22 de octubre de 2011 11:30 AM
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Claves que dejó la sorpresiva visita a Lavalle 348

Se cerraba una historia plagada de errores y sinrazones cuando el lunes de esta semana Cristina Kirchner golpeó la puerta de la sede de Coninagro en Lavalle 348? ¿Quedaban atrás 40 meses de enfrentamientos desde que se prendió la mecha de las retenciones móviles? ¿Comienza un nuevo capítulo? Por estas horas encontrar una respuesta certera a estos interrogantes sería como acertar la cotización del valor de la soja en Chicago, que durante septiembre cayó un 19%, dos semanas atrás pegó un respingo del 10% y esta semana volvió a caer cerca de un 5%..

Sin embargo, la prolongadísima visita de casi cuatro horas reveló algunas claves que pueden dibujar el escenario que tendrá la política agropecuaria en los más que probables cuatro años de gobierno kirchnerista.

El primer dato es que el Gobierno no quiere tener parado en la vereda de enfrente al campo. Y también en el campo ya se experimentan síntomas de fatiga por cargar la mochila de ser el referente de la oposición.

Con los resultados que entregaron las primarias, en las que Cristina Kirchner corre con la fusta debajo del brazo y no la presiona ninguna necesidad electoral, la visita a una de las entidades que conforma la Mesa de Enlace es todavía más reveladora de la intención oficial.

“La pelea no le sirvió a nadie. Ni a ustedes, ni al Gobierno”, dijo la Presidenta en aquel mediodía en el que se esmeró en seducir a los dirigentes cooperativos. Llegó acompañada por el ministro de Agricultura, Julián Domínguez; el secretario de Agricultura, Lorenzo Basso, y un pequeño grupo de colaboradores pero principalmente de una buena cantidad de conocimientos del negocio agropecuario que fueron agradecidos por la concurrencia. Se notaba que se había preparado y se encargó de desparramar cifras y observaciones a lo largo de todas sus intervenciones. En lo gestual no se quedó atrás, distendida, se mostró afectuosa y trató de ser cercana como cuando dejó la cabecera para acercarse a la pantalla donde se le efectuaba una presentación en Power Point. Los dirigentes cooperativos que la habían visto por última vez en la sala de situación de la Casa Rosada, cuando saludó a la Mesa de Enlace, musitó un frío “gracias por venir” y cinco minutos después pegó un portazo y se fue, juraban que no era la misma.

En este ambiente y como si hablara en voz alta y en confianza con unos nuevos amigos les dijo: “Yo no me tengo que enojar porque defienden al sector y ustedes deben entender que yo debo gobernar a 40 millones de argentinos”.

El segundo dato que se desprende de la visita, en calidad de Presidenta y no de candidata como lo hicieron previamente sus otros contendientes electorales Eduardo Duhalde, Ricardo Alfonsín y Hermes Binner, es que más allá de los formalismos y de los gestos de acercamiento todo seguirá igual. La nueva gestión no tiene pensado ningún cambio en las políticas de intervención de los mercados, retenciones y freno de las exportaciones.

La Presidenta brindó un apoyo explícito al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, que dos días antes protagonizó una agresión física contra un opositor político, según una denuncia. Lo definió como un funcionario “trabajador, honesto, defensor de la mesa de los argentinos y de la industria argentina”.

Pero Cristina Kirchner no sólo salió a bancar a Guillermo Moreno, dicen que como contrapartida estuvo bastante amarreta en los elogios al ministro Julián Domínguez, que contaba con una fuerte hinchada entre los cooperativistas, sino que continuó anclada en el concepto de excedentes exportables y la mesa de los argentinos en abierta contradicción con la potencialidad para alimentar a 400 millones de personas.

A buen entendedor pocas palabras: el negocio agropecuario seguirá funcionando con altos grados de imprevisibilidad y discreción. En la lista de damnificados se encuentra entre otros la ganadería, que sufrió la desaparición de 9 millones de cabezas en cuatro años.

La movida presidencial dividió las aguas entre los que creen que se debe continuar con el enfrentamiento con el Gobierno y los que apuestan a un nuevo diálogo.

Los autoconvocados, en la línea dura, repudiaron a la dirigencia de Coninagro “por prestarse a la foto con la Presidenta y confundir a la población sobre el voto y el sentir de los genuinos productores”.

En cambio, los cooperativistas piensan que hay que recrear el diálogo porque siempre se puede influir. Al punto que evitaron cualquier reclamo sobre las retenciones. “La teníamos de vuelta en la calle a los cinco minutos”, afirmaban algunos dirigentes.

Carlos Garetto, presidente de Coninagro, es optimista. Cree que hay una vuelta de página y que ahora es el momento de escribir un nuevo capítulo. Ojalá que no se equivoque.

RESUMEN

3060
Millones de litros
El saldo exportable de la lechería

la frase

“Esto puede ser el símbolo de una nueva etapa en la relación con el Gobierno”. Hugo Luis Biolcati. Presidente de la SRA

Fuente:

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