11 de diciembre de 2009 07:37 AM
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Argentina, ¿importador de carne?

Suena absurdo, pero este país, que siempre hizo alarde de tener más vacas que personas, podría verse obligada a importar carne en los próximos meses como consecuencia de una política oficial que, en su afán por hacer bajar los precios en el mercado local, desalentaría la producción vacuna.

El gobierno apela a impuestos, restricciones a las importaciones y control de precios para garantizar que la ciudadanía tiene acceso a la carne. El beneficio de los ganaderos, sin embargo, es ínfimo y muchos están dedicándose a otras cosas e incluso matando a las hembras, que son la “fábrica” de la carne. Sin hembras, se interrumpe el ciclo reproductivo. En los últimos tres años la agricultura ganó 13 millones de hectáreas a expensas de la ganadería, utilizadas mayormente en la producción de soya. De todos modos, en los primeros ocho meses del 2009 la industria frigorífica faenó casi 11 millones de cabezas, según un informe de la Cámara de la Industria de Comercios de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA). Se trata del nivel de actividad más elevado para ese período en las dos últimas décadas. “Esa sería una muy buena noticia si no fuese porque la participación de las hembras en esa faena fue casi 50%”, destacó CICCRA. Y por si esto fuera poco, casi la tercera parte del campo enfrenta una de las peores sequías en 70 años. “A este paso vamos a terminar importando carne de los países vecinos”, dijo el presidente de la Asociación de Productores de Carne Bovina Argentina, Angel Girardi. “Y esa carne será más cara y de menor calidad”.
Época de “vacas flacas”
Amantes de los jugosos bifes y de la carne asada, a los argentinos se les avecina un panorama poco alentador: o moderan su consumo o habría que importarla. La Cámara de la Industria de la Carne se inclinó en su último informe por la primera hipótesis al vaticinar que no se llegará a la importación. Según esa fuente, cuando se alcance un nivel insuficiente de producción de carne, los precios aumentarían en forma significativa y ello obligaría a muchos a moderar su consumo o volcarse a productos sustitutos. El gobierno dice que el único objetivo de sus medidas es hacer que la carne esté mas al alcance del consumidor local. Ningún funcionario del gobierno aceptó hablar con la AP para este reportaje. Los argentinos son en general reacios a reemplazar la carne vacuna por el pollo, cerdo o conejo. Y mucho menos aceptar las recetas vegetarianas. Cualquier parrillada, como se denomina al rito de asar los trozos de res, tiene que tener carne, cuyo corte más apetitoso nace de las costillas. Entre enero y agosto del 2009 los argentinos se devoraron 73.9 kilos por persona, el mayor nivel para el periodo de los últimos 15 años, de acuerdo con CICCRA. “En mi casa casi todos los días se come carne”, dijo María Gremone, una viuda italiana de 77 años que vive con uno de sus dos hijos en el barrio de Floresta. “Y todos los domingos yo misma hago carne asada para mis hijos, amigos y nietos que vienen a visitarme”. Con 55.3 millones de cabezas, los bovinos son más que los 41 millones de personas que habitan Argentina. El consultor Víctor Tonelli estimó que el año próximo Argentina tendrá ocho millones de cabezas menos que en el 2007, un año después de que el entonces presidente Néstor Kirchner cerrara las exportaciones para frenar el aumento de los precios al consumidor. La caía del stock ganadero hace suponer que en el 2010 faltarán cerca de tres millones de terneros con lo cual habría alrededor de 600,000 toneladas menos de carne, una cifra semejante a las exportaciones estimadas para este año. Hugo Biolcati, titular de la Sociedad Rural Argentina, que nuclea a los propietarios de tierras, advirtió que la escasez de carne se empezará a notar en el 2010 “pero en el 2011 será peor y será imposible frenar la importación”. Si Argentina se ve obligada a importar carne, resignaría la venta al extranjero de unas 4 millones 350,000 toneladas de cortes vacunos, negocio que en el 2008 representó ingresos por 1,500 millones de dólares, según datos del sector privado

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