24 de mayo de 2011 13:49 PM
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CKF enredada en su política populista

Cuando los gobiernos meten demasiado la mano en la economía, inexorablemente se van enredando en más regulaciones que conducen a más problemas, con lo cual terminan enredados en una maraña de conflictos que no pueden resolver. El kirchnerismo ha sido un especialista en ir enredándose en sus propias medidas.

Veamos algunos de los enredos. Al iniciar su gestión, allá por mayo de 2003, el kirchnerismo apostó a un dólar caro. Por definición, cuando se establece un dólar caro automáticamente se sustituyen importaciones. El saldo del balance comercial pasa a ser positivo y la oferta de divisas supera a la demanda, si no hay fuga de capitales. Para que el dólar siga siendo caro, el gobierno tiene que generar el superávit fiscal necesario para comprar las divisas excedentes en el mercado y evitar que baje el tipo de cambio nominal. El gobierno kirchnerista nunca tuvo ese superávit fiscal y fue el Banco Central el que emitió moneda para comprar las divisas excedentes. Hoy el Central emite para comprar divisas y para financiar al tesoro porque hay déficit fiscal. El resultado es un agudo proceso inflacionario con un tipo de cambio que entre mayo del 2003 y al momento de redactar estas líneas subió el 47% frente a una inflación del 210%. El tipo de cambio real cayó fenomenalmente, al punto que hoy un productor de soja tiene un tipo de cambio real efectivo menor que en el 1 a 1 de los noventa. Al bajar el tipo de cambio real se fue modificando el modelo de sustitución de importaciones. Estas comenzaron a subir al doble que las exportaciones. El saldo del balance comercial comenzó a bajar y la fuga de capitales se aceleró. En el primer trimestre de 2011 el saldo del balance comercial, a pesar de las restricciones a las importaciones, fue de US$ 2.391 millones frente a una fuga de capitales de US$ 3.676 millones, con lo cual desde el tercer trimestre del 2007 hasta el primer trimestre de este año el famoso modelo productivo ha logrado generar una fuga de capitales que ya llega a los US$ 61.000 millones. En definitiva, ni la soja en precios récord ni el dólar barato en Brasil evitaron la caída del saldo del balance comercial. Por eso, previendo que la fuga de capitales iba a superar el saldo del balance comercial, el gobierno estableció licencias no automáticas de importación perjudicando a socios comerciales, por ejemplo Brasil y Uruguay. Creyéndose un genio de la economía, el secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno desató los demonios de Brasil, que respondió con la misma moneda. Frenó las importaciones de automotores desde Argentina. Para que tengamos una idea, el año pasado las exportaciones de automotores a Brasil sumaron unos US$ 5.300 millones. Sin ese mercado el sector automotriz va a quedar paralizado, porque de las 696.000 unidades que se fabricaron el año pasado, se exportaron 436.000, el 63% del total, siendo Brasil el principal destino. La "viveza criolla" del gobierno de frenar importaciones para que no le caiga tanto el saldo del balance comercial puede terminar en dos cosas ante la reacción del gobierno brasileño: a) caída del saldo del balance comercial por menores exportaciones de automotores y b) serios problemas de ocupación en el sector automotriz, porque el mercado interno no demanda la cantidad de automotores producidos el año pasado. Por esquivar la moto, chocaron contra el camión. Otro ejemplo, en su política demagógica de tarifas baratas de energía y transporte, el gobierno desestimuló la producción interna de gas, insumo relevante para las plantas generadoras de energía. Con las reservas de gas que se están agotando, el gobierno tuvo que importar gas del norte de África. Al productor local no le permiten cobrar más de 2,5 dólares por millón de BTU. Como este precio no es negocio, no hay inversiones en el sector y tienen que importar gas licuado. En realidad es gas que a una determinada temperatura hay que licuarlo, traerlo en barco y luego volverlo a forma de gas para inyectarlo en las cañerías. El costo es de US$ 15 dólares el millón de BTU. El resultado de semejante disparate ha sido que las importaciones de combustibles crecieran fenomenalmente reduciendo el saldo del balance comercial (cada vez hay que importar más gas a precios más altos), la diferencia de precio la paga el gobierno aumentando sus gastos. Eleva el déficit fiscal, el Banco Central emite para financiar al tesoro, retrasa más el tipo de cambio, impacta sobre el comercio exterior, etc. Ni el inspector Clouseau podría haberlo hecho peor. En 2005, demagógicamente decidieron que la carne tenía que ser barata y frenaron las exportaciones. Desestimulados, los productores liquidaron 15 millones de cabezas de vacunos. Hoy la carne es más cara, el consumo bajó de 75 kilos anuales por persona a 55 kilos. Perdimos los mercados externos y los frigoríficos exportadores se encuentran en una situación tan crítica que ya existen problemas para sostener a sus trabajadores. Otro ejemplo, de los derechos de exportación de granos el grueso proviene de la exportación de soja. Ante el escaso aporte de derechos de exportación del trigo y el maíz, se propuso eliminar los derechos de exportación a estos granos para estimular su producción y no caer en el monocultivo de la soja. ¿Cuál es el problema? Que tienen miedo de eliminar los derechos de exportación para el trigo y el maíz porque si lo hacen, al transformarse en más rentables, los productores pueden disminuir la producción de soja y volcarse a producir más de los otros granos. Si esto ocurriera, perderían parte de la recaudación de los derechos de exportación de soja, lujo que no pueden darse dado el desequilibrio fiscal existente. Resultado, tanto despotricar contra el famoso yuyito y resulta que ahora lo necesitan como el pez al agua. Los ejemplos de enredos en que se mete el gobierno por llevar al extremo su populismo podrían seguir hasta el cansancio, pero con estos casos es suficiente para advertir que de aquí a las elecciones la presidente seguirá con la misma receta, y si se presenta y llega a ganar solo cabe esperar que profundice el modelo, lo cual es sinónimo de más regulaciones, arbitrariedades y torpezas. ¿Quién puede invertir en un país en el cual no se respetan las reglas de juego ni los derechos de propiedad? Por eso el modelo es inviable en el largo plazo. Porque no está basado en el crecimiento vía inversiones, sino en un populismo en estado químicamente puro. El drama de CFK es que si quisiera cambiar de rumbo nadie le creería. Y si se presenta y gana, heredaría el lío económico que generaron su fallecido marido y ella, de la misma forma que ella heredó al poderoso Hugo Moyano que ellos crearon y hoy le hace la vida imposible. Una parte de la factura, la de Moyano, ya la está pagando. Además, ¿con qué equipo económico cuenta para generar confianza? ¿Con la presidente del Banco Central que cree que el crédito se imprime en billetes? ¿Con Moreno que espanta inversiones? ¿Con Boudou que pareciera estar dibujado en el Ministerio de Economía? Y ni pensar en qué situación quedaría el gobierno si la santa soja bajara de precio. Porque a decir verdad, los precios de los commodities han llegado a niveles récord en parte por China e India que crecen, en parte por el uso de la soja para biodiesel, pero en parte porque los fondos de inversión han invertido miles de millones de dólares en futuros y forwards. Basta con que Estados Unidos empiece a subir la tasa de interés para que los actuales precios sean cosa del pasado. Habrá que ver si CFK está dispuesta a pagar la factura del lío económico en un segundo mandato. La lógica indica que debería darse por satisfecha. Pero esa lógica no corre para los políticos en general. Muchos de ellos se auto condenan por su ambición de poder.Agromeat

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