20 de octubre de 2011 12:57 PM
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El personal de Harengus, a la deriva

La relativa tranquilidad que venían teniendo los trabajadores de la planta de procesamiento de la pesquera Harengus de Puerto Madryn se terminó cuando se supo que finalmente el único inversor interesado en comprarla había desistido de la operación.

Las escasas expectativas que había entre el personal en relación de dependencia sobre una posible reactivación se desvanecieron en las últimas horas, y a todo ello, se suma la falta de cumplimiento a las obligaciones salariales.

La gente volvió a recurrir a las oficinas del Sindicato de la Alimentación para que les dieran explicaciones sobre su futuro laboral y novedades sobre el acontecer de la empresa de la cual siguen siendo empleados, ya que se enteraron por los medios de comunicación que había fracasado el intento de transferencia de la compañía a otros inversores locales.

A media mañana de ayer un grupo de trabajadores después de nuclearse en la sede del STIA pidieron marchar hacia la Municipalidad de Puerto Madryn para entrevistarse con el intendente Carlos Eliceche, quien oportunamente se había ofrecido de garante y mediador en el conflicto, y de hecho había tomando contacto con los directivos de Harengus en Buenos Aires.

Una ruidosa manifestación cortó el tránsito vehicular frente al edificio de la comuna y del Concejo Deliberante madrynense, y a diferencia de anteriores movilizaciones, en esta ocasión ingresaron a las dependencias municipales y se apostaron en las puertas mismas de la Intendencia.

Si bien los trabajadores se manifestaron en todo momento en forma pacífica, efectivos de la Seccional Primera de Policía se apersonaron en el lugar custodiando principalmente el ingreso al despacho del Intendente. Luego de casi una hora de espera, una comisión de delegados sindicales con Daniel Mesa a la cabeza fueron invitados a ingresar a una reunión con Carlos Eliceche y el viceintendente Ricardo Lázaro.

En los pasillos y el ingreso a la Municipalidad los ánimos seguían tensos y hubo fuertes recriminaciones a viva voz dirigidas hacia el titular del ejecutivo municipal, orientadas a que se ha subsidiado a entidades deportivas y no a los obreros de la pesca, otros sostenían que al estar a escasos días de las elecciones los funcionarios estaban solamente abocados a la campaña proselitista.

En tanto, otros asalariados de la pesquera razonaban que las actuales autoridades no tenían ningún tipo de interés en resolver esta situación y que por una cuestión política esperan que transcurran los meses y una crisis más aguda le estalle en las manos al próximo intendente que asumen en diciembre; y en esa misma línea, opinaban que tampoco desde el gobierno provincial hay, por estas horas, vocación de intervenir en el problema sino que prefieren que el hierro caliente lo agarre Eliceche.

Así las cosas, entre los trabajadores hay un clima de angustia, enojo y también de desazón. La mayoría admite con los dientes apretados que difícilmente vuelvan a trabajar, creen que Harengus de esta situación no se recupera, y a su vez se sienten apesadumbrados porque saben que será poco probable que se reinserten en el mercado laboral dentro de la industria pesquera, teniendo en cuenta el estado general de las empresas del sector. Hay quienes por su edad no están en condiciones de jubilarse, pero tampoco de conseguir un empleo, y hoy sienten que están a la deriva.

Con todo, después de la movilización de ayer a la Municipalidad el Secretario Progremial del STIA, Daniel Mesa, les comunicó que “el Intendente está muy enojado con los directivos de Harengus porque no cumplieron con su palabra de pagar lo que se debía de salarios. Cree que la planta no se va a volver a abrir porque los empresarios no han mostrado la mínima voluntad para que eso ocurra”.

El único resultado que tuvo el encuentro fue que “Eliceche se comprometió a gestionar ante el gobierno provincial un nuevo subsidio para ustedes, pero debemos esperar respuesta recién hasta el viernes”, relató Mesa ante los trabajadores que cortaban la calle Belgrano frente a la plaza central de Madryn. Sin margen de acción, los empleados de Harengus se desconcentraron con el mismo sabor amargo con que habían llegado.

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