24 de diciembre de 2009 12:30 PM
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Uruguay   –   Cuál trazabilidad oficial

Siempre he sido contrario al régimen obligatorio de trazabilidad, como desde antes lo fui a la obligación legal de marcar los animales en lugares diferentes al más común, o a la idea de convertir el acondicionamiento de lana en algo preceptivo.

Siempre he sido contrario al régimen obligatorio de trazabilidad, como desde antes lo fui a la obligación legal de marcar los animales en lugares diferentes al más común, o a la idea de convertir el acondicionamiento de lana en algo preceptivo. Son intromisiones oficiales en negocios particulares, en las cuales el Estado asume un rol que no le pertenece, y en el que con frecuencia se equivoca. La referencia viene por la difusión de una noticia que ha dejado perplejos a varios, publicada el 9 de diciembre en este diario. Como se sabe en Uruguay la trazabilidad, un negocio que debe ser privado, es equivocadamente obligatoria y, al no haber un negocio atrás que pague por el esfuerzo que su implementación significa, como era de esperar está fracasando en su puesta en práctica. La noticia es que se va a poder exportar carne no trazada a Europa, pero que se promovería una ley para impedir que se paguen precios diferentes en el mercado, imagino que queriendo evitar que se premie más por atributos diferentes al de la condición de trazado o no de un animal. DEFINICIÓN. La trazabilidad es el atributo de un producto cualquiera, por el cual se proporciona información al consumidor que le permite ir hacia atrás en las etapas de su proceso de producción, y de este modo conocer las características de ese proceso y los responsables de los mismos. Aplicado a la carne significa que el comprador de un supermercado podría, a través de indicaciones en la etiqueta, conocer qué empresa faenó, quién engordó el novillo y dónde, quién era el dueño del ternero que luego se convirtió en novillo, etc. Esto implica que alguna institución debe certificar que la información que recibe el consumidor es la correcta, y por lo tanto debe disponer de un complejo aparato de administración, de registro de movimientos, de control, etc. Implica asimismo mantener la identidad del animal en cada corte que con él se prepare, lo que supone cambios en la organización de la faena y la comercialización, en la forma de identificar animales, en la expedición de guías, etc.; un buen engorro que debería ser compensado con un precio mayor, o con un castigo menor. Esa institución certificadora en el país es el Estado que, con el asentimiento equivocado de los empresarios, interviene preceptivamente para organizar el negocio del capricho europeo. En efecto, existen documentos que afirmaban que entre el 2009 y el 2010, no ingresaría a la Unión Europea carne de ningún origen que no tuviera esa característica, lo que aparentemente ya no es tan así. Por otra parte, Europa es un cliente importante pero muchas veces no ha superado el 10% del negocio que incluye muchos otros mercados incluido el interno, el Nafta, la región, en fin todo el mundo. Esto dicho no para minusvalorar la importancia de Europa, sino para reflexionar sobre el esfuerzo de montar algo obligatorio para todo el rodeo, que no lo es por ahora para muchos compradores, y que quizás lo sea solo para una parte de ellos. FRACASO. El ministerio viene fracasando en su implementación; hubiera fracasado con cualquier administración, ya que se trata de imponer una obligación para la que nadie ve un beneficio concreto, y que todo el mundo sabe que es incontrolable. Es como la marca a fuego. Todos saben que está prohibido marcar los animales en el cuarto, pero nadie paga más por hacerlo en otro lado, y todos sabemos que se trata de una ley sin coerción. Se parece también a la declaración jurada de Dicose: es obligatoria, pero se sabe que es absolutamente incontrolable su veracidad. Solo la conciencia del productor que de algún modo piensa que esos datos son útiles, hace que sus números coincidan razonablemente con la realidad. El ejemplo lo da la lana; sin obligación alguna, cuando las empresas empezaron a pagar más por el producto acondicionado, cuando se vio que este atributo generaba valor, se fue extendiendo. QUÉ HACER. Como hasta ahora nadie ha ofrecido pagar más por ganado trazado, el estímulo más lógico, el del precio, el único finalmente eficaz, no existe. Qué hacer entonces para que no se caiga, ya que está, esta inmensa construcción de la trazabilidad oficial. El gobierno actual, tan amigo del intervencionismo, propone como siempre más policía; avanzar sin pudores sobre lo más sagrado y eficaz de que dispone la cadena, lo más sagrado a lo que tiene derecho un ciudadano cualquiera, empresario o no: su libertad de decidir para organizar su negocio, y tomar responsablemente sus decisiones. Como el gobierno no puede creer que la clave del éxito de esta cadena sea la libertad, como no puede creer que la actividad que más crece lo haga sin que ningún gobierno intervenga, ni bien hay un problema propone meterse. No creo por tanto que para salvar el sistema a medio implementarse, haya que establecer más controles a productores, funcionarios y veterinarios. Nada de eso. Hay que renovar por la positiva la decisión de los productores, no ya con la promesa de un mejor precio, que no tiene mayores señales que ocurrirá, sino tal vez con otros beneficios que sí pueden estar disponibles hoy para los ganados libremente trazados, los que lo estén hoy. GARANTÍAS. La prenda de semovientes, en buena medida por resultar difícil la identificación tradicional de los animales, no es aceptada como garantía computable por el BCU en su normativa para los préstamos de los bancos, los que si igualmente deciden prestar, deben previsionar el 50% del crédito, riesgo que obviamente transfieren a la tasa. El ganado trazado debería ser admitido como garantía computable por el 100%, lo que facilitaría muchas operaciones de crédito bancario, de creación de fideicomisos de garantía a partir de la propiedad fiduciaria de ganado identificado individualmente, etc. Esta posibilidad equivaldría a lograr un precio mejor por ganado trazado y alentaría a todos a empujar en esa dirección, al menos mientras se dilucida si comercialmente resulta al final del día lo mejor, haber realizado tal esfuerzo. Y por supuesto que sin ley, sin policía, sin más intervencionismo.

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