21 de octubre de 2011 11:17 AM
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Del ser al parecer . . . (Suana Merlo)

En tiempos de elecciones, más que en ningún otro momento, las diferencias entre lo que “parece” y “lo que es”, así como entre “lo que se dice”, versus “lo que se hace”, pasan a ser abismales en el terreno político.

Y si bien todo el mundo lo sabe, un porcentaje importante de la sociedad parece caer en la tentación de creerlo, o al menos aparenta que lo hace.
Sin embargo, la mayoría de las veces anteriores, al menos el oficialismo debía salir a dar la cara, reconocer algunos errores, hacer alguna promesa que seguramente luego no cumpliría, dar algunas formas de explicación, sobre todo ante el embate de los opositores, y toda la serie de estrategias que eran bien conocidas… hasta ahora.
Es que esta elección presidencial, al menos desde ese punto de vista, es totalmente atípica. Nadie explica nada. Nadie promete nada. No se dio un debate (con el oficialismo). No hubo una conferencia de prensa. No se contestó una pregunta.
Es más, prácticamente no hubo malas noticias, ni siquiera inquietantes. Un manto de “aquí no pasa nada” cubre hace semanas la vida cotidiana y, si bien muchos saben que la realidad es bien distinta, no hay eco ni parece haber espacio para la verdad.
En un sketch cómico la frase hubiera sido “mentime, que me gusta…”.
Para el campo es casi peor aún. Hasta el silencio hubiera sido preferible, pero no.
Por el contrario, se ratificó la política que se viene siguiendo desde 2004, cada vez con más intensidad, y sobre la que el sector viene reclamando correcciones sin ningún éxito desde entonces. No sólo eso, desde el Gobierno se defendió la figura de Guillermo Moreno, el belicoso Secretario de Comercio, que hoy por hoy encarna, justamente, la posición más contrapuesta con el campo.
¿Qué decir o qué esperar después de eso?
Si este es el mensaje para retomar el diálogo después de 3 años, entonces la respuesta más lógica es: NO SE PUEDE ESPERAR NADA, a pesar de los “gestos”, de las visitas, de alguna sonrisa y de las muchas fotos con las que parece que se quiere mostrar una mejora en la relación que no es tal, ya que está vacía de contenido.
El Gobierno no tiene que ser “amigo” de los sectores ni viceversa. No es esa la función. Si se llevan bien mejor pero, en caso contrario, los funcionarios deben administrar y fijar las políticas que permitan el crecimiento del país, su mejora y su engrandecimiento sin importar lo simpático o no de la relación.
Los productores deben hacer lo que saben: invertir, correr riesgos, producir, y tratar de evitar endeudarse y quebrar.
Es un tema político y empresario, no social.
Si efectivamente el Poder Ejecutivo quisiera mejorar su relación con el campo, lo único que tiene que hacer es tomar algunas de las medidas correctivas que hace más de 5 años se le reclaman y que, a pesar de los resultados más que adversos obtenidos hasta ahora, se niega a adoptar.
Y para eso solo hace falta la decisión de hacerlo.
Por ende, la ausencia de tales respuestas, medidas o correcciones sólo indica una cosa, y eso no se puede enmascarar con fotos, sonrisas o dedicatorias.
Esta semana la Presidente de la República visitó una de las entidades del sector. Por supuesto que en el Gobierno sabían perfectamente lo que eso iba a significar para el resto… y por eso armaron la visita.
Y tal vez para algunos, aunque no estaba para nada en duda, podía perseguir un fin proselitista, pero no es así. “Los del campo” son pocos para semejante gesto, sobre todo, cuando el resultado electoral ya está asegurado.
La estrategia, más vale, es de marketing, pero orientada a otros sectores. Para los que no entienden del tema, es un mensaje que dice: “nosotros estamos dispuestos al diálogo. Los del campo no”, y encima dejar flotando en el ambiente que el sector está dividido.
Tal vez el intento no fue “enterrar” la (Resolución) 125, como dijo alguien, si no terminar con la Mesa de Enlace que tuvo la osadía hace 3 años de enfrentar al oficialismo y, para colmo, imponer su postura en el Congreso. Para muchos, un hecho directamente imperdonable…
Pero lo realmente absurdo de todo esto es que, más allá de los orgullos, las pulseadas de poder, etc., estos jueguitos no sirven realmente para demasiado. Al menos no sirven para el objetivo central que debe tener un funcionario, que es gobernar para todos y lograr el avance sólido del país, más especialmente, en los rubros que es más fuerte y eso es, justamente, lo que no está ocurriendo en la Argentina que vive un estancamiento productivo solo atemperado, en muchos rubros, por los avances de la tecnología.
Y a esta altura, ya ni siquiera Su Majestad, la soja, se está salvando…

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