19 de diciembre de 2009 07:13 AM
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OPINION: LOS TEMAS DE LA SEMANA: NUEVAS INVERSIONES EN LA CADENA AGROINDUSTRIAL (Héctor A. Huergo)

Dos hechos de enorme trascendencia jalonaron la semana.

El primero, fue la inauguración de Viluco, la primera planta de crushing de soja del NOA, que incluye la elaboración de biodiésel. El segundo, la adquisición, por parte del grupo frigorífico de origen brasileño Marfrig, de toda la hacienda vacuna (53.000 cabezas) de Adecoagro, la mayor empresa agropecuaria del país.

"E pur, si muove", hubiera dicho Copérnico. Sí, se mueve. Ambos hechos son suficientemente indicativos sobre por donde pasan las cosas, y debieran llamar la atención de un gobierno que está convocando a los empresarios a una cena, el martes próximo, para exigirles inversiones.

Ni a los Lucci, titulares de Viluco, ni a Marquinhos, que en un par de años adquirió los frigoríficos Quickfood, Hughes, Mediterráneo y Vivoratá, hay que presionarlos para que inyecten capital en la Argentina. Lo hacen porque está en la naturaleza de las cosas.

Tan relevante como la inauguración en sí misma, fue la presencia del matrimonio presidencial en Frías, en la provincia de Santiago del Estero, elegida por Viluco para instalar esta planta. Cristina Kirchner no pudo o no quiso disimular su asombro por las dimensiones del emprendimiento, que permitirá moler 3.000 toneladas de soja por día. Paradójica presencia para quien, hace veinte meses, se regodeaba con la teoría del yuyo.

Como sea, bienvenida al mundo del futuro. Un futuro que se viene construyendo desde hace un cuarto de siglo. Y que se aceleró en los últimos diez años: baipaseando todas las crisis y todos los discursos, desde el 2000 se duplicó la capacidad de molienda, que ahora alcanza a 170.000 toneladas diarias.

Lo que agrega la planta que se inauguró esta semana es apenas un 2% más. Sin desmedro de su carácter estratégico, porque permitirá moler el 25% de la soja que hoy se produce en el NOA.

En su discurso, hubo una mención sugestiva: destacó que generará 200 puestos de trabajo directos, y 2.500 indirectos. Parece que empezamos a entender la teoría y práctica de la soja en la economía y la sociedad.

También es interesante, aunque sea una coincidencia, que haya ido a Santiago del Estero a inaugurar una planta de biodiésel, paradigma de la energía limpia y renovable, en la misma semana de la cumbre de Copenhague sobre cambio climático.

Podía haber ido a la capital de Dinamarca con una botellita de biodiésel bajo el brazo, mostrando que la Argentina está comprometida con la problemática del calentamiento global, y que está combinando ecología y desarrollo sin auxilio externo. Ni interno. Sólo por la acción privada.

Lo de Marfrig: comprar 53.000 vacunos no mueve la aguja nacional, porque es apenas el uno por mil del rodeo. Pero en medio de la crisis ganadera, es un indicador claro del posicionamiento estratégico de las empresas brasileñas en el concierto de las proteínas animales. Marfrig está también construyendo su primer feedlot, en una apuesta a la integración vertical.

La ganadería, un día, dejará de ser el negocio del eterno futuro. Los brasileños saben que la Argentina va a cambiar. Y quieren estar ahí.

Adecoagro, por su parte, también tiene una mirada de largo plazo. Sólo que han decidido que su futuro está en la leche, y ahí apuntan los cañones. Vendieron la operación de carne para concentrarse en sus tambos y plantas lácteas.

Ya tienen en marcha su primer mega tambo, en confinamiento total, con vaquillonas que promedian cerca de 40 litros diarios. Y asociados con la gigantesca cooperativa canadiense Agropur, apuntan a ubicarse en las primeras posiciones de la tabla en un par de años.

¿Qué tal si se pusiera la nave en el rumbo correcto?

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