11 de mayo de 2011 00:22 AM
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Siete horas de viaje, media de trabajo

Siete horas de viaje diario le toman a Jesús Gani, de 26 años, ir y volver entre Virrey del Pino, donde vive, y el Frigorífico Rioplatense, en Pacheco, donde trabaja como despostador de la empresa tercerizada Ansucaru. Lo paradójico es que, una vez allí, Gani trabaja sólo media hora, porque no hay más trabajo para hacer.

"Yo participé de una huelga que hicimos hace poco reclamando un aumento de sueldo, y como corolario, a mí y a otros compañeros nos despidieron. Después, una conciliación obligatoria nos devolvió al trabajo, pero no sabemos por cuánto tiempo", dijo Gani, que tiene dos varones de 12 y 10 años y una chiquita de 2. El obrero cree que por su participación en las huelgas recibe pocas tareas en la fábrica, como castigo.

Tanto Gani como su amigo, Eduardo Sánchez, están en esta misma situación. Ambos son padres, ambos tienen 26 años y son el único sostén de sus hogares, así que están preocupados por cómo sobrevivirán si los vuelven a despedir. Hoy, subsisten a duras penas entre lo que sacan del frigorífico y la ayuda de familiares.

Debido a la ola de despidos, creen que sus perspectivas laborales son escasas. "Tenemos oficios especializados, pero hay tanta gente como nosotros en la calle que hoy muchos ex trabajadores del sector que, con tal de trabajar, aceptan cualquier condición o sueldo y van decayendo las condiciones de trabajo", explicaron los operarios.

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