21 de octubre de 2011 00:43 AM
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Cristina, una foto y la película

El escenario es muy dinámico y tiene varios cuadros por llenar. Uno es estratégico: el andamiaje agroindustrial sólo podrá satisfacer sus metas más ambiciosas si deja de ser visto sólo como una gran caja para recaudar.

Dentro de los lógicos recaudos sobre la evolución de la política económica y agropecuaria tras las elecciones del domingo, la visita presidencial a Coninagro, el pasado lunes, fue registrada entre las entidades del sector como algo más que una foto de campaña.

En palabras de los interlocutores, quedó como el inicio de un nuevo camino, de una relación de la que se podrá sacar mejor provecho a favor de los “40 millones de argentinos”, como reza una de las citas preferidas de Cristina.

Para los anfitriones, con Carlos Garetto a la cabeza, se trató de una puerta que abre un nuevo rumbo en las relaciones de un Gobierno con grandes chances de continuidad y las cámaras y empresarios rurales.

 

Desde el llano, hubo reacciones no tan optimistas. Productores autoconvocados cuestionaron la decisión de Coninagro de aceptar el encuentro. A seis días de las elecciones, les cayó pesado que una de las cuatro centrales del sector se dispusiera a recibir mansamente lecciones de economía agropecuaria kirchnerista, “con el trigo pudriéndose en los campos”, como escribieron en una declaración que hicieron circular.

Encuentro relevante. Pero los líderes cooperativistas que almorzaron con la Presidenta no quitaron importancia a la “foto”, más allá de que también dieron relevancia a la “película” sobre la que, reconocieron, deberán trabajar los distintos actores oficiales y privados de aquí en adelante.

El escenario es muy dinámico y tiene varios cuadros por llenar. Uno es estratégico y se repite en toda mesa de debate ruralista: el andamiaje agroindustrial sólo podrá satisfacer las metas más ambiciosas si éste deja de ser visto por los administradores públicos como una gran caja de la que podrán echar mano de manera discrecional y en cualquier momento.

Y en esta definición, las retenciones, por mencionar el instrumento más emblemático, apenas representan la punta del iceberg (en rigor, hoy el menos dañino del esquema oficial de “desacople” entre mercado externo e interno de commodities ).

En Coninagro anotaron uno de los mensajes que bajó Cristina: un conflicto como el de la 125 no trajo beneficios para nadie y, por ende, no debe repetirse; será necesario buscar puntos de consenso, canales institucionales adecuados para resolver los problemas de la coyuntura y el largo plazo.

Un apunte no marginal: la reacción de los productores en 2008 determinó que las retenciones agropecuarias pasen a ser un tema a resolver por el Congreso.

Queda mucha tela para cortar. Un retazo deshilachado está en la política comercial para el trigo y el maíz. Funcionarios de Agricultura agendaron para la semana próxima un nuevo encuentro con las Bolsas y actores del comercio granario para seguir analizando la propuesta de Agricultores Federados Argentinos sobre un nuevo esquema que implicaría “liberar” el 60 por ciento de los stocks para la exportación.

Sobre la política triguera, un trabajo realizado en Córdoba por técnicos del Ieral-Fundación Mediterránea propone como prioridad eliminar los cupos de exportación, debido a que estos no conllevarían costo fiscal y, a mediano plazo, bajar las retenciones al trigo, entre otras medidas.

Con una lectura preelectoral, los “grupo foco” que pidió el Gobierno explican por qué Cristina vuelve a cosechar votos en el agro. Por un lado, los productores encuestados consideran que cualquier otro poder de turno no dejará de utilizar la caja de las retenciones; que la oposición, además, no ha presentado una alternativa confiable y, finalmente, muestran cierta incertidumbre por otro gobierno que no sea el de la actual Presidenta.

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