29 de octubre de 2011 23:22 PM
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Ante la declinación ganadera

Recuperar el stock vacuno requiere que el Estado cese en sus intervenciones tan innecesarias como hostiles.

sintética y expresiva publicación de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap) da cuenta del estado de la ganadería vacuna, severamente afectada por una combinación de dos factores: por un lado, una sequía poco común, y por otro, una larga y corrosiva intervención estatal que terminó desatando una crisis también poco común.

En la errónea convicción de la existencia de grandes propietarios rurales morosos, reacios a asumir las ventajas de la tecnología moderna, se adoptaron los más variados instrumentos burocráticos que fueron minando las energías productivas de los ganaderos, tan distintos de ser esos poderosos empresarios imaginados por el poder político. Racionando exportaciones, prohibiéndolas, creando cuotas, obligando a las firmas exportadoras a vender parte de su producción al consumo interno con quebranto, controlando los precios y otros arbitrios se llegó a tal desaliento que hoy se cuenta con una ganadería reducida que, según estimaciones, estaría entre 8 y 10 millones de animales menos, y que Carbap estima en 12 millones.

En este contexto, la finalidad buscada de “defender la mesa de los argentinos”,?desacoplando el mercado interno del exterior, no puede haber sido más frustrante, ya que el consumo nacional se redujo de 63 kilos por habitante y por año a 50 kilos, con una impactante presión sobre los precios que la entidad pampeana puntualiza en el caso del asado, una pieza clásica del menú nacional, que creció de 7 pesos por kilo a 28 pesos. La exportación, por su parte, se redujo de 700 mil toneladas a sólo 290 mil. Todo ello redundó en la destrucción de la actividad industrial frigorífica y sus fuentes de empleo.

La declinación ganadera, expresada tan vivamente por Carbap respecto del consumo y los precios de las carnes, se está traduciendo en el inicio de un ciclo de recomposición de las existencias de ganado, que hoy se manifiesta con gran vigor en la reducción de la oferta de vientres, del orden del 50 por ciento respecto de la correspondiente al ciclo de liquidación antes referido. Este proceso virtuoso deberá continuar por largo tiempo, estimado en no menos de tres años más, para retornar al stock ganadero anterior al descalabro descrito. Eso deberá ser tenido en cuenta para evitar cualquier intento de repetir errores anteriores, so pena de un nuevo tropiezo que congelaría por muy largo tiempo la disponibilidad de la deseada composición de la dieta nacional y de la exportación.

Una conclusión que debería surgir de la nefasta experiencia vivida es tomar conciencia de que la ganadería está conformada por 210.000 productores que en gran proporción son empresarios pequeños y medianos, y en todo caso todos sin excepción están imbuidos de una gran vitalidad, puesta de manifiesto en numerosos ámbitos productivos a lo largo y lo ancho del país. Estimularlos en lugar de perseguirlos es el camino para procurar el bienestar general.

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