22 de diciembre de 2009 13:18 PM
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Grobocopatel: “Fue un espanto dejar las retenciones en medio de esta sequía"

La compañía Los Grobo puede considerarse como un caso atípico por una simple razón: es una de las muy pocas multinacionales que se gestó en la Argentina en las últimas décadas.

En efecto, de ser una pequeña empresa familiar, de la que forman parte un padre y cuatro hermanos, logró transformarse en uno de los grupos más poderosos a nivel regional en el negocio agroexportador.
Hoy son 70 socios y su estructura de negocios está totalmente diversificada y repartida entre la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.
Además, este año cerrarán con una facturación de 800 millones de dólares, generados a partir de una amplia red de negocios, que incluye agricultura, bioegenética, transferencia de know how y molinos harineros, entre otras actividades.
Este medio dialogó en exclusiva con Gustavo Grobocopatel, presidente de Los Grobo y referente indiscutido en la producción de granos en todo el Mercosur, donde en 2009 sembró unas 260.000 hectáreas y generó cerca de 2,5 millones de toneladas de cereales y oleaginosas.

Desde sus oficinas que ofrecen una imponente vista de Puerto Madero, el empresario destacó el fuerte crecimiento del grupo pero se lamentó de las políticas económicas aplicadas en los últimos años en la Argentina, que complicaron los planes de expansión de la actividad agrícola.

-La Argentina venía cómoda en la carrera por superar la meta de las 100 millones de toneladas pero, durante las últimas campañas, el escenario cambió radicalmente…
-Sí. En la Argentina hace 20 años se hacían 20 millones de hectáreas y pasaron a hacerse 30 millones. Lo interesante es que si bien creció un 50% la superficie agrícola, la producción de granos se incrementó un 300% porque aumentó muchísimo la productividad. A la par, también hubo un alza en la producción de carne y de leche. Todo esto fue así hasta hace dos o tres años. Veníamos en un proceso virtuoso pero con el conflicto del campo, la crisis global y la sequía, este proceso de detuvo y, más aún, decrecieron la producción de granos, las cabezas y los litros de leche.

-¿Y cómo evalúa la gestión del Gobierno para hacer frente a la peor sequía de las últimas décadas?
-La sequía es un caso de dramático porque nos hizo perder dinero a la mayoría de los productores y fue un espanto que se mantuvieran las retenciones. Esta absorción de dinero del sector agropecuario pone a una gran cantidad de productores en dificultades que antes no tenían. Finalmente, estamos creando pobreza, marginalidad y falta de inclusión en un basto sector que además ocupa territorios muy diversos, algo que no debería haber sucedido. Nadie puede darse el lujo de decir ´voy a empobrecer al límite de la muerte´ a un sector conformado por 150 mil Pyme emprendedoras nacionales.

-¿Y las últimas medidas anunciadas por la AFIP ni siquiera pueden considerarse buenos paliativos?
-No entienden la naturaleza del problema y al no entenderla no se pueden generar herramientas para resolverla. Hay que tener en cuenta que en el sector agropecuario todos los años invierte. Cuando decidís sembrar estás tomando la decisión de invertir. No es como cuando abrís una fábrica, donde tomás la decisión una sola vez. Para el campo tiene que haber reglas de juego claras, consensuadas y no como actualmente sucede, que existe un diseño impositivo que se lleve el 80% de la utilidad. Si a un trabajador le digo que el 80% de su sueldo comenzará a destinarse a pagar impuestos, los incentivos para seguir trabajando serán muy bajos. Por eso, hay que buscar una forma de pagar impuestos y al mismo tiempo crear incentivos para que se vuelva a sembrar.

-¿Es optimista sobre el tratamiento que pueden tener las retenciones con la nueva conformación del Congreso?
-Existen oportunidades nuevas de debatir este tema. Creo que el nuevo Congreso, un nuevo Gobierno o este Gobierno en una nueva etapa, siempre tienen la oportunidad para revisar las cosas que salen mal. Esta política agropecuaria de los últimos años, con los resultados que está teniendo, no es buena. Y estamos a tiempo de revisarla. Si la hace este Gobierno, mejor, porque salimos antes. Pero si lo tiene que hacer el próximo Gobierno o el nuevo Congreso, también será bienvenido.

Hay que entender que las retenciones son malas porque afectan la relación insumo producto, entonces son anti inversión y están en contra de las exportaciones. Lo que ocurre es que cuando vos perdés dinero, que es lo que es lo que está pasando en estos últimos dos años, con las retenciones perdés más. Si te va mal, te va peor. Esto tiene un impacto concentrador de la riqueza. Son un impuesto fácil de recaudar, pero hay otras formas de cobrar impuestos fáciles que no sean a través de las retenciones.

-Entonces, ¿cuáles serían las medidas que se podrían implementar para lograr efectos inmediatos?
-En la medida en que se bajen sustancialmente las retenciones de trigo y maíz a valores cercanos a cero y se disminuya la alícuota de la soja y se las ponga a cuenta de ganancias, se generaría un impacto impositivo inmediato y serían incentivos enormes. El otro día escuché al ministro de Agricultura que quería volver al sistema de rotaciones. Para volver a esto hay que sacarle las retenciones al trigo y al maíz, dos cultivos que rinden mucho en toneladas por hectárea. Así, en un año volveríamos a las 100 millones de toneladas, que era donde estábamos antes.

-¿Y qué efecto positivo habría en el mediano plazo? ¿Qué potencial tiene el sector agroexportador argentino con un cambio en la política tributaria?
-Hoy en la Argentina están todas las herramientas dispuestas como para que el proceso de crecimiento se restablezca y de las 100 millones de toneladas a las que casi llegamos hace tres años, podamos llegar a 150 millones en el término de tres a cinco años. Si nosotros logramos producir estas 150 millones de toneladas de granos, y si parte de esa cantidad se transforma en otro producto con mayor complejidad y valor, vamos a estar pudiendo exportar entre u$s30.0000 y u$s40.000 millones más por año sin necesidad de ningún tipo de subsidio o intervención desde el Estado. Cuando un empresario gana esto debería ser sinónimo de más ganancia y crecimiento. Pero el Estado tiene que generar un diseño de contratos que incentive a estos empresarios a reinvertir.

-Para dar el gran paso, la Argentina necesita que los empresarios tengan estímulos…
-Sí. Para eso es fundamental que se generen condiciones apropiadas para la inversión. No es solamente la necesidad de crédito. Se necesita un estímulo. Por ejemplo, hemos invertido en una empresa de biotecnología y estamos pagando IVA por una construcción y esto no lo vamos recuperar nunca más. Ahí tenemos dos millones de dólares que en lugar de ser invertidos en investigación, desarrollo y científicos, se va al IVA. Está bien, esto irá a las cuentas generales, a lo mejor se usa bien, pero es una pena que este círculo no sea virtuoso y no se vuelva a reinvertir. Esto hay que ajustarlo.

Además, hay que mejorar las condiciones de competitividad del sistema. Hoy crear una empresa en la Argentina te lleva 60 a 80 días. En Dinamarca lleva 5. Estos costos de transacción, el hecho de tener que pasar más tiempo discutiendo problemas salariales, problemas legales, la confusión en los contratos por cambios en la regla de juego… todo esto te distrae y hace que tengas que poner la atención en resolver conflictos y no en generar riquezas y crear valor.

-Ahora, ¿por qué Brasil hoy es uno de los líderes mundiales en algunos sectores, como la industria avícola, y nosotros cada vez perdemos más participación en los mercados?
-En general la sociedad brasileña, piensa en el largo plazo y la sociedad argentina piensa en el corto plazo. Este es un tema que tiene sus explicaciones: no es que uno sea bueno y el otro malo. En la Argentina uno piensa en corto plazo porque está esperando los próximos shocks, es decir, cómo te defendés del riesgo de inflación, del riesgo del cambio en los contratos y demás. Tiene que ver con la falta de estabilidad en las reglas de juego y que las decisiones que se toman no son fruto de consenso sino de la imposición de quien le toca tener el poder circunstancialmente. Si podríamos cambiar esta dinámica de que a quien le toca el poder siempre va a imponer su punto de vista, e ir hacia una lógica de consenso y de la construcción colectiva, sería mucho más sustentable cualquier tipo de política.

En definitiva, la gente si tiene seguridad de que no va a haber un shock, empieza a hacer sus números para largo plazo y esto es trasversal a toda la sociedad. Pero esto no es lo que sucede hoy. Actualmente el empresario argentino prefiere invertir y sembrar algo que puede cosechar dentro de un año y no invertir en pollos, por ejemplo, donde puede recuperar la inversión en 10 o 15 años. Hay que revertir a esa lógica, ir a una lógica del consenso, de la creación colectiva, de mirar 20 años para adelante y esto va a cambiar un poco la visión de los actores de la economía.

-¿Cuál es su respuesta ante las críticas que apuntan a grupos como Los Grobo como concentradores y que desplazan a productores chicos?
-El ecosistema empresarial funciona cuando funcionan grandes multinacionales, regionales y Pyme que se articulan entre sí. Un monopolio de multinacionales o un mundo solo para Pyme, no funciona. En la selva tiene que haber hormigas y elefantes. En Los Grobo trabajan unas 1.000 personas en forma directa y hay 4.000 Pyme en la cadena de valor. Nuestro objetivo es ser una compañía líder en el proceso de crecimiento de la región. Queremos ayudar a producir una revolución en la genética, en la producción de alimentos, cuidando el medio ambiente y apuntando al desarrollo social en el interior. Se trata de una gesta colectiva de transformación del mundo rural.

Juan Diego Wasilevsky

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