25 de octubre de 2011 13:03 PM
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Caballa: se dejó pescar el doble de lo recomendado

Llevar la captura máxima de caballa de 12 a 22 mil toneladas, es poco menos que burlarse de las investigaciones del INIDEP, ya que la elaboración del documento técnico que derivó en la recomendación de captura, requirió de un ajuste de distintos modelos con los datos disponibles, aplicando el principio precautorio siempre razonable en las […]

Llevar la captura máxima de caballa de 12 a 22 mil toneladas, es poco menos que burlarse de las investigaciones del INIDEP, ya que la elaboración del documento técnico que derivó en la recomendación de captura, requirió de un ajuste de distintos modelos con los datos disponibles, aplicando el principio precautorio siempre razonable en las pesquerías. Ese número –12 mil toneladas–no se condice, es cierto, con la realidad; no se parece siquiera a lo que la flota costera viene declarando en los últimos años. Pero ello no significa que el recurso se encuentre en un nivel de explotación saludable. Al menos no existe ningún dato que pueda confirmarlo.

En el Informe 25 de 2011, el INIDEP efectúa la evaluación de la caballa al sur de 39º S, similar a la realizada en años previos, nuevamente ajustando el modelo estructurado por edades, valiéndose de solo dos valores del índice de ajuste, correspondiendo el último al año 2000 cuando se realizó la última campaña de evaluación hidroacústica.

Teniendo en cuenta la escasa incorporación de información al presente análisis, los biólogos consideraron que era arriesgado modificar las recomendaciones de captura efectuadas en años anteriores, fijándose un máximo anual de 12 mil toneladas.

La explotación del efectivo sureño de caballa alcanzó durante 2010 su máximo histórico, desembarcándose algo más de 25 mil toneladas, número que se encuentra por encima del potencial pesquero de la población. Ante este hecho, los investigadores destacaron que la magnitud de la explotación ejercida sobre el efectivo de caballa resulta en una elevada tasa de mortalidad por pesca, que podría provocar una declinación en la biomasa del 50 por ciento, aunque aclararon que no cuentan con evidencia.

Con la aplicación de distintos modelos, los valores aceptables de captura oscilaron entre 11 mil y 17.800 toneladas, asumiendo en este último caso el riesgo de que la biomasa de reproductores en el largo plazo sea menor al 30 por ciento anterior a la explotación.

Considerando la carencia de información actualizada, agravada por la intensa explotación efectuada en la última temporada, los biólogos reiteraron a las autoridades la necesidad de que se realizase la campaña de evaluación prevista para 2011. La campaña no se realizó porque el Departamento de Buques del INIDEP no contaba con el BIP Oca Balda en condiciones para su zarpada. Luego se especuló con la posibilidad de realizarla con buques comerciales que cuentan con el equipamiento necesario, pero dichos barcos tampoco estuvieron disponibles para ser usados con fines científicos.

Los datos de campaña eran imprescindibles, o al menos eso se pensaba, para realizar alguna modificación en el número establecido como captura máxima, sin poner en riesgo el recurso. Campaña no había y las fábricas necesitaban materia prima para elaborar los productos que ya tenían comprador. Entonces autoridades científicas y políticas tomaron una decisión.

La primer resolución emitida por el Consejo Federal Pesquero –Res 9/2011– fijó la Captura Máxima Permisible en 12 mil toneladas tal como lo había recomendado el INIDEP; pero un mes más tarde los miembros del Consejo, previa reunión con las autoridades científicas del Instituto, decidieron tomar riesgos mayores a los aceptados por los biólogos, llevando la CMP a 21 mil toneladas.

Los argumentos esgrimidos habrían sido la falta de información actualizada tanto de campañas como de muestreo de desembarques; los mismos que llevaron a los investigadores a proponer capturas que, bajo ningún punto de vista, superasen las 17.800 toneladas.

En el acta 35 del Consejo figura una nota de la Dirección Nacional de Coordinación Pesquera en la que se indica que la captura registrada de caballa se encuentra en el 94,9 por ciento de la CMP; con dichos datos se decide por unanimidad instruir a la Autoridad de Aplicación para que cuando la captura de la especie alcance el 97 por ciento de la CMP, disponga el cierre de la pesquería.

Los industriales conserveros inmediatamente presionaron para evitar el cierre, dado que no podrían cumplir con los compromisos comerciales asumidos. Incluso solicitaron una ampliación de 3 mil toneladas en la nueva CMP. La voz de los industriales fue escuchada y se otorgaron 1.000 toneladas más.

Es difícil saber hasta qué punto se está poniendo en riesgo la sustentabilidad del recurso, dado que la información disponible es tan pobre y el conocimiento y rigor científico de los investigadores queda absolutamente desaprovechado. Lo que evalúan tanto los pescadores como las autoridades es que una captura de 25 mil toneladas –datos oficiales– no generó en el corriente año una merma en la abundancia del recurso, si el dato que se tiene en cuenta es la velocidad con la que se han llenado las bodegas.

Definitivamente, 11 años sin evaluar un recurso de importancia comercial es mucho tiempo. Deberán las autoridades ver qué solución pueden dar a la inoperancia del INIDEP en el manejo de buques, dado que nunca logra tenerlos en condiciones para realizar las campañas, o poner en marcha los rimbombantes acuerdos firmados con los gremios que daban la posibilidad de utilizar otras embarcaciones para evaluar los recursos. De lo contrario, dejemos que sean los industriales quienes digan cuánto, cómo y dónde debemos pescar como se ha hecho en este caso y sentémonos a ver los resultados.

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