21 de mayo de 2011 00:58 AM
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Consejos chilenos para salir del laberinto

Que la política agropecuaria se parece a la de un ebrio que camina a los bandazos, de extremo a extremo de la vereda, ya no es ni siquiera una observación graciosa. Lo cierto es que a la producción, después de las elecciones nacionales de octubre, se le presentan alternativas tan diversas como pueden ser la eliminación de los Roe, el Oncca o las retenciones a las exportaciones, así como la posibilidad de tener una Junta Nacional de Granos manejado por la agrupación La Cámpora. ¿Exageración?

El viceministro de Economía, Roberto Feletti, afirmó: "Es necesario profundizar aún más la intervención estatal en el sector privado" y consideró que "el populismo debe radicalizarse". Es cierto que nunca ha sido una costumbre argentina la de caminar hacia un rumbo fijo de manera pausada y a un ritmo sostenido. Y que las cuestiones que hacen a la producción de alimentos no han sido la excepción a esta conducta. Pero el espectáculo de andar por la vida esquivando baldosas, desorientando tanto a los que tienen que producir como a los que nos compran, ya parece un tanto exagerado.Los organizadores del último congreso de Maizar, en esto de buscar experiencias que demuestren que es aún posible mantener un rumbo sensato, se mostraron impiadosos al convocar a los ex ministros de Agricultura y Ganadería de Brasil, Uruguay y Chile. No es novedad que las comparaciones con nuestros vecinos en materia agropecuaria caen últimamente bastante odiosas y ya se parecen a una práctica sadomasquista. Pero esta vez el panel compuesto por Roberto Rodrigues, Ernesto Agazzi y Jaime Campos Quiroga llegó casi a ofender al auditorio que los escuchaba, al traer a cuento ejemplos de un sentido común que aquí ya parece olvidado. Roberto Rodrigues, fiel a su personalidad, se permitió efectuar algunas cargadas como esa de "la Argentina es especialista en eso de exportar mercados ? que después aprovechamos los brasileños". Más cauto, pero no menos contundente fue el uruguayo Ernesto Agazzi, cuando explicó cómo se multiplicó la actividad económica al fortalecer las cadenas agroindustriales.Fue quizá la experiencia chilena, que relató el ex ministro Jaime Campos Quiroga, la que dejó la mayor cantidad de claves para salir del laberinto y las controversias en que esta atrapada la producción agroalimentaria argentina. Accedió a un diálogo que por momentos fue imperdible. En media hora relató la transformación que sufrió la agricultura chilena, que pasó de estar estancada, sin crecimiento ni destino, enfocada básicamente a un pequeño mercado interno de 16 millones de consumidores, a convertirse en un competitivo productor internacional de alimentos de alto valor. En los años noventa, las exportaciones no se despegaban de los 2000 millones de dólares anuales, el año pasado llegaron a superar los 16.000 millones de dólares. Hay que decir también que los sucesivos gobiernos chilenos le pusieron el hombro a la transformación productiva al abrir mercados en todo el mundo, en especial los del hemisferio norte para vender productos de contraestación. El 90% de los mercados a los que exporta Chile tiene arancel cero por los tratados de libre comercio. En definitiva, es la famosa articulación público-privada, pero en serio.Sin embargo, lo más interesante de la charla fue como los productores y los políticos chilenos tiraron al cesto de la basura paradigmas que no los llevaban a ningún lado. Del puro ideologismo pasaron al pragmatismo más rabioso. De las discusiones de café, a tratar de comprender la realidad y que se debe hacer para sacarle el máximo jugo posible."Ustedes han politizado e ideologizado esta cuestión. Nunca van a tener una carta de navegación si el campo es tomado como una bandera político partidaria. Se politiza algo que no debe ser politizado", se animó a decir, en voz baja, Campos Quiroga. Sabe evidentemente de lo que habla: en Chile se sufrieron nada menos que tres reformas agrarias y una contrarreforma."En Chile, las retenciones o las cuotas de exportación van contra toda lógica. Ya optamos por un modelo y cualquiera de los partidos que llega al gobierno es consecuente con esa decisión. Hay una continuidad y ya no tenemos gobiernos que creen que con ellos comienza el mundo.Cuando se le preguntó cómo alcanzaron ese gran acuerdo para fijar y mantener un rumbo, Campos Quiroga respondió: "Siendo ministro y contando con todo el apoyo político del presidente Lagos, efectué una gran convocatoria de productores, industriales y parlamentarios. Comenzamos a trabajar para diferenciar los mitos de las realidades de nuestro agro. Y nos preguntamos ¿Cuál es la agricultura que queremos? ¿Cuál es la que podemos construir? Todo lo hicimos consensuadamente porque si hay un sector que tiene que tener un acuerdo de largo plazo ese sin duda es el agrícola por sus ciclos biológicos". ¿Será tan difícil de copiar?.

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