24 de octubre de 2011 10:27 AM
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En qué invierten los extranjeros en Chile

CHILE : Empresas europeas traen sus iniciativas al país, invierten hasta varios millones de dólares y generan empleos. ¿Por qué escogen nuestro territorio? Las razones son varias.

Chile necesita incorporar tecnología. Y si bien una parte la puede desarrollar acá, existe en el mundo un montón de ella disponible que podría adaptarse al país. Significa traer nuevas herramientas y, de paso, inversiones que ayudan al desarrollo del sector y del país. Y en el último tiempo están llegando a Chile una serie de iniciativas europeas, elegidas con pinzas entre emprendedores que tienen proyectos y que han decidido apostar por el país. A través del programa Invest Chile (ver recuadro) de Corfo está llegando talento internacional para que trabaje con el local.

Hoy en día, las iniciativas que se han implementado en el país son diversas, con inversiones que ascienden hasta los US$ 20 millones, y que desde el 2000 a la fecha han significado del orden de los US$ 2.400 millones de inversión local y extranjera, y cerca de 40 mil empleos.

Al recibir la invitación de los chilenos, los extranjeros se sienten atraídos porque ven que el agro en Chile, con su apertura global, tiene posibilidades que a ellos les permitiría crecer con sus empresas, pero además porque desde Chile pueden exportar sus productos a otros puntos.

“Chile ofrece una muy buena plataforma operativa para exportar, a pesar de su lejanía geográfica. Además, cuenta con convenios de arancel cero con muchos mercados a través de mecanismos relativamente sencillos”, explica Felipe Soto, gerente regional de Latinoamérica de Ritrama.

Esto ha llevado a que al país lleguen desde distintos puntos del planeta iniciativas como la producción de refinados purés de fruta, que se venden como colaciones para los niños; particulares etiquetas en productos de exportación; sofisticados programas computacionales que controlan los predios, y producciones viníferas ciento por ciento libres de enfermedades, que están generando empleos y se han vuelto empresas locales exitosas.

Purés de frutas de alta calidad

Purefruit es una empresa francesa, con más de 140 años de trayectoria en su país. Pero en 2009 se instaló en Chile, asociándose con Surfrut, una pyme chilena de Romeral, VII Región, dando vida a Purefruit Chile. Para ello, invirtieron US$ 5 millones, capital que incluyó dar empleo a cerca de 50 personas.

Cuentan que optaron por el país porque es uno de los lugares más limpios en la producción de alimentos.
Hoy, la empresa se especializa en la producción de purés y compotas de frutas, pero no cualquiera.

Se trata de puré 100% orgánico,  a los que además no se les adiciona preservantes, saborizantes, colorantes, ni azúcar. Para lograrlo  la empresa procesa las frutas por sistemas de alta presión y las pasteuriza, conservando el color, las vitaminas, el olor y el sabor de la fruta. 

La empresa produce dos tipos de productos. Los primeros son ingredientes para la industria, que se destinan a los mercados extranjeros; y los segundos, son aquellos listos para el consumo que se venden en Chile. Dado que cuentan con certificaciones de fruta orgánica como Organic USDA Nop y EUA Kosher, no tienen problemas para llegar a los mercados de Estados Unidos y la Unión Europea.

Etiquetas para el mundo

“En todo el mundo existe la tendencia a valorar mucho más un producto etiquetado, que indique su origen, que lo haga ‘rastreable’. Ocurre con las frutas chicas y grandes, desde manzanas a kiwis, pasando por melones, piñas y plátanos. Y también se etiquetan los pimentones, paltas y otros vegetales de exportación”, comenta Felipe Soto.

Con esa idea es que, hace tres años, llegó a la V Región la empresa italiana Ritrama, dedicada a la producción de adhesivos para los productos alimentarios que se exportan. No para el embalaje, sino para la misma fruta.

“A pesar de ser Chile un mercado pequeño, nuestra inversión estuvo siempre orientada a la exportación y el país ofrece una muy buena plataforma operativa para exportar a Latinoamérica. Hay convenios de arancel cero con muchos mercados. Y tuvimos el apoyo de Corfo en los estudios de anteproyecto, en activos fijos de nuevas tecnologías en el país y capacitación de personal contratado en la zona, para entrenar tanto en Chile como en el extranjero”, comentan.

Actualmente, el 80% de las etiquetas se destina a la exportación, con despachos a Argentina, Australia, Nueva Zelandia, Sudáfrica, Turquía, Estados Unidos, Emiratos Árabes, Italia, España e Inglaterra, por nombrar los principales mercados. Lo restante, va hacia el público local. Al momento de su arribo al país, invirtieron US$ 20 millones y crearon 300 empleos  en la región.

Aunque no todo es color de rosa, pues cuando se trata de rotular alimentos, la tarea es compleja. En el caso de las frutas y vegetales, cada una tiene una piel particular, lo que requiere de adhesivos especiales para su contacto, -que deben ser aprobados por organismos internacionales-, y que, además, se adhieran de manera firme a éstos para que resistan largos viajes.

Ahora bien, si se trata de vinos, el panorama es distinto, pues se requiere que las etiquetas sean vistosas para que capten la atención del comprador y que también resistan altas o bajas temperaturas conservando de igual forma su calidad.

“Las etiquetas van desde las más sencillas, que imprimen un código de barra que luego lee un lector en la caja de pago, hasta las más complicadas, que son las etiquetas de vinos de exportación, que tienen relieves, filigranas y diversas texturas”, comenta Felipe Soto.

En la búsqueda de mejores vinos

“Para lograr altas producciones y de calidad, se requiere un viñedo conformado por plantas con un elevado estándar, capaces de convivir con plagas como nemátodos o que se adapten a distintas condiciones de suelo. Para ello, el camino es el uso de plantas sanas sobre portainjertos que impriman esas características y que consoliden la industria vitivinícola a nivel mundial”, asegura José Luis Ansoleaga, representante en Chile de Viveros Richter.

Con este fin aterrizó en Chile, el año 2008, esta empresa de origen francés. Para ello invirtieron US$ 2 millones, con el fin de lograr viveros de alta calidad y con moderna tecnología, situados en Tuniche, VI Región, donde cuentan con 30 hectáreas que emplean a cerca de 40 personas. Allí, producen plantas de vides viníferas certificadas y libres de patógenos, sobre portainjertos que sirven como base para las producciones de vino de las empresas locales. Esto lo logran a través de plantaciones en sitios aislados, con suelos vírgenes, no contaminados por plagas, y a partir de material de propagación vitícola de óptima calidad, sanidad y características genéticas.

“Elegimos este proyecto para implementarlo en el país por tres razones: su estabilidad social, económica y política; la escasa presencia de plantas de vides injertadas en la región; y el hecho de que Chile se perfila como un país con enorme potencial en la producción vitivinícola”, concluye Ansoleaga.

El contar con plantas sanas en la industria es clave, pues les da más longevidad; color y grado de azúcar; uniformidad de cosecha; productividad; capacidad de propagación e injertación; y calidad del producto final, por nombrar las principales ventajas.

Si bien este año ha sido el primero de venta de plantas injertadas a escala comercial, su acogida ha sido buena. Tanto, que la empresa inyectará un millón de dólares adicionales para infraestructura y maquinaria de última generación, que les permitirá seguir consolidando el negocio en el país a futuro.

Sus plantas ya están siendo utilizadas en viñas locales como Luis Felipe Edwards, Casa Silva, Koyle, Capel y en la Sociedad Agrícola La Rosa Sofruco, entre otras.

 Predios controlados

Lucía Ibarra llegó a Chile a través del programa Start Up de Corfo, que tiene como objetivo traer talento internacional de primer nivel al país. Y entre los primeros del agro que lo han utilizado está Lucía.

Su objetivo era desarrollar un sistema de información geográfica, orientado a la gestión de variedades vegetales protegidas a través de internet. Con ese objetivo nació en 2008, en España, la empresa Norma Agrícola, que creó el sistema Visualnacert.

“El programa permite conocer dónde están ubicados los predios, cuál es la productividad, la información de trazabilidad, la seguridad alimentaria o la sostenibilidad, entre tantos otros datos, pues la información que se quiere la decide la compañía que contrata el servicio”, recalca Lucía, directora de Visualnacert.
Cuenta que su esfuerzo se ha centrado en lograr que cualquier agricultor pueda acceder al sistema con facilidad, beneficiándose de su información. A principios de este año el sistema comenzó a operar en Chile. Ya lo ocupan empresas como Subsole y Viveros Sunnyridge, y están en conversaciones con empresas limoneras y lácteas.

Actualmente, la compañía no tiene una sede física en Chile, pero sí esperan tener una en el corto plazo. “Chile será nuestro país modelo de implantación con éxito de Visualnacert, y pronto daremos el salto a otros países de Latinoamérica y Norte América. Chile será la base, porque debe ser el líder en nuevas tecnologías para el sector agroalimentario y convertirse en el ejemplo a seguir de muchos países”, afirma Lucía

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