26 de mayo de 2011 13:13 PM
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La ganaderia en el invierno uruguayo

URUGUAY : En vísperas de un invierno que se presenta con expectativas variadas, en general positivas, pero con amenazas diversas, los ganaderos preparan sus estrategias para mejor aprovechar las oportunidades que ofrece el momento. La circunstancia agropecuaria es estimulante, como hace muchas décadas no ocurría.

Para la ganadería, el aguijón que azuza el ánimo lo provee el alto precio de la carne en los mercados internacionales, que recorre hacia atrás la cadena productiva. A diferencia de otras ocasiones, este proceso está remunerando con buenos valores a los criadores, que manejan en su origen la máquina de producir, sin cuya prosperidad y compromiso con la tarea el sistema todo adolece de una debilidad insalvable. Como nunca, o muy pocas veces antes en los tiempos modernos, los valores de las categorías de reposición se consolidan en niveles claramente remuneradores para los proveedores de los animales, que, por ahora, llegan a compensar holgadamente las dentelladas que les propinan las fauces, siempre ávidas, de otros tigres que andan sueltos. El escenario, a pesar de ser cambiante, es conocido. Veamos algunos aspectos con más detalle. Forraje y clima Venimos de un verano seco, muy desparejo por zonas, pero en términos generales con mucho menos lluvia de lo normal, lo que afectó severamente las aguadas y las pasturas. Avanzado el otoño, aún no se han restablecido las condiciones normales: las aguadas siguen deprimidas y algunos campos, arrasados en el verano, no se han recuperado totalmente. Está faltando algo más de lluvia, por más que los requerimientos de plantas y animales en esta época del año sean mucho menores que en verano. Los pronósticos climáticos no son demasiado optimistas de que esta situación se corrija: el informe para el trimestre mayo-julio del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y de la Universidad de la República (UdelaR) estima que habrá menos lluvia en los departamentos del Norte y más frío en todo el país. Por lo menos hasta mediados de mayo continúa un tiempo relativamente benigno, con pocas heladas registradas, que tampoco cayeron juntas y que levantan temprano en las mañanas. Como señal de la prolongación del tiempo cálido, algunas pasturas de verano, como los sorgos guachos de las chacras, siguen estando verde-amarillentas; las heladas no las quemaron todavía. Tal como habíamos difundido en el número anterior de esta revista (ver páginas 34 a 36 de El País Agropecuario Nº 194), basándonos en los informes de los proveedores de insumos y de los técnicos de campo, se está dando una fuerte inversión en pasturas para el invierno, fundamentalmente en verdeos anuales. Por otra parte, como está seco, las rotaciones sobre pasturas se atrasan, están lentas. Los verdeos que se hicieron temprano crecieron rápido, pero si se pastorean no están rebrotando con la fuerza necesaria. Se observa mucha pastura realizada en forma convencional, con laboreo de tierra. Algunos productores comentan que, por la seca, no anduvo bien la preparación de los campos con herbicidas y hubo que volver a mover la tierra. El panorama en cuanto a las reservas forrajeras también es desparejo. Aunque los días sin lluvia permitieron mantener un intenso ritmo de cosechas, todavía quedan algunos sorgos pendientes: los resultados de las cosechas son dispares, alternando algunos buenos (6.000 o 7.000 kilos de grano húmedo por hectárea) con otros de 2.000 o menos. Otro tanto ocurre con los granos comerciales, como la soja, donde los rendimientos varían enormemente entre chacras, pero con un resultado general de bajos promedios. Este año, los costos de la siembra de pasturas se cubren cómodamente con la venta de cualquier producto –sea carne, lana o leche–, cuyos precios subieron mucho más que los de los insumos principales, tanto semillas como fertilizantes. Hay una relación muy favorable a la inversión y los productores están concientes de esta oportunidad. Lamentablemente, otra vez existieron problemas en la disponibilidad de algunas semillas, debido a la sequía que afectó a muchos semilleros. La menor faena en muchos años La oferta de hacienda gorda a frigorífico, si bien ha ido aumentando, como es lógico en una época que tradicionalmente corresponde a la zafra anual, todavía no ha alcanzado los niveles propios del momento. El acumulado en lo que va del año sigue ubicado en cifras modestas, muy por debajo del año anterior (13% hasta mediados de mayo) y también a lo que correspondería a un año normal. Es el guarismo más reducido desde los tiempos de la aftosa, en la década pasada. A la vez de intensificarse la actividad, persisten, aunque atenuadas y con variaciones semanales, las tendencias distorsionadas en la composición por categorías que dominó en los últimos tiempos. La oferta de novillos sigue siendo restringida, aunque no en el nivel de los últimos dos años; en ese período la faena de los machos estuvo por debajo de la de vacas, una situación totalmente anómala en nuestra historia productiva. En lo que va del año, se han faenado cantidades similares de novillos y de vacas. Lo que viene ocurriendo es que en 2011 se está faenando un poco más de novillos que el año pasado (4% más), mientras que el número de vacas cayó significativamente, en el orden de 25% de la categoría. La baja en la interna de esta categoría se da principalmente en las vacas propiamente dichas, las usadas, y no tanto en vaquillonas y vacas jóvenes, que corresponden más bien a invernadas especializadas y no al descarte del proceso de producción. Menor peso promedio Otro resultado negativo que arroja un verano con sequía es la disminución en el peso de los animales respecto a otro con buenas lluvias, como fue el de 2010. En el primer trimestre del año, los novillos dieron 258 kilos de carne en gancho, 4 kilos menos que el año anterior. Las vacas promediaron 204,7 kilos de carcasa, 5,6 kilos menos que en el mismo tramo de 2010. Bajas en la producción y la exportación, y crece el consumo En los primeros cuatro meses y medio del año, la faena cayó 13% respecto a igual pe-ríodo del año anterior. Pero la exportación, medida en toneladas, cayó 23%. La baja en la producción de carne en gancho, considerando el menor peso de las reses, supera 14%. De todos modos, si la exportación se contrae más que la producción en un pe-ríodo suficientemente extenso como el medido, la diferencia la absorbió el mercado interno (literalmente, nos comimos la diferencia), más allá de las variaciones de stocks en cámaras frigoríficas que pudieran haber en un momento dado. Ponderado por el diferente peso carcasa individual entre años, la baja en la producción de carne equivale a unas 30.000 toneladas, mientras que la caída en la exportación supera las 34.000 toneladas: esa diferencia de 4.000 toneladas equivale aparentemente a lo que creció el consumo, continuando una tendencia a la recuperación de la disminución ocurrida durante la crisis económica de la década pasada que lleva ocho años consecutivos de suba. Precios de exportación El factor que dinamiza la actividad es el alto precio, en cualquier comparación histórica, que alcanza la carne colocada en los mercados exteriores. Si bien la baja en los volúmenes embarcados es muy importante, los precios recuperados compensan largamente esa reducción, para conformar un aumento de significación en la recaudación total. Desde marzo, los promedios superan los U$S 4.000 la tonelada carcasa. En el acumulado del año se acercan a los U$S 3.900 por tonelada, 40% por encima del año anterior. Con datos hasta el 7 de mayo, las exportaciones de carne vacuna sumaban U$S 444 millones, 7,6% por encima de igual período de 2010. Estos valores auguran, tal vez, un año récord en cuanto a los montos captados, siempre que se regularice la faena a niveles normales, como esperan los agentes involucrados en el tema. Mercado interno También los valores que se obtienen de la venta en el mercado interno, así como los elevados volúmenes que se colocan, son expresión del buen momento de la economía y sostienen las altas cotizaciones de hacienda que se registran actualmente, tal como puede verse en la página 46 de esta edición. En la segunda semana de mayo, los precios de la combinación ponderada de novillo y vaca vertidos como medias reses a las carnicerías llegan a U$S 4,51 el kilo, pero tiene un componente impositivo, por lo que no todo aporta a la remuneración de la cadena. Este precio es 2,8% más bajo que el pico registrado en la primera semana de marzo, pero, como en este tiempo bajó el dólar, la contracción en pesos se acerca a 5%, lo que alivió las tensiones políticas vinculadas al precio de la carne al público y al control del Índice de Precios del Consumo (ÍPC), indicador en el que la carne vacuna tiene gran incidencia, y que amenaza desbocarse, provocando cierto pánico en las autoridades económicas. La nave sigue acarreando Contrariamente a lo que se pronosticaba, dado el reordenamiento de los permisos oficiales, la exportación de ganado en pie continuó activamente. En abril se embarcaron 33.145 vacunos, de los cuales 28.600 fueron categorías para engorde para Turquía, en general terneros y novillitos de entre 200 y 300 kilos en pie. También hubo una venta de 4.500 terneras Holando a China. Con estas cifras agregadas, el primer cuatrimestre del año cierra con más de 138 mil vacunos exportados vivos, la gran mayoría de categorías destinadas a engorde y a ser faenadas fuera del país, lo que exacerba la inquietud de la industria instalada en nuestro medio. Los animales embarcados son mayoritariamente novillos, que faltarán en la oferta local el año próximo y que, además, integran una categoría ya disminuida por pertenecer a la generación que surgió de la sequía 2008-2009. Si bien el tema ha desaparecido de los titulares, no deja de ser un asunto relevante, porque este ritmo no es sostenible sin que se afecte la estructura productiva industrial nacional. En lo que va de mayo, hasta el día 12, los embarques concertados para Turquía suman cerca de 8.000 cabezas de las mismas descripciones. La exportación en pie dejó de ser un complemento que servía para lubricar el funcionamiento del mercado, para constituirse en un gran negocio en sí mismo –hasta mediados de mayo suma más de U$S 93,5 millones recaudados–, que tiene virtudes y también impactos negativos, lo que justifica un análisis más profundo de sus implicancias y, eventualmente, una revisión de los términos normativos bajo los cuales funciona.   El Pais

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