26 de mayo de 2011 13:07 PM
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Viento a favor

URUGUAY : Mientras los biocombustibles avanzan en la energía para automoción, en la red eléctrica nuevas energías renovables se suman a la tradicional (y renovable) energía hidráulica, que ha sido la base de la generación en el país en las últimas décadas.

Para reducir la creciente dependencia de los combustibles para generar electricidad (y por ende, una mayor dependencia externa), el gobierno dispuso introducir más capacidad de generación a partir de biomasa y –particularmente– energía eólica. Estas dos nuevas fuentes renovables representaron en 2010 3,4% de la generación eléctrica total (la hidráulica, 84%). La energía eólica está en plena expansión mundial (creció 22% en 2010), pues en los últimos años hubo una sustancial mejora en la eficiencia de generación: turbinas (molinos) más grandes, y con capacidad de generar con menores velocidades del viento, han dado competitividad a esta fuente renovable, impulsada también por el encarecimiento del petróleo. Al tener buenos vientos (en algunos lugares, muy buenos), baja densidad de población y territorio no despreciable, Uruguay tiene cualidades favorables para el desarrollo de la energía eólica. Además, como pocos países, el nuestro puede combinar buenos potenciales hidráulico y eólico simultáneamente. Esto tiene un singular beneficio, dadas las propiedades de una y otra fuente: la energía hidráulica puede reservarse (cerrando las compuertas de las represas), mientras que la eólica no (al menos directamente). Así, con la eólica expandida, la red eléctrica (la parte "inteligente" de la matriz energética, que puede combinar todo tipo de energía y distribuirla) puede recurrir al viento cuando éste sopla, mientras reserva energía en los embalses; cuando el viento calma, se abren las compuertas, en una suerte de "balance entre renovables". Presente y futuro El gobierno impulsa el desarrollo de la energía eólica mediante contratos con UTE, en los que se fija un precio para la energía generada y un plazo. Funcionan hoy cuatro parques eólicos: dos de UTE, ubicados en Sierra de los Caracoles, que tienen una potencia instalada de 10 MW cada uno, y dos del grupo Bulgheroni, también en Maldonado, que suman 13,5 MW entre ambos y hay proyectos de ampliación. En diversos estados de avance están: Kentilux (de Fripur, en el Sur de San José), que pondrá 10 MW y prevé expandirse a 18; Luz de Mar (grupo Otegui, también en Sierra de los Caracoles), con 18 MW; Amplin (del grupo español Fortuna, en Arbolito), con 10 MW y posibilidad de ampliar. Todos estos proyectos se incorporaron en licitaciones previas de UTE (con precios acordados en torno a 90 U$S/MWh) y suman casi 80 MW de potencia eólica. Pero el gran salto se espera a partir de dos licitaciones más recientes, de mayor volumen: en la primera, UTE convocó para adjudicar 150 MW y se presentaron 15 empresas con 20 proyectos que acumulaban 900 MW de potencia eólica. Resultaron ganadores tres, de aproximadamente 50 MW cada uno: uno de IMSA (del grupo argentino Pescarmona, en sierras de Lavalleja ), otro de Teyma (de la española Abengoa, en Peralta, Tacuarembó) y otro del grupo argentino Eurnekián (a ubicarse en Carapé, Maldonado). Los precios de los contratos se fijaron en torno a 85 U$S/MWh (bajos, según algunos actores de mercado), con paramétricas que varían con el precio de los combustibles. Son contratos a 20 años, que se puntuaron con-siderando –por ejemplo– el porcentaje de componente nacional, lo que generó no pocas polémicas. En estos días se adjudicará otra licitación de similares características. El director de Energía, Ramón Méndez, estima que en cinco años pueden funcionar parques eólicos con una potencia acumulada de 500 MW, un paso clave para consolidar la proporción de energías renovables en la matriz eléctrica. Lo que aún no está claro es si UTE expandirá sus parques propios o la estrategia seguirá basada en la convocatoria a privados, enfocándose UTE en la imprescindible expansión de la red. ¿Y el productor? Para saber cómo incide este desarrollo en la situación de los productores, consultamos al Ing. Agr. Daniel Martino, director de Carbosur, empresa especializada en servicios vinculados al cambio climático. "Para generar energía eólica Uruguay plantea dos modalidades. Una es vender en el mercado spot (el mercado eléctrico mayorista), lo cual es factible para emprendimientos de hasta 5 MW de potencia, que pueden conectarse directamente a la red, sin necesidad de un contrato con UTE. Es una opción con riesgos, pero hay quienes la están considerando", señaló. "En el caso de proyectos mayores a 5 MW, según el reglamento del Mercado Eléctrico, se necesita un contrato y allí está el rol de UTE, que compra la energía fijando precio y plazo, obligándose a consumir toda la energía que los molinos generen", explicó Martino. También se pueden hacer contratos entre privados, pero los peajes de uso de la red de UTE no están definidos y no hay demasiado atractivo en que un privado contrate directo con un parque eólico, cuya generación depende del viento. Consultamos a Martino cómo participa el productor dueño de la tierra en estos proyectos: "Normalmente, el vínculo con el dueño de la tierra se hace a través de contratos. El desarrollador del proyecto eólico identifica lugares con buenas cualidades de viento, no solo velocidad de viento –que es el parámetro principal– sino también acceso al sitio –la caminería es una parte importante del costo–, y la cercanía o no a líneas de transmisión eléctrica adecuadas, que es clave y no se da en todo el territorio. Por eso UTE, en sus licitaciones para proyectos eólicos, priorizó inicialmente tres zonas, con buena conectividad: sierras de Maldonado y Lavalleja, Pintado en Florida y Peralta en Tacuarembó". La interconexión con Brasil ampliará las posibilidades de conexión de parques eólicos en la zona Este. El director de Carbosur explicó cómo se definen los contratos: "Como en cualquier mercado con oferta y demanda, se establecen negociaciones que implican diversos factores. Normalmente se hacen contratos de largo plazo, porque estos proyectos tienen que tener una seguridad de –al menos– 20 años de utilización del sitio. Y se establecen precios de arrendamientos fijos, por molino, por año. En algunos casos puede haber algún componente variable según generación, y en ese caso el dueño del campo participa, al menos parcialmente, del negocio de generación". Agregó que, "con los valores que se manejan, el costo del arrendamiento es una proporción muy menor de los costos totales de los proyectos, pues hay grandes inversiones en los molinos (de U$S 2 a 3 millones por cada molino de 2 MW), además de toda la inversión en caminería y tendido eléctrico". Martino destacó un rasgo singular de este mercado, que ha causado problemas: "Como es un mercado nuevo, hay muchas asimetrías de información entre los desarrolladores y los productores, lo que puede llevar a situaciones con ventaja para el desarrollador del proyecto en la negociación. Por eso hay una gran heterogeneidad de precios acordados, con valores que van de U$S 2 a 3.000 por año por molino, hasta valores cercanos a 10.000". "Hemos dado a muchos productores el servicio de evaluar la posibilidad de un parque eólico en su campo, con estimaciones preliminares para descartar el sitio o para seguir adelante con un análisis de prefactibilidad. Las mediciones de viento son una etapa posterior, que requiere equipos y consultoras expertas, en general internacionales, más allá de que hay profesionales locales que acumulan experiencia", dijo. En cuanto a impactos ambientales, los puntos críticos son: alteración del paisaje, ruido y, eventualmente, problemas con las aves. Explicó que, "dado que Uruguay tiene muy baja densidad de población, la alteración del paisaje no es una preocupación general. Emerge en zonas específicas, por ejemplo las turísticas. La Intendencia de Maldonado promulgó una resolución exigente, declarando zonas de exclusión para emprendimientos eólicos. Esto afectó a algunos proyectos que ganaron la licitación de UTE, que debieron modificar los términos iniciales". Martino concluyó que éste "es un tema polémico, porque hay quienes piensan que los molinos hasta enriquecen el paisaje". Acerca del ruido, dijo que realizaron estudios y que "puede ser un problema en zonas adyacentes a poblaciones", pero que a 300 o 400 metros "deja de destacarse el ruido del molino en el ruido ambiente". La cantidad de molinos que puede instalarse en una superficie es muy variable, pues depende de la topografía, el viento, etc. "Hemos visto proyectos y campos con 3.000 hectáreas, con hasta 15 molinos de 2 MW cada uno –ejemplificó Martino–, pero es un dato extremadamente variable. Lo interesante es que los molinos no interfieren prácticamente con la actividad ganadera que se desarrolle en el establecimiento. Por eso -ahora que el tema se ha difundido– surgió un gran interés de propietarios de tierra para atraer algún inversor de energía eólica a su campo". Martino cree que Uruguay puede pensar en la fuente eólica como "base" de generación, a completar con hidráulica y otras. "Para 2020, pensar en 1.000 MW de potencia instalada con generación eólica –equivalente a unos 300 MW permanentes– es posible", afirmó.

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