24 de mayo de 2011 10:00 AM
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Campos que valen oro

El precio de la tierra exhibió un incremento del 375 por ciento a lo largo de los últimos diez años. El valor promedio de la hectárea en el núcleo de la denominada zona maicera, nordeste de Buenos Aires, sur de Santa Fe, sudeste de Córdoba y parte de La Pampa, pasó de 4000 dólares en 2000 a 15.000 dólares este año.

Se trata de un registro que supera los máximos de la década del noventa y es el más elevado en la serie histórica. Los datos sobre el incremento patrimonial de los dueños de la tierra corresponden a un informe difundido ayer por la Bolsa de Cereales de Rosario y reflejan la creciente rentabilidad de la actividad agropecuaria, fundamentalmente la sojera.

El documento de la Bolsa de Cereales rosarina sostiene que el aumento en el precio de la tierra en la zona maicera, que hoy es la principal zona de siembra sojera del país, se debe exclusivamente al aumento en el precio internacional de las materias primas. Con un peculiar recorte analítico, esa argumentación deja de lado el rol de la política de tipo de cambio real competitivo instalada desde 2003. “El precio de la tierra no depende del precio del producto que se produce, sino de la rentabilidad. La mayor rentabilidad se registra por el aumento internacional en el precio, pero el cambio en el patrón de crecimiento luego de la devaluación también es un factor relevante”, explicó a Página/12 el investigador de Cifra, Nicolás Arceo.

La devaluación y posterior preservación de un tipo de cambio competitivo impulsaron las exportaciones agropecuarias en un escenario global favorecido por el aumento en el precio internacional de los commodities. Arceo estimó que el sector agropecuario alcanzó en 2002-2010 una rentabilidad del 81,3 por ciento superior en relación con los años de la convertibilidad. “A fines de los años noventa, con los bajos niveles de rentabilidad se redujo la cantidad de establecimientos, pero a partir de la devaluación y el crecimiento económico los propietarios que eran antes desplazados y vendían sus tierras ahora pueden producir o arrendar”, precisó el economista.

Por su parte, el docente de la Cátedra Nacional de Economía Arturo Jauretche, Andrés Asiain, consideró que “el fuerte incremento en el precio de la tierra presiona sobre el precio de los alimentos en general. Es una de las causas de la inflación, ya que encarece la producción de trigo, maíz, frutas, leche, verduras”. En ese sentido, Asiain resaltó que “las retenciones neutralizan el precio internacional de la soja al poner una limitación al aumento en el precio de la tierra”. Por su parte, Arceo enfatizó que “a pesar de la existencia de las retenciones la rentabilidad continúa creciendo y aumenta la ganancia patrimonial”, sostuvo el economista.

Las presiones sobre el precio de los alimentos no sólo provienen del aumento en el patrimonio de los dueños de la tierra sino también del desplazamiento de cultivos que genera la expansión de la frontera sojera. La participación de la soja en la superficie sembrada de cereales y oleaginosas pasó del 39,9 por ciento a comienzos de la década pasada al 58,9 por ciento en la última campaña. El informe de la Bolsa rosarina sostiene que el valor de la tierra aplicada a otros cultivos subió, aunque su evolución fue inferior al aumento del 375 por ciento en la producción sojera. Entre 2001 y 2011 el precio de la hectárea en la zona de invernada pasó de menos de 2000 a 7500 dólares, en la zona triguera partió del mismo punto y alcanzó los 6000 dólares, mientras que la zona de cría comenzó por debajo de los mil dólares y llegó hasta los 2500 dólares.

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