20 de mayo de 2011 12:17 PM
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¡Poco serio . . . !      (Susana Merlo)

Mientras Brasil debe tomar resoluciones drásticas ante las medidas unilaterales de la Argentina, y hasta los chinos protestan por las protecciones de mercado inconsultas que se le aplican a sus productos, el país da (mal) ejemplo permanente de doble discurso ante el mundo, como si los demás no tuvieran ni idea de las cosas que ocurren aquí adentro.

Pero tal vez, el ejemplo más grotesco, y el más emblemático, sea el de las intervenciones de la Administración K en el poderoso Grupo de los 20, respecto a las políticas agrícolas ante la escalada mundial de los precios, especialmente, de los granos.
Tal situación determinó que en un primer momento se formaran tácitamente dos grupos: los que propugnaban un "tope" a los precios agrícolas como forma de evitar el aumento de pobres que se estaba generando en el mundo por el encarecimiento de la comida, y los que se negaban en forma tajante a esa posibilidad de intervencionismo y abogaban por la búsqueda de otras soluciones para los países más comprometidos, vía subsidios, ayuda alimentaria, etc.En aquella primera reunión en Francia, la delegación oficial argentina se alineó con este último grupo a pesar de que, para malestar de algún funcionario, estaba liderada por los Estados Unidos y también Brasil.
En la vereda de enfrente, entre otros, estaba Francia, tal vez ensayando una suerte de discurso populista en aquel momento.
Pero lo grotesco es que la Argentina se alineó contra los que pretendían aplicar las mismas recetas que el Gobierno kirchnerista utiliza fronteras adentro, para contener los precios locales de los alimentos y, "defender así la mesa de los argentinos", según dicen.La realidad es que, hasta ahora, tras casi 6 años de intervenciones crecientes, y de haber perdido varios mercados que ya no son confiables debido a los desvíos que provoca el propio accionar oficial, la evidencia objetiva muestra que no solo no controlaron los precios de los alimentos (al contrario) sino que, peor aún, afectaron tanto la rentabilidad de algunas producciones que hasta van en vías de extinción.Esa política, además, de desvío arbitrario de recursos y de asignación artificial de renta, determinó que algunos sectores recibieran subsidios casi descabellados para la economía local (harineros, polleros, cerdos, feed lot, etc.) en detrimento de otros eslabones de la cadena productiva. Pero, lejos de solucionar así los problemas o al menos atenuarlos, el esquema siguió siendo igual o más inestable al punto que hoy muchos de estos sectores no podrán subsistir sin el auxilio oficial y las prebendas que recibían. El problema es que ahora los recursos son menores y el Gobierno debe recortar varias de estas ayudas, y ahí reside buena parte de la encrucijada oficial: a quién mantenerle y a quién suspender lo que muchos ya consideran un derecho adquirido.Pero volviendo al plano internacional, son justamente estos resultados de la Argentina los que fortalecen la posición de los países que se oponen a un recorte artificial de los precios agrícolas, como se señaló, encabezados por Estados Unidos y Brasil, entre otros.
Pero, en la reunión de esta semana del Grupo de Comodities del G 20, justamente aquí, en Buenos Aires, sorprendió Francia al sostener que ellos "nunca habían abogado por la intervención al mercado", algo bien opuesto a lo que ocurrió en Paris hace pocas semanas atrás.Igualmente, como ejemplo de doble discurso, las declaraciones de los funcionarios locales no le fueron en zaga al mostrarse como defensores a ultranza de la libertad de mercados y hasta alardeando con la responsabilidad de hacer frente al hambre en el mundo, tema que muchos le enrostran a la Argentina como uno de los pocos países en condiciones agroecológicas de crecer fuertemente en la producción de alimentos, y que no está sucediendo debido al freno que impone la política local que se viene aplicando especialmente en los últimos 5 años."Tenemos que producir más con más productores" y "Nosotros nos hicimos eco del pedido de la FAO que reclama más alimentos para el mundo", fueron algunas de las frases mediáticas que se lanzaron para los periodistas de distintos países, pero que no tienen nada que ver con los intervenidos y vapuleados mercados agropecuarios locales, con la pérdida de más de 22% del rodeo vacuno nacional, con el estancamiento desde hace 10 años de la producción de leche, con la producción de trigo en el 50% de sus posibilidades o la de maíz en el 60%/65%. Tampoco tiene nada que ver con el extraordinario desfase que se provocó en favor de la soja, ni con el daño ambiental que se está produciendo por la falta de rotaciones el monocultivo y la desaparición de la ganadería de muchas regiones.
Y, ¿qué se podría decir de la descomunal concentración o de la desaparición de miles de productores expulsados de su actividad por las medidas que se imponen internamente pero se denostan en el exterior?
¡Muy poco serio…!

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