26 de diciembre de 2009 09:14 AM
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Más leche con mercados libres

La supresión de subsidios a pequeños tamberos debería ser el primer paso para una más amplia retirada del Estado

Ante el vencimiento del actual sistema de subsidios a la producción de leche en tambos pequeños, que ocurrirá el último día de diciembre, se presume que finalizaría este régimen que viene repitiéndose bajo la dirección del discutido secretario de Comercio, Guillermo Moreno. La razón del cese consiste, por un lado, en el mayor poder de compra de la industria láctea debido al aumento de los precios de sus exportaciones y, por otro lado, a la decreciente disponibilidad de recursos fiscales con motivo del festival de subsidios adjudicados a numerosos sectores de la economía, como el transporte, la energía y el fútbol. Hasta ahora, el aporte estatal es de 20 centavos por litro de leche entregado por los tamberos a las industrias por los primeros 3000 litros de leche y hasta 12.000 litros diarios. Se trata de un sistema que, por beneficiar sólo a pequeños productores, ha tenido propósitos sociales antes que el crecimiento productivo, un régimen que se torna estéril cuando esos tambos alcanzan los 3000 litros diarios. Ni los tamberos están todos unidos ni las esferas estatales comparten entre sí sus propósitos. Los tamberos más pequeños han mostrado diferencias con sus colegas y canalizaron sus aspiraciones por medio del secretario Moreno, mientras que en el gobierno nacional, con la creación de la Subsecretaría de Lechería en la órbita del nuevo Ministerio de Agricultura, queda abierta la posibilidad de nuevas decisiones en la materia, que diferirían de las propiciadas por la Secretaría de Comercio. Todo esto ocurre en un sector como la lechería, cuya producción y precios están sujetos a alta volatilidad por razones de localización de la producción y sus industrias, instancias climáticas, estacionales y también por las cambiantes cotizaciones internacionales. La experiencia indica que la relación entre la producción y la industria láctea nunca ha sido fácil. Sin embargo, la producción de leche alcanzó su expresión máxima de 10.000 millones de litros anuales a fines de los años noventa, acompañando el crecimiento de los cultivos agrícolas y de carnes en el fructífero marco de la libertad de funcionamiento de los mercados. Tal nivel productivo no fue superado posteriormente en el contexto de la poderosa intervención estatal y pese al otorgamiento de subsidios. En suma, diez años perdidos para el aumento de la producción de leche y para la expansión de sus industrias. En la realidad actual lo recomendable sería restablecer el libre funcionamiento de los mercados con el compromiso oficial de evitar nuevas intervenciones, tanto de restricciones como de tributos, entre ellos las retenciones, ahora derogadas para la mayoría de los lácteos de exportación. Y deberían restituirse los reintegros de impuestos indirectos a las exportaciones del orden del 3 por ciento, suprimidos años atrás. Respecto de los subsidios, y siempre en el contexto de libre mercado, cabría proceder a su gradual disminución hasta su agotamiento. Sólo así podrá superarse el estancamiento de este vital sector del agro. Lo mismo debería aplicarse a las demás actividades rurales, como cereales, oleaginosas y carnes, rubros que vienen sufriendo la intervención estatal, que cercena las grandes oportunidades que ofrecen los mercados del mundo

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