16 de octubre de 2011 17:43 PM
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Menos estrés, más plata

300 millones de pesos se pierden cada verano por efecto de las altas temperaturas sobre los rodeos lecheros. Se trata del estrés por calor. Hay maneras de reducir considerablemente su impacto.

Las condiciones climáticas imperantes en las diferentes cuencas lecheras pampeanas durante el período que va de octubre a marzo se apartan bastante de la “zona de confort” o de bienestar del rodeo lechero. Las vacas se estresan.

Esto ocurre cuando sus cargas calóricas son mayores que su capacidad para disiparlas. Y tenemos motivos para preocuparnos: Económicos: aunque no son claramente percibidas y valoradas por los productores por permanecer muchas veces ocultas en el sistema, las pérdidas económicas son importantes y se evidencian en los siguientes indicadores técnicos: Menor producción de leche; deterioro de los porcentajes de grasa y proteína en la leche, pérdida de peso y de condición corporal; deterioro de los índices reproductivos (concepción y fertilidad reducida, menor duración del estro, desarrollo de folículos no viables y mayor muerte embrionaria temprana); y mayor riesgo de enfermedades.

Estas pérdidas se estiman en más de 300 millones de pesos durante el período marzo-octubre, considerando que en las zonas productoras de leche ocurren, en promedio, 11 olas de calor de 5 días de duración cada una en ese lapso.

De infraestructura: las instalaciones inadecuadas y la baja adopción de prácticas tendientes a limitar el impacto del estrés calórico, agravan la situación. Resulta interesante analizar la relación costo-beneficio de las prácticas e inversiones propuestas para atenuarlo, ya que en general el tiempo de recupero es muy corto.

A mayor productividad del sistema, mayor impacto económico. Por eso, una estrategia adecuada para mitigar este problema es imprescindible en el marco de un proceso de intensificación sustentable.

Comprender para manejar

El rodeo lechero nacional está expuesto durante el verano y parte de la primavera y otoño a condiciones de levadas temperaturas y humedad relativa que se agravan por las pocas inversiones en infraestructura y escasa adopción de buenas prácticas de manejo existentes en los tambos.

Como todo animal homeotermo, la vaca debe mantener su temperatura corporal dentro de un intervalo muy acotado, independientemente de la cantidad de calor que ella misma genere y de las condiciones ambientales. En la vaca lechera, el rango normal de temperatura corporal se ubica en 38,6 ± 1,2 ºC. Esta condición (homeotermia) es esencial para que el conjunto de funciones fisiológicas y reacciones metabólicas se desarrollen en forma óptima.

La energía ingerida por la vaca, más la eventualmente movilizada y catabolizada, la podemos encontrar posteriormente transformada en diferentes fracciones: Pérdidas en heces, orina y metano; utilizada en funciones vitales; utilizada en la producción de leche y tejidos durante la gestación; transformada en calor (fermentación de alimentos, actividad muscular, utilización metabólica de nutrientes).

A esta última fracción, llamada calor metabólico (equivalente al generado por 100 lámparas de luz de 100 watts), se le suma el aporte ambiental por radiación solar directa, por convección (intercambio con el aire) y por conducción (intercambio con el suelo). Estos últimos casos se producen cuando la temperatura del aire y del suelo son superiores a la del animal.

El animal debe disipar este calor para mantener su temperatura corporal. Los mecanismos utilizados para este fin son: la evaporación (transpiración y respiración), la radiación, la conducción y la convección. Estos tres últimos se producen cuando la temperatura superficial del animal es superior a la del ambiente. Generalmente, la evaporación es el mecanismo predominante.

Estado de estrés.

Ante un aumento de la temperatura ambiente, la vaca trata inicialmente de incrementar la eliminación de calor por vasodilatación subcutánea y evaporación de agua a nivel respiratorio. Si esto no fuera suficiente, continúa minimizando sus desplazamientos y por último, disminuyendo la ingestión de alimentos (menor calor metabólico).

A partir de una cierta temperatura ambiente, la vaca no podrá mantener más su homeostasis y se considera que el animal ingresó a un estado de estrés calórico. A la temperatura ambiente en la que se produce esta situación, se la denomina temperatura crítica superior.

Esta varía por múltiples factores, sobre todo por la edad del animal y su peso vivo. Los mecanismos de regulación se adquieren progresivamente con la edad. Por lo tanto, los terneros y animales jóvenes son mucho más sensibles que los adultos. Con respecto a la producción de leche, en vacas de alta producción, la temperatura crítica superior es más baja que en vacas de menor potencial. Las que más producen generan más calor interno explicado por un mayor consumo de alimentos. Consecuentemente, estos animales presentan una menor adaptación a condiciones de elevadas temperaturas. A su vez, las vacas en ordeño son más susceptibles al estrés calórico que las vacas secas, debido al mayor calor metabólico generado durante la lactancia.

Con respecto a las razas y cruzas, las seleccionadas sólo por producción de leche muestran, en términos generales, una menor adaptación.

La capacidad de disipar calor se reduce ante un aumento de la humedad relativa. Por este motivo, se ha desarrollado el término “índice de temperatura-humedad” (ITH) (Frank Wiersma, 1990).

Diagnóstico

Para establecer un rápido diagnóstico sobre el estado de estrés calórico, se enumeran los siguientes signos asociados al comportamiento de las vacas: Aumento del ritmo respiratorio (más de 80 pulsaciones por minuto, normal= 35-50 por minuto). Incremento de la temperatura corporal (> 39ºC). Respiración rápida con la boca abierta. La lengua cuelga de la boca. Excesiva salivación y pérdida de saliva por la boca. Disminución de la rumia. Descenso de la actividad corporal. Incremento de la ingesta de agua. Reducción del consumo de MS. Los principales efectos del estrés calórico repercuten sobre el consumo y la nutrición, la fertilidad y la producción. Impacto sobre el consumo de MS y la nutrición. Utilización entre 20 y 30% más de energía de mantenimiento para compensar el esfuerzo de permanecer aclimatadas. Disminución del consumo de materia seca entre 10 y 20%, dependiendo de la duración del estrés calórico. Disminución de la rumia. Disminución de la digestión y absorción de nutrientes del alimento.

Impacto en la fertilidad: Disminución de la tasa de concepción. Aumento del peligro de muerte de embriones. Disminución del peso al nacer y viabilidad de los terneros. Impacto en la producción de leche. Disminución de la producción entre 10 y 25% en condiciones de alto estrés térmico y 40% en circunstancias extremas. Disminución de la concentración de proteína y materia grasa de la leche.

 Problema crítico, soluciones accesibles.

Las condiciones climáticas imperantes, la limitada infraestructura existente y la escasa aplicación de prácticas de manejo en la mayoría de los tambos, determinan que las vacas en Argentina presenten condiciones de estrés calórico durante una importante cantidad de tiempo. La intensificación de los sistemas de producción de leche incrementa la criticidad del problema. Al considerar sólo el efecto del estrés calórico sobre la producción de leche pampeana, se estiman pérdidas de $3 a 4 millones por día durante el período estival. Las inversiones en infraestructura y la adopción de buenas prácticas tienen un muy alto retorno económico y rápido recupero.

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