9 de mayo de 2011 09:39 AM
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Una fiesta productiva que puede empañarse

La lechería argentina está lanzada. Luego de un 2010 considerado sin dudas como el mejor año en décadas en términos de rentabilidad, como consecuencia del buen clima, las muy buenas relaciones con el maíz y la soja, y un precio en tranquera de tambo que viene subiendo, la producción lechera continúa un derrotero productivo más que significativo.

Así lo consigna por ejemplo el Centro de la Industria Lechera (CIL) en su encuesta que mensualmente obtiene de las diecisiete industrias más importantes: en el primer cuatrimestre de 2011, el recibo de leche creció 17 por ciento en relación al mismo período del año anterior. No es un dato menor que ya en abril, el mes de menor producción estacional históricamente, la producción esté creciendo en relación a marzo pasado.

Pero más allá de estos positivos pronósticos, sólo hay que darse una vuelta por los tambos para darse cuenta de las inversiones y planes de crecimiento que hoy se están llevando a cabo, ante la convicción de sus dueños de que están en un negocio lucrativo y, lo que es más importante, que compite y supera a otras actividades como las agrícolas. Productividades que superan los diez mil litros de leche por hectárea por año permiten competir y superar holgadamente, en la mayoría de las cuencas, a cualquier alternativa como soja o maíz.

Esta positiva evolución estaría asegurando -según los principales gerentes de producción primaria- un piso de crecimiento del 5 al 6 por ciento, y si el clima sigue acompañando como hasta ahora, no sería improbable que alcnance un 9 por ciento. Se superaría por primera vez en la historia los once mil millones.

Adicionalmente, el precio de la leche en polvo -el principal producto lácteo exportado por la Argentina- compensa por ahora el progresivo deterioro del tipo de cambio debido a la inflación y a un dólar estancado. Valores en un rango entre los 4000 y 4400 dólares por tonelada de leche en polvo exportada permitirían sostener los actuales niveles de precio al productor. A diferencia de otras épocas, el mayor excedente podrá ser tomado como una oportunidad en lugar de un problema ante un mercado mundial demandante de leche, actualmente "traccionado" por China que este año importaría 400.000 toneladas de leche en polvo, duplicando sus compras en relación al 2009. Los excedente lácteos pueden representar este año el 30 por ciento de la producción nacional.

Pero esta película con sabor a final feliz requiere de algunas consideraciones para que no culmine todo en otra recurrente frustración lechera. Frente a un consumo nacional de lácteos que se mantiene alto y estable -en alrededor de 200 litros por habitante por año-, será fundamental mantener un ritmo y una fluidez en las colocaciones al exterior para evitar cualquier impacto negativo en el mercado interno.

Será menester no caer en arbitrariedades oficiales en el manejo de los permisos de exportación, como ocurriera a principios de año. Aún no se sabe cuál fue la razón por la que durante casi treinta días entre febrero y marzo pasados, no se expidió ninguno de los ROEL, los registro de contratos de compraventa al exterior de lácteos. Durante dicho período ningún producto lácteo fue embarcado. Nadie en el sector se quiere imaginar qué podría pasar si dicha situación ocurriese en la primavera, en el pico estacional de producción. Tampoco es menor el desafío que tiene la producción primaria en materia de competitividad. La brecha entre los tambos que mejor producen y el promedio es demasiado grande como para no redoblar los esfuerzos. Los mejores precios no resuelven los problemas estructurales. La lechería está lanzada. Sólo hace falta que no la hagan tropezar.

El autor es director de Infortambo

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