18 de octubre de 2011 13:04 PM
Imprimir

Pesan la soja y Brasil, pero la clave está en las decisiones de Cristina

La Argentina baila un día al compás del precio de la soja y otro al ritmo de la economía brasileña, los canales directos a través de los cuales ya se perciben los coletazos de la crisis internacional: así de grande es la dependencia de factores que no pueden ser gobernados desde aquí. Sin embargo, el combo será incompleto si quedan afuera desajustes internos evidentes.

En 2008–2009, el discurso oficial consistió en atribuir los problemas propios por entero al temblor externo. Omitió incorporar, entre otros, el impacto del conflicto con el campo y el efecto de la estatización de las AFJP en la fuga de capitales, que, al margen de toda evaluación política, gravitaron en las expectativas y en el desempeño de la actividad económica.

Desde luego, el considerable peso de la soja y de Brasil justifican poner allí una lupa grande. Pero si es relativamente sencillo trazar escenarios en base al comportamiento de ambas variables, más difícil les resulta a analistas y empresarios resolver un acertijo clave. Concretamente, qué hará el Gobierno con aquellos desequilibrios de la economía que le pertenecen sin vueltas .

Cualquiera puede armar una lista de interrogantes: van desde la normalización del INDEC, el arreglo de la deuda con el Club de París y admitir que el Fondo Monetario revise las cuentas argentinas hasta operar sobre el crecimiento del gasto público. Pero sobran dudas en el sentido de que una agenda así sea la del Gobierno.

“Si fuese por Amado Boudou, buena parte o todo eso se haría”, dice alguien entrenado en imaginar movimientos del kirchnerismo. Está probado que Cristina Kirchner le presta mucha atención al futuro vicepresidente, pero de allí a que valide cada una de sus recomendaciones media un trecho largo . Y abundan antecedentes, tantos como que ellos pueden ser encontrados en aquella lista de interrogantes.

Justamente por eso, los empresarios dudan de que algunas iniciativas que Boudou les ha comentado vayan a terminar en decisiones de la Presidenta. Si hasta es posible que no pueda colocar a su sucesor y quedar desairado: como todo el mundo sabe, su preferido es el secretario de Finanzas, Hernán Lorenzino.

Afirma un consultor, en línea con el pensamiento generalizado: “La incertidumbre política está despejada. Cristina será reelecta. La cuestión central pasa por sus decisiones ”.

Hasta ahora, la estructura del área económica funciona parecido a un sistema de compartimentos estancos . En ese espacio orbitan Boudou, De Vido, la ministra de Industria, Débora Giorgi, Guillermo Moreno, la jefa del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, y el secretario de Hacienda, Juan Carlos Pezoa.

De un modo u otro, todos reportan en directo a la Presidenta: así pasaba con Néstor Kirchner, así pasa ahora. Encima, Cristina Kirchner tiene un consultor habitual y de su confianza: el presidente del Banco Nación, Juan Carlos Fábrega.

El problema es que, esta vez, con un horizonte bastante más complejo, los equipos y el trabajo coordinado adquieren otro valor . Y los cortocircuitos internos, también.

Profesionales acostumbrados a medir el mediano y el largo plazo, los del sector petrolero local e internacional dejaron su propia agenda de preguntas, durante un congreso que tuvo lugar, días atrás, en Buenos Aires.

Entre varias más, anotaron la solidez fiscal y, consecuentemente, la posibilidad de que se eche mano a nuevos impuestos. Otra fue si el kirchnerismo tomará en serio el proceso inflacionario y cuál será la actitud del sindicalismo. Y, por fin, una de cajón: si la Argentina está libre de caer en alguna de sus crisis recurrentes.

Ni hace falta decir que en ese horizonte la inflación ocupa un lugar relevante, porque encadena distorsiones a lo largo de toda la economía: entre ellas, el deterioro del tipo de cambio. Es posible enfrentarla sin un ajuste socialmente costoso y hasta reconociéndola en los hechos y no en las formas.

Pero siempre serán necesarias acciones de equipo bien articuladas .

En este panorama asoma, además, un punto que atraviesa el sector externo y se manifiesta en el stock de divisas . El superávit comercial ha empezado a achicarse seriamente, porque las exportaciones crecen a un ritmo bastante menor al de las importaciones. Y, en la secuencia, deja un balance cambiario apretado.

Un subproducto, en el que entra de todo un poco, es nada menos que la fuga de capitales. Ha continuado pese a que ya no existe ninguna incertidumbre electoral y va camino, este año, a desbordar los US$ 20.000 millones.

No hay economía capaz de resistir semejantes movimientos por mucho tiempo .

Seguramente, el oficialismo intentará reformar la Carta Orgánica del Banco Central para extraerle un monto de reservas mayor al que permite la ley vigente. Y seguirá exprimiendo recursos de la ANSeS y de otras fuentes de financiamiento del Estado. Llegado el caso, también acentuará las barreras sobre las importaciones y aplicará controles directos a la salida de capitales.

En opinión de varios economistas, el Gobierno tiene herramientas como para sortear 2012. Advierten, sin embargo, que las cajas fuertes han comenzado a agotarse y que anidan riesgos claros en la dinámica del fenómeno . Al margen: la soja y Brasil tomaron un peso semejante, porque aquí faltaron políticas diversificadas y de desarrollo sustentables.

Finalmente, el kirchnerismo no tendrá que gobernar uno, sino cuatro años.

Fuente:

Publicidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *