16 de mayo de 2011 11:44 AM
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La Argentina de los dos países

En el afán de defender la soberanía de los argentinos, el Gobierno nacional exacerbó el consumo interno de carne a precios artificialmente bajos, con exportaciones controladas.

En 2007, el kilo de costeleta costaba ocho pesos. En 2009 ya había trepado a 14 y ahora cuesta 33 pesos, 312 por ciento más que hace cuatro años. En ese lapso, los salarios privados –según el Indec– subieron 119 por ciento, pero el consumo per cápita anual es apenas 17 por ciento más bajo que en 2007. Cayó el consumo, pero muchísimo menos de lo que subieron los precios.¿Por qué? En el afán de defender la soberanía de los argentinos, el Gobierno nacional exacerbó el consumo interno de carne a precios artificialmente bajos, con exportaciones controladas. Eso y una soja tres veces mejor paga de lo que promedió en la década de 1990 hicieron que muchos abandonaran el negocio. La estocada final fue la sequía, y nos comimos 10 millones de animales.La carne barata se acabó, pero nos sigue gustando mucho, así que igual compramos. Un poco menos, pero no tanto. ¿Conclusión? Terminamos siendo más pobres, porque destinamos mucho más dinero que antes a la compra de alimentos. El gasto de la familia se termina concentrando cada vez más en las cosas imprescindibles, especialmente el gasto en alimentos de las familias más humildes.Para disimular lo indisimulable, el Gobierno creó el programa Carne para Todos, hecho a medida de los precios de carne que necesita el Indec para elaborar su cuestionado índice de precios al consumidor. El esquema es perverso: por cada kilo con el que el frigorífico contribuya al programa, Guillermo Moreno le libera 2,5 kilos para exportar. Debe ofrecer 13 cortes populares a precio retro, como valían en 2008.Muchos volvieron al negocio, seducidos por los altos precios. Claro que quien remató una vaca a menos de 100 dólares hoy tiene que juntar mil para comprarla preñada y esperar tres años para que esté a punto el novillo. Hay que tener plata y confianza en que no se volverán a pisar los precios.Por ahora, seguimos en la Argentina de los dos países. El capítulo de carnes se ilustra con el camión refrigerado que vende muy de vez en cuando a 11,80 pesos la costeleta. En el país real, hay que pagarla 33 pesos.

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