren saber cómo ha sido elaborado ese alimento, cuál ha sido su impacto ambiental y social».Así, los intereses de los agricultores y ganaderos alaveses y los de las familias empiezan a converger y ya son miles los hogares que se aseguran de tener en sus despensas productos locales, muchos de ellos ecológicos, y de temporada. Mercados y tiendas de productores, asociaciones de consumidores y grupos de consumo son los responsables de que el campo y la ciudad estrechen lazos en Álava.La Asociación de Consumidores de Productos Naturales en Álava Bioalai es, en ese sentido, pionera. Hace ya 18 años unas 20 familias sumaron esfuerzos para acceder de manera sencilla, barata y directa a productos ecológicos que hasta la fecha era difícil conseguir en Vitoria. Hoy Bioalai abastece a 750 hogares, maneja más de 2.000 productos, incluidos pañales o productos de limpieza con sello ‘verde’, y da empleo a seis personas que se encargan de la tienda de Gazalbide. «La crisis aquí no se nota, no hemos parado de crecer», explica su presidenta Cristina Díaz. La tienda se abastece en la medida que puede de manera directa de los agricultores, ganaderos y panaderos que han logrado la etiqueta ecológica y que en Álava son ya más de 80. Allí ni hay transgénicos ni cosas superfluas. «La verdad es que realizas un consumo más responsable y eso hace que te ahorres dinero», defiende Díaz. Cada socio paga una cuota de entrada de 180 euros y abona 18 al año. Organizan charlas y talleres de cocina.También nacieron hace tres años grupos para poner freno al consumo desmedido, apostar por la sostenibilidad, por el campo local, los productos cuidados con manejo ecológico y el precio justo. En Vitoria funcionan ya tres que se reúnen en el bar El 70 de la calle Cuchillería, sede de la cooperativa Bidezko Bidean, explica Isa Álvarez. Uno o varios productores se encargan de cubrir las necesidades básicas semanales de entre 20 y 30 familias cada uno. Iñaki Urkijo, un productor de pollos y cerdos de Llodio, se encarga de las cestas de mayor tamaño: 50 hogares. El jueves, día de entrega, Miren López de Subijana mete en su carro huevos, acelgas, lechugas, habas, guisantes, naranjas, garbanzos y una hogaza recién horneada. «Todo sabe maravillosamente y, además, aprendes a manejarte con lo que hay. Por ejemplo, el otro día comimos las hojas de las remolachas con alubias, deliciosas».Muy cerca, Iñaki se congratula. Ha puesto su grano de arena en lo que considera un objetivo clave para el agro vasco: «la soberanía alimentaria». Gracias a su grupo de consumo viven tres personas, con unos ingresos justos y unos horarios decentes. «Conseguimos trabajar 40 horas semanales», explica. Si surgen nuevas familias interesadas, se buscará a nuevos proveedores. «Porque nosotros no pretendemos acaparar, sino repartir».Comedores colectivos Son iniciativas que calan, como la de las tiendas de venta directa de Uagalur en la calle Logroño y la plaza de Abastos que acaban de cumplir dos años. «Vimos que los consumidores nos preguntaban si podían comprarnos y que había productores que quería salir de los circuitos convencionales de comercialización», explica desde UAGA Yolanda Ugarte.Hoy, la tienda del Anglo abre de martes a sábados en horario comercial, cuenta con 60 productores adheridos y vende hasta por internet. Sus próximos retos son proveer a comedores y ya ha probado con suerte en una empresa. «Al comedor iban sólo 30 trabajadores y hoy van cien y encantados». Las claves: calidad, precio justo y relación de confianza

Fuente:

Publicidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *