26 de mayo de 2011 12:15 PM
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Ovinos : Hay que animarse a cambiar

URUGUAY : En los últimos 20 años hemos presenciado una decadencia crónica del ovino en todo el mundo, manifestada por la pronunciada caída del stock. En la década de 1990 la actividad prendió una luz amarilla y, en la propia esencia del negocio, se vio cuestionada. El precio de su "principal" producto, la lana, hizo poco atractivo el negocio, que se redujo a áreas de uso casi exclusivo para la especie.

En ese tránsito a repensar el negocio los productores e instituciones de los países de mayor incidencia en la producción, Nueva Zelanda y Australia, analizan el futuro y ven dos oportunidades: una en las lanas fina y superfina como specialities, y la otra en la carne. Para eso cargaron las baterías, mientras se salía del impresionante stock regulador de la lana, e iniciaron un fuerte y profesional proceso de cambio a nivel de la producción de base. El eje fundamental por el que se procesó el cambio fue en función de la demanda de un mercado incipiente para las lanas fina y superfina, y una demanda sostenida en el consumo de carne ovina. Australia, dadas sus condiciones naturales, apostó fuertemente a la majada lanera con la raza Merino y, más acotado a las zonas fértiles, a la producción de carne con cruzas terminales sobre madres F1. En Nueva Zelanda la apuesta de los productores fue a "color": se salieron del financiamiento a la institucionalidad lanera y se volcaron a la carne. En Uruguay, el presidente del entonces novel INIA, el Ing. Agr. José Miguel Otegui, lanzó al ruedo el tema del Merino Fino y el de las razas carniceras, y se importaron ejemplares de la Frisona Milchschaf. Pocos años después, el Ing. Agr. Mario Azzarini puso arriba de la mesa el proyecto del Cordero Pesado y el SUL, acompañado por Central Lanera y el Frigorífico San Jacinto, lanzaron el Operativo, junto a un puñado de productores. La Facultad de Agronomía inició los ensayos de producción de carne en base a cruzamientos, y el equipo liderado por el Ing. Agr. Gianni Bianchi comenzó a acumular importante y contundente información. A todo esto, la caída del stock era en picada libre. Se inició el nuevo siglo y la actividad económica mundial empezó a transitar por una fase dinámica, que se prolonga hasta nuestros días, a pesar de alguna caída. El crecimiento del PBI y del comercio en el mundo ha generado un fuerte y rápido proceso de transformación en el que, muy especialmente, se aprecia el cambio en la producción de los alimentos. Un recurso tierra finito, una tenue pero permanente liberalización del comercio agrícola y su contraparte en la disminución de los subsidios, tirados por una demanda insaciable de los países emergentes que le dan un valor elevado a los precios de los alimentos. Este proceso que estamos viviendo retroalimenta un acelerado proceso tecnológico, que determina importantes cambios en la productividad y, en consecuencia, en los precios relativos de los diferentes productos, y además surge con mucha fuerza el agronegocio y todo su andamiaje de organización y gestión. En este nuevo y reciente escenario tiene que jugar la oveja. Lo primero que hay que hacer es sacar la cuenta del negocio, calculado genuinamente. Por supuesto que –como en las chacras de soja– vamos a ver de todo. Lo que es contundente es que ahora –y parece que por un buen tiempo– se ha dado vuelta la "taba": la oveja vale más por lo que produce en carne que por su lana, aun en la oveja de lana superfina. ¿Qué hacer? En este día a día donde se pronostican sostenidas demandas de alimentos y vemos que donde nunca se sembraba nada hoy hay trigo o soja, y que en las sierras más escabrosas encontramos olivos o eucaliptos, y que los precios de la carne vacuna son casi tan buenos como el de la oveja y compite por los mismos pastos y forrajes, los ovejeros nos debemos como desafío sentarnos a repensar en el negocio ovino. Se trata de un negocio que, si no da, provoca que la oveja se vaya del campo. Es así de claro. Es en este nuevo escenario de fuerte competitividad en el que debe desarrollarse la producción ovina y, en consecuencia, todos los actores de la cadena deberán replantear su estrategia. "Tanto las políticas públicas como las estrategias privadas de gremiales y organizaciones económicas de productores, deberán cambiar sustancialmente para lograr sus propósitos institucionales. Especialmente, las políticas de equidad, las estrategias de innovación tecnológica, las de fortalecimiento de los recursos humanos y el desarrollo de las capacidades empresariales. Un mayor conocimiento sobre los modelos de gestión es la condición principal para operar sobre los mismos a fin de lograr mayor acceso, integración, coordinación y alineamiento entre los actores del campo." Es ésta una cita del trabajo de investigación "Transformaciones en el Agro uruguayo: Nuevas Instituciones y Modelos de Organización Empresarial"1, que se desarrolla en el ámbito del Programa de Agronegocios impulsado por la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica del Uruguay, y cuenta con el apoyo de 13 reconocidas empresas y con el respaldo institucional de la ARU, de CAF, de la FRU y de FUCREA, a lo que nos adherimos. l 1 Los autores del trabajo son los Ingenieros Agrónomos Eduardo Errea, Juan Peyrou, Joaquín Secco y Gonzalo Souto.El Pais

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