17 de octubre de 2011 13:39 PM
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Definir si se erradica o se convive con el picudo depende de los presupuestos que se dispongan

SAENZ PEÑA ( El picudo del algodonero, considerada la plaga de las pérdidas millonarias, se reconoce como un grave problema en la mayoría de los países americanos productores de algodón.

Las distintas experiencias se comparten con el objetivo de retraer la acción del insecto y con ese objetivo visitó el Chaco la ingeniera Nora Jiménez Mass, quien desarrolla su labor en Corpoica, Montería – Cereté, Colombia.
La ingeniera Nora C. Jiménez Mass hizo su posgrado (maestría) en Entomología, en el tema “Resistencia de plantas a insectos”, en Texas A & M University, 1992, y tiene una vasta experiencia en algodón y en picudo del algodonero.
De visita en los campos de centro chaqueño, la ingeniera Nora Jiménez Mass calificó lo sucedido en la pasada campaña con el algodón como “una crisis” que se originó en la superposición de los períodos de cosecha y siembra del algodón. “La explosión poblacional del picudo en la zona algodonera de Argentina es la consecuencia de algo que se puede considerar como un pecado mortal: no respetar el período de pausa necesario para debilitar al insecto es lo que no se debe hacer”, explicó graficando la realidad de los algodoneros chaqueños.
“De las experiencias hay que aprender; ahora los agricultores deben juntarse porque después de lo sucedido en el pasado año agrícola, con la madurez de lo sucedido seguramente las decisiones serán más responsables”, dijo optimista la especialista colombiana.

Erradicar o convivir

“Definir si se erradica o si se convive con el picudo depende de los presupuestos que se dispongan. Una erradicación biológica como la que hizo Estados Unidos implica mucho dinero”, resumió la profesional ante la consulta relacionada con la eliminación del picudo.
La política de erradicación aplicada por el país del norte “determina que en cada departamento los algodoneros llegan a un acuerdo y deben sostener una campaña de supresión biológica, metodología que tiene un costo elevado que es asumido por los propios productores y no por el Estado”. “Para la implementación de las técnicas se necesita estudiar y conocer detalladamente el comportamiento que tiene el insecto que, aunque sea el mismo en toda la América algodonera, registra características específicas que le permiten adaptarse a las condiciones naturales de cada zona”, aclara la profesional.
La especialista colombiana, que durante varios días visitó campos de pequeños, medianos y grandes productores de algodón en el Chaco, consideró además que “debe haber una base científica porque no se puede decir vamos a erradicar sin un fundamento”. “Primero tiene que existir un estudio de las condiciones en las que el coleóptero se reproduce en la zona y luego se deben establecer sitios pilotos para comprobar que las hipótesis que se tienen para controlar y erradicar la plaga funcionen”, remarca Jiménez Mass.

Trampas y destrucción de rastrojos

“En Colombia convivimos con el picudo y no conocemos lotes que no alberguen al coleóptero, pero lo manejamos como a todo insecto plaga que tiene explosiones poblacionales que son dinámicas. Cualquier insecto puede tener esa explosión y la clave está en prevenir especialmente destruyendo los rastrojos”, señaló Nora Jiménez Mass coincidiendo con el protocolo local.
Con referencia a las trampas resumió que “el adminículo es importantísimo especialmente en una zona, como la chaqueña, donde el problema se está comenzando a sentir”. “La trampa es un elemento de monitoreo que dará al productor el dato que necesita para saber cuál será el futuro de su cultivo”, concluyó

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