29 de octubre de 2011 10:58 AM
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La fruticultura regional sigue a la espera de nuevas definiciones

Carlos Soria adelantó que no apoyará ningún proyecto local que colisione con el modelo económico nacional, una postura que pone límites a los reclamos de la actividad.

La apabullante victoria del oficialismo en las últimas elecciones plantea nuevos interrogantes dentro de la fruticultura regional.

Desde el punto de vista político, no tener una oposición que equilibre el tremendo poder con el que contará la administración Kirchner a partir del 10 de diciembre es una señal negativa para la democracia.

Pese a ello la mayor parte de los sectores que congrega la fruticultura del Valle se muestra optimista con la llegada de Carlos Soria al Ejecutivo rionegrino. Ven en él un gobernador que puede mejorar el traumático diálogo que hoy gran parte de la actividad mantiene con la Nación.

A esta altura de los acontecimientos, este “diálogo” se debería concentrar en cómo mejorar la competitividad del sistema y devolver así la rentabilidad a un sector clave para la economía de la Norpatagonia. La fruticultura, en este sentido, ya no tiene margen para seguir postergando sus problemas.

Pero ¿hasta qué punto Soria puede cambiar este escenario?

El electo gobernador mencionó entre líneas en estos días dos definiciones que podrían marcar el rumbo en su futura relación con la fruticultura:

• La primera de ellas es que no apoyará ningún proyecto regional que colisione con el modelo económico nacional. El mensaje confirmaba la “bajada de pulgar” al trabajo realizado por Fundación Mediterránea, documento que fue presentado en sociedad unos días antes de concretarse las elecciones provinciales. En él se evaluaban las alternativas para sacar al sector de la crisis estructural que atraviesa. Con este primer concepto algo queda claro: que Soria no confrontará con el gobierno nacional. Lamentablemente, las medidas que hoy necesita la fruticultura deben apuntar a dejar atrás la pérdida de competitividad que la economía le está quitando en forma progresiva al sector exportador. Por lo tanto, cualquier propuesta seria y sustentable que salga del Valle colisionará con la rigidez del actual modelo.

• La segunda definición que planteó el electo gobernador fue que, a su entender, el principal problema que se detecta en la fruticultura hoy está en el pequeño productor, a quien consideró que hay que “dar una mano importante”. Deja en un segundo plano al resto de los sectores y asegura que éstos tienen espaldas para poder sortear la coyuntura de la crisis. En definitiva, no visualiza serios problemas en el sistema sino más bien crisis en determinados segmentos de la actividad que necesitan ayuda inmediata, un concepto que tiene incorporado el gobierno nacional desde aquella fatídica frase del gobernador Saiz recriminando a un empresario, cuando ambos caminaban por las tranquilas playas del balneario Las Grutas: “Si los exportadores quieren ayuda, que antes traigan los dos dólares por cada caja que todos los años dejan en el exterior”.

Por ahora la fruticultura no está recibiendo señales claras del futuro gobierno provincial.

Sigue sin definirse quién se hará cargo del Ministerio de la Producción y esto hace que no exista una seria propuesta por parte de la administración Soria, a más de un mes de haber ganado las elecciones, para alivianar las limitantes de la actividad. Con la cosecha de cerezas encima y en pocas semanas más el inicio de la recolección de Williams, pareciera que nadie tiene intenciones de mover las fichas. Desde las organizaciones que agrupan a la actividad (CAFI, cámaras y Federación, entre otras) tampoco hay señales en este sentido.

Fortalezas y

debilidades

 

¿Cuál es el peso político que tiene el futuro gobierno provincial en el mapa del país para exigir cambios para la fruticultura?

Allegados al electo gobernador no dudan en señalar que la Nación “escuchará los reclamos del sector porque al trabajo que viene haciendo Pichetto ahora hay que sumarle el de Soria, cosa que antes no existía”.

No se puede dejar de mencionar que uno de los pocos legisladores que abrieron puertas al empresariado y a los productores frutícolas de la región ante la administración central en los últimos años fue el senador Miguel Pichetto aunque, lamentablemente, con logros finales positivos en algunos casos puntuales y relativamente pobres al analizar los cambios estructurales que necesita la actividad.

La realidad del senador cambiaría vertiginosamente a partir del 10 de diciembre. En principio, Pichetto podría ceder poder en el Congreso donde el vicepresidente Cobos fue anulado por el oficialismo en los últimos años. El esquema en el nuevo Senado estaría prácticamente definido: se conformará un trípode con el vicepresidente electo, Amado Boudou (quien será el nexo directo con el Ejecutivo); el hoy jefe de Gabinete y futuro presidente provisional del Senado, Aníbal Fernández, y el actual presidente del bloque Miguel Pichetto, quien se siente respaldado por Cristina Fernández para mantener el cargo durante los próximos años.

Por otra parte, la figura de Carlos Soria es todavía resistida en varios círculos del gobierno nacional y la presencia de una mayor cantidad de funcionarios ligados a La Cámpora en el próximo gobierno podría complicar el diálogo directo con la presidenta Fernández de Kirchner.

Tal como lo señaló en uno de sus últimos artículos el periodista Joaquín Morales Solá, “la lealtad ciega es la primera y casi excluyente virtud que les reclama a sus ministros y funcionarios la presidenta. La Cámpora es hija de esa tendencia a exigir una obediencia sin condiciones, y los ministros ignoran a veces hasta las políticas que ellos mismos administran para cumplir con este rito”.

También es cierto que Carlos Soria deberá lidiar con los técnicos del Valle contratados por el gobierno nacional, los que periódicamente envían los informes de la actividad directamente a los despachos de Economía y Agricultura de la Nación.

La relación de parte de la fruticultura con este grupo de técnicos nunca fue buena. Los empresarios protestaban en forma recurrente señalando que mantenían una posición poco crítica ante las políticas del gobierno nacional, lo que terminó por bloquear muchos de los reclamos que realizó el sector ante los funcionarios de las carteras de Economía y Agricultura. Dos de estos técnicos en su momento también tuvieron fuertes reparos a la candidatura de Carlos Soria por el Frente para la Victoria en Río Negro, alegando que no representaba el pensamiento del gobierno nacional.

Conclusiones

 

Los cambios que necesita la fruticultura deben apuntar a una mejora de la competitividad que hoy muestra el sistema.

Éste es un concepto que el senador Pichetto comprendía. Sin embargo, la actividad nunca pudo doblegar las continuas negativas de la Nación para hacer frente a este problema.

Esta conducta no es ajena a la lógica que se mueve en los círculos del poder kirchnerista. “Si el feroz lock-out realizado por el campo a partir de marzo del 2008 no pudo ganar la pulseada con el gobierno, ¿qué les hace pensar que una economía regional sí podrá hacerlo?”, se preguntó uno de los allegados al viceministro Feletti en conversación con “Río Negro”.

Entre las empresas exportadoras había expectativas en que el gobierno nacional desdoblara el tipo de cambio en procura de mejorar la competitividad de los sectores afectados por el modelo. Sin embargo eso fue rechazado de plano por la administración actual, primero por Marcó del Pont hace unos meses y luego por Roberto Feletti esta semana, durante una exposición en el Congreso.

Sin dudas será clave para la administración Soria contar con buenos referentes en el gobierno nacional para hacer entender los problemas de competitividad que está sufriendo la actividad.

Los nombres que hoy “suenan” para ocupar los ministerios de Economía y Agricultura no son, sin dudas, los que el gobierno provincial elegiría para comenzar con estas complicadas negociaciones.

javier lojo
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